Una función del arte es legar
un ilusorio ayer a la memoria de
los hombres.
JLB
Ilustración: Mario Fuantos
Qué raro que la gente crea que las mayores inteligencias pertenecen a literatos. La literatura es un entretenimiento que corresponde a convenciones, del que un día la humanidad se cansará.
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La admiración por los escritores tiene que pasar… no puede seguir este error de tomar a los escritores por la gente más inteligente.
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Los escritores han hecho creer al mundo que ellos son los verdaderos intelectuales, pero la mayoría de ellos carece de vínculos con el intelecto.
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Hay más literatura de la que el mundo necesita. ¿Por qué estimular ese exceso? Buenas remuneraciones estimulan la mala literatura.
Yo no tengo obra, lo mío es un conjunto de textos dispersos.
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Antes los escritores escribían contra la tradición para luego reencontrarse con ella. Ahora escriben para figurar en la historia de la literatura.
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Hay escritores cuyo único título de gloria es pertenecer a una generación o “promoción”, como ahora dicen.
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La idea de generación es más apta para recordar la clase del servicio militar que para el juicio estético.
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Realismo se denomina lo cruel, lo lúbrico y lo escatológico. ¿En qué realidad viven ustedes, señores? En la mía no ocurren esas cosas.
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Habrá que averiguar cuándo empezó en las artes la exaltación de lo canallesco.
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Creen que la literatura consiste en sustituciones de palabras. ¿Por qué no prefieren el camino natural de pensar las cosas?
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La hipérbole es una forma de la indiferencia: porque no se puede o no se quiere entrar a los detalles se recurre a superlativos.
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Echa mano de palabras como estupendo, tremendo, que revelan la desesperación de quien ha perdido toda esperanza de expresarse con precisión.
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Las frases largas resultan de la incapacidad de los autores de concluirlas.
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Sobre el humor con retruécanos: A mí ese humor me parece muy pobre… se basa en las casualidades de cada idioma… no me gusta.
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Los exegetas de la cultura popular la exaltan igual que a la literatura porque la ven como fenómeno similar.
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La abundancia de artistas gráficos es abundancia del deseo de ser genio sin estudiar. Sus cuadros valen más explicados que vistos.
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Escribir greguerías es una pésima costumbre para el intelecto… una mente así ocupada acaba entusiasmada con Perón y con Franco.
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Hay que evitar que las formas del idioma dirijan el pensamiento porque muestran al autor presa de mecanismos.
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En un estilo abstracto hay que ser prudente con las metáforas porque se notan excesivamente.
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Entienden por estilo no la eficacia o la ineficacia de una página, sino las habilidades aparentes del escritor.
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Buscan tecniquerías que les informen si lo escrito tiene o no el derecho de agradarles.
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Oyeron que la concisión es una virtud y tienen por conciso a quien se demore en diez frases breves y no a quien maneje una larga.
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Oyeron que la cercana repetición de unas sílabas es cacofónica y simularán que en prosa les duele, aunque en verso simulen que les guste.
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Escribe muy buenos títulos, lo malo es que se obstina en añadirles libros.
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La ética de Sócrates es superior a la de los héroes homéricos, bravucones de patota.
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La frase de Ortega: “La claridad es la cortesía del filósofo” es condescendiente; supone que la filosofía ha de ser oscura.
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A la gente le gusta imaginar personas astutas y complejas, refinados Maquiavelos… Todo Maquiavelo ha de ser un idiota.
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Está bien que Dickens haya descubierto esa especie de candidez dispuesta a creer siempre en el mal.
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Más vale estar dignamente triste que alegre por idioteces.
Para las ofensas, la mejor arma es el olvido. En el olvido coinciden el perdón y la venganza.
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No se apiada de nadie, pero siempre está compadeciéndose de sí misma.
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Los chicos son crueles porque no pueden ponerse en el lugar del otro. Toda crueldad ha de provenir de la falta de imaginación.
