El escritor Sealtiel Alatriste. Foto: Paola García
El funcionario cultural Sealtiel Alatriste acude al mismo ardid que casi todo aquel autor pillado en la antigua costumbre del plagio: es decir, hace a un lado la lengua, el idioma que, se supone, debe ser su principal herramienta, y se parapeta en tecnicismos legales.
Alatriste niega ser plagiario porque, aclara, él no se plagió una obra entera, sólo copió una parte. Dice que no entrecomilló ni dio créditos, lo que tampoco implica incurrir en otras faltas que el derecho de autor considera y, por tanto, puede ser responsable de muchas cosas menos de fusil o refrito.
Después de renunciar a su cargo como titular de Difusión Cultural de la UNAM y hacer pasar un papelazo al rector José Narro, el ex jefe de la editorial Alfaguara en México hizo el famoso carrusel por los medios electrónicos, en los que fue arrinconado, con no poca razón, pero ni pestañeaba para aferrarse a que, de acuerdo con la ley, no es plagiario.
Basta revisar el Diccionario de la Real Academia Española, que debería ser la base principal para un escritor: en su primera acepción, plagiario es el que plagia, el que copia obras ajenas. Periodísticamente, pues, Guillermo Sheridan puede llamarlo así sin temor a equivocarse.
Pero el ardid de escudarse en vericuetos legales es tan antiguo como la propia tradición del fusil. Aquí se comentó hace años el caso de Alfredo Bryce Echenique, quien se vio envuelto en un entramado similar y salió airoso, no porque fuera falso que hubiera plagiado, sino porque su abogado logró comprobar que el refrito fue de revistas mexicanas y no peruanas.
La “defensa” de los autores que publicaron en Alfaguara durante la gestión de Alatriste, lealtad solamente acaso, fue el recurso del silencio. Pero el grupo de Letras Libres, combinado con las redes sociales, fue letal. Hay que recordar que Sheridan ya había expuesto por partida doble a Guadalupe Loaeza, cliente frecuente de Wikipedia hasta donde quedó documentado y quien, por supuesto, fue una de las pocas voces que se solidarizó públicamente con Sealtiel.
Mario Vargas Llosa ha dedicado charlas sobre el tema y en la última de ellas, en Ciudad Universitaria, su entrevistador fue el propio Sealtiel. El Nobel ha dicho que el germen de la creación es la imitación y que, en efecto, no hay temas nuevos, sino formas distintas y novedosas de narrarlos. Aquí hay que traer de vuelta aquella afirmación del pintor Fernando Botero, quien decía que salvo Giotto, ningún pintor puede llamarse original ni despojado de toda influencia.
Si la fórmula funciona para la literatura, sólo cabe una pertinente aclaración. Imitar es un verbo remoto respecto de copiar y plagiar.
Umberto Eco lo explica así: “Hay temas comunes a muchos autores porque llegan directamente de la realidad. Por ejemplo, me acuerdo de la cantidad de personas que aparecieron después de El nombre de la rosa con libros donde se quemaba una abadía, muchos de los cuales yo no había leído, y nadie tenía en cuenta que en la Edad Media el primer oficio de las abadías, como el de las catedrales, era quemarse”.
Y plantea sus linderos con Borges: “Que toda clasificación del universo lleva a construir un laberinto o un jardín de sendas que se bifurcan era una idea presente tanto en Leibniz como en el discurso de introducción a la Encyclopédie de Diderot y D’Alembert. Estas son probablemente también las fuentes de Borges (...) Con todo, los laberintos borgesianos han hecho cuajar, para mí, muchas referencias al laberinto que había encontrado en distintos lugares, tanto que me he preguntado si habría podido escribir El nombre de la rosa sin Borges”.
Debió alarmar no sólo al rector Narro, sino a los mandos de Alfaguara, no sólo enterarse del plagio que cometió Alatriste, sino su explicación, una vez que renunció a la UNAM y al Premio Xavier Villaurrutia. Con ese argumento de que no se fusiló una obra, según dice, sino que sólo copió fragmentos, surge la duda de forma inevitable: ¿cuántos estudiantes universitarios habrán reprobado, con razón, por recurrir a Wikipedia mientras el jefe de Difusión Cultural de la institución guardaba su secreto refritero?
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