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Lunes , 10.12.2018 / 07:00 Hoy

Voy a estar a la altura... primero muerto que traicionarlos: AMLO

Crónica / Cuarta transformación

Ahora sí con la Banda Presidencial constitucional, Andrés Manuel López Obrador regresó al Zócalo a festejar ante miles, a quienes expuso 100 acciones de gobierno; antes participó en un ritual indígena de purificación.
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Doce años después, Andrés Manuel López Obrador volvió al Zócalo de Ciudad de México. Ahora como Presidente constitucional. Este 1 de diciembre de 2018, en su pecho portaba la Banda del rito constitucional, la que le pasó Enrique Peña Nieto y le entregó Porfirio Muñoz Ledo.

Cuatro mil 390 días tuvieron que pasar desde que aquella vez en que Claudia Sheinbaum y Rosario Ibarra de Piedra lo invistieron con la banda “legítima” en un púlpito de utilería.

Ahora sí se arropó con la banda presidencial, la del rito constitucional, entregada no en un Zócalo de fieles e incondicionales, sino en el Congreso de la Unión. El Andrés Manuel López Obrador que mandó a sus opositores “al diablo con sus instituciones” se acabó hoy. Este sábado, en el Zócalo nació el López Obrador Presidente garante de las instituciones.

Desde temprano, el Zócalo fue limpiado literal y energéticamente. Trabajadores de limpieza del gobierno de Ciudad de México madrugaron para dejar impecable el lugar. También durante el amanecer “donde las energías están en su punto por el nuevo día”, un grupo de mujeres representantes de las 35 etnias indígenas del país purificaron Palacio Nacional “de las malas vibras y espíritus que hayan dejado”.

Extendieron su trabajo hasta el primer cuadro de la ciudad y el escenario donde se llevó a cabo el llamado AMLO Fest.

Al sur de la capital, en la alcaldía de Tlalpan, en medio de un tumulto de simpatizantes, López Obrador salió de su domicilio en Cuitláhuac 90, a las 10:24 de la mañana para abordar su Jetta blanco e ir rumbo al Congreso de la Unión, donde rindió protesta como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Durante su recorrido por calzada de Tlalpan, y en compañía de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, muchos de sus correligionarios le gritaban: "¡Presidente!", mientras que otros buscaban tomarle una foto con su teléfono móvil.

Lo mismo ocurrió cuando su chofer tomó Viaducto Piedad, pero en este caso fueron los automovilistas quienes lo saludaron.

En la avenida Congreso de la Unión, López Obrador siguió recibiendo parabienes hasta arribar a la Cámara de Diputados.

Mientras que en el Zócalo los que hasta este viernes integraban el Estado Mayor Presidencial estaban descoordinados, no hicieron sus tradicionales cinturones de seguridad con arcos detectores de metal, no revisaban con qué ingresaban los presentes. No. Solo se limitaron a recorrer la Plaza de la Constitución y limitar el acceso en la periferia de Palacio Nacional.

Los asistentes se arremolinaron a las vallas metálicas para ver la entrada de los jefes de Estado por la puerta principal de Palacio Nacional. El más vitoreado fue el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien hasta se dio el lujo de agradecer la ovación.

A la 1:30 de la tarde, López Obrador descendió de su Jetta blanco. Se acomodó la Banda Presidencial, avanzó unos metros con las manos en alto y se acercó a quienes lo aclamaban. Antes de entrar paró y volvió a agradecer a sus fieles: “Voy a estar a la altura de este gran pueblo de México”.

El mandatario comió con sus invitados, mientras afuera había unas 100 mil personas.

Al salir rumbo al templete, lo esperaban ya representantes de los pueblos originarios de México, quienes lo “purificaron” y le entregaron el bastón de mando de estas etnias, con lo que se convirtió en el primer presidente en recibir esta distinción.

Luego por fin logró dar su primer su discurso como presidente de México. Se dio su tiempo para prometer 100 acciones a la nación. Una hora y 40 minutos dedicó y sus seguidores, aunque se aburrían, aplaudían cuando mencionaba que no habría nuevos impuestos, que la gasolina bajaría en tres años o cuando hablaba de quitar los privilegios de la clase política.

Prometió que “no habrá divorcio entre pueblo y gobierno... les reitero el compromiso de no fallarles. Primero muerto que traicionarlos”.

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