La Camerata de Coahuila entonó la Serenata Haffner compuesta por Mozart en 1776 y Tatul Yeghiazaryán tuvo una destacada participación.
Torreón.- Mozart es emocionante desde niño prodigio hasta su réquiem, la Camerata de Coahuila lo sabe muy bien y su admiración por el genio de Salzburgo les llevó a intentar plasmar esa emoción del compositor en cada una de sus interpetaciones en el Teatro Nazas. Eso pasó anoche al ofrecer en su cuarto concierto de temporada la “Serenata No. 7 para orquesta en Re Mayor Haffner” K. 250.
El maestro Ramón Shade condujo a su orquesta por los movimientos de la Serenade para las fiestas prenupciales de la señorita Elisabeth Haffner y el señor Xavier Spath, el concertino Tatul Yaghiazaryán lo siguió en esa aventura cotidiana, que es la creación de música a partir de partituras que trascienden el mero espectáculo clásico.
El público agradeció el trabajo de todos los músicos y aplaudió para hacer salir a su director al final y despedir la noche con un regalo más.
El ambiente festivo de la serenata se contagió a los músicos que respondieron a la llamada de Mozart para el banquete artístico, lo mismo que el concertino, las flautas, los oboes, las trompetas y las cuerdas se sumaron al ambiente de festejo y trasladaron al público al Salzburgo del siglo XVIII.
Wolfgang Amadeus Mozart compuso esta partitura para una fiesta nupcial, pieza que cumple con los requisitos formales de la serenade:
fiesta, aire libre, tarde con buen clima, sus amigos y clientes de la alta sociedad de Salzburgo, están contentos, muchos músicos lo estarán más los siguientes 200 años porque les permitirá lucirse gracias al genio de Mozart y a la belleza implícita en una serenade que le da todas las herramientas técnicas y artísticas al músico para triunfar.
Las marchas que inician y cierran la pieza, los movimientos que llevan al espectador por una vereda en el bosque donde todo está bien equilibrado y la esencia misma de la música de Mozart: el divertimento estético.
Por ello, los integrantes de la orquesta agradecen que haya existido este músico que está en la frontera del barroco y que según los expertos comienza su casmino hacia la cumbre de la madurez con esta hermosa serenade, la cual transporta al público a la fiesta popular llena de imágenes, hacia la belleza, la naturaleza, la fiesta como suceso social, la persecución del momento espléndido que puede no volver a repetirse.
Entonces, La Serenata No. 7 para Orquesta en Re Mayor de Mozart, es una buena oportunidad para brindar por la música del periodo clásico y pedir muchas otras más para que las interprete la Camerata de Coahuila.
Paola Carrillo describe en el programa a la serenade, desde el inicio con una majestuosa introducción, unida a un rápido Allegro en forma de Sonata, con un primer tema presentado por los oboes, fagotes y cuerdas, que posteriormente desarrollan el segundo tema.
Los siguientes tres movimientos, Andante, Menueto 1 y Rondó, son en sí m,ismos un concierto para violín intercalado dentro de la composición.
En el Menueto galante reaparecen los oboes y las trompetas, mientras que el trío está copnfiado sólo a las cuerdas.
A continuación se presenta un Andante en la tonalida de La Mayor. El último de los tres Minuetos está orquestado para flautas, cronos, trompetas y cuerdas, el trío presenta un solo para flauta y fagot.
Las flautas reemplazan a los oboes en el Adagio Assai con que cierra la serenata.
Al final de la noche, el maestro Shade pidió a las flautas, Juan Manuel Rosales y Katherine Calvey, a los oboes, Ioseb Gamilagdishvili y Enrique Trujillo, así como a los fagotes, Vetsislav Rumenov Spirov y Konstantin Melik-vrtanesyan, que agradecieran el aplauso del público.
Mozart se merece y todos los homenajes de la Camerata, pues es uno de los grandes de todos los tiempos.
Claves
Noche espléndida
Una excelente entrada se registró anoche el Teatro Nazas, pues los laguneros se dieron cita para disfrutar de la Camerata interpretar de nuevo al gran Mozart.
La Serenade “Haffner” emocionó tanto a los asistentes que los aplausos para la Camerata y su concertino no cesaban al finalizar el recital.
Ante la efusividad del público, el maestro Ramón Shade pidió a sus músicos principales que agradecieran el reconocimiento del público con el resonar de un fragmento de esta magnífica obra
Ángel Reyna
