Preocupa a los españoles aumento de ataques a gays

En lo que va del año van 52 casos de agresiones contra jóvenes, afirman colectivos LGTB.
Los matrimonios entre homosexuales son legales en ese país desde 2005.
Los matrimonios entre homosexuales son legales en ese país desde 2005. (AFP)

Madrid

Los corretearon durante cinco minutos por el centro de Madrid al grito de ¡Viva España!, ¡fuera maricones de mierda! A los pocos minutos Luis perdió el conocimiento después de que uno de los empujones lo hiciera caer. Enseguida vinieron los puñetazos y patadas. Todo esto ante su pareja (Paco), que se cansó de gritar y pedir ayuda a cientos de personas que transitaban por la Gran Vía a las dos de la madrugada.

Esta avenida es la más emblemática de España, sitio de juerguistas, turistas, prostitutas, carteristas y de trasnochados, que tras salir de alguna de las calles de Fuencarral o Chueca, el barrio gay de la capital española, buscan seguir la fiesta o también intentar tomar un autobús o taxi.

Madrid está sufriendo un gran incremento de las agresiones homófobas desde que comenzó el año. Según la organización Arcópoli, se han registrado 52 ataques desde enero, lo que supone que de media ocurra uno cada poco más de dos días. No todos ellos han terminado en una denuncia en comisaría. Esta asociación de defensa de los colectivos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) ha pedido medidas urgentes para erradicarlo.

La delegación del Gobierno en Madrid y la Fiscalía de Madrid aseguran que están luchando con todas las herramientas que están a su alcance en un país en el que las uniones entre parejas del mismo sexo son legales desde 2005.

Chueca sigue siendo el barrio gay más famoso y visitado de Europa. Está lleno de terrazas, restaurantes, sex shops y tiendas de moda. Las juergas nocturnas han hecho, además, que los vecinos de toda la vida —en su mayoría de la tercera edad— se quejen de la suciedad y el ruido en la zona en la que también son famosas los saunas gays, sitios para ligar en pareja o de forma individual.

Sin embargo, el peligro de la comunidad gay al salir de Chueca, donde prácticamente todo está permitido, es tal que muchos se lo están pensando ya dos veces para acudir debido a grupos de jóvenes, muchos de extrema derecha, que se dedican a agredirlos con total impunidad.

Madrid es, con diferencia, la que registra el mayor número de agresiones de este tipo. El porcentaje más alto se da en el barrio de Chueca o en los alrededores, como Callao, Cibeles, Colón o Alonso Martínez, según los datos recogidos por el vocal de delitos de odio de Arcópoli, Rubén López.

"Las parejas gays, en su mayoría hombres, van por esta zona de la mano o se besan al salir, sin darse cuenta de que ya no están en una zona segura", reconoce López. Los fines de semana, festivos y los días previos a estos es cuando se producen más ataques.

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Paco no olvida la noche de la agresión, fue en febrero y tardó varios días en denunciarlo. "Lo que más me jodió fue la insensibilidad de la gente, era madrugada pero todos saben que la Gran Vía a esa hora está llena de gente como si fuera mediodía. Las personas pasaban y miraban la golpiza que nos daba el grupillo y nadie hizo nada por detenerlos", recuerda.

Es más, narra que cuando se lo contó a los policías que pasaban por ahí la única ayuda que recibieron fue "invitarlos" a ir a comisaría para denunciar.

A Luis le rompieron la nariz y a su pareja —dice— "a mí el alma, por el palo moral. Ojalá me hubiesen partido la cara, lo hubiese preferido".

Otros blancos de agresión en los alrededores de Chueca son los transexuales. Es el caso de Pamela, que sufrió una agresión el 5 de marzo frente a la madrileña iglesia de San Antón, donde hacía cola para recibir un bocadillo (torta), porque está desempleada. Un grupo de cuatro hombres comenzó a mirarla fijamente mientras se reían y la insultaban.

"Maricón, que te gusta chuparla", le decían. "Uno de ellos se abalanzó sobre mí y comenzó a darme patadas, otro me agarró del cuello", cuenta.

Pamela tiene miedo. Sobre todo porque la agresión que sufrió no se quedó ahí. "Un día después volví y se acercó un hombre que me dijo 'como les pase algo a mis amigos te mato'".

El perfil de la víctima es: hombre menor de 30 años que tiene problemas una vez que se aleja del barrio de Chueca, su "zona de protección", especialmente los fines de semana y ya de madrugada. Y este retrato explica, en parte, por qué no se denuncia.

"Que nadie se engañe. Hay mucha gente que sigue estando en el armario. Jóvenes que viven con sus padres y tienen miedo". No es la única traba, en palabras de Rubén López. También al día de hoy, dice, "sigue existiendo la vergüenza de revelar a un policía que te han pegado por ser maricón", sin olvidar, añade, que cuando uno es víctima de una agresión no se lo cuenta a casi nadie, "lo único que quiere es olvidarlo".

Por todo esto, Arcópoli lucha para concienciar en la necesidad de denunciar cualquier "incidencia homofóbica" y ha dado pasos para invertir esta tendencia con el apoyo de la policía —tiene designado a José Ramón Murillo como el comisario interlocutor con los colectivos LGTB— y las instituciones.

Sin embargo, no son mayoría los que denuncian. Algo que preocupa, y mucho, a Arcópoli, que asegura que solo 20 por ciento de las víctimas lo hacen, una cifra muy similar a la que maneja la Federación de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales.

Este colectivo destacó también que fue febrero cuando se produjo el primer ataque a una pareja de lesbianas. Las chicas denunciaron también a Arcópoli que iban camino al barrio de Malasaña (centro de Madrid), cuando un individuo las empezó a hostigar y a decirles "venid aquí, ya veréis como dejáis de jugar a ser bolleras". Ellas tampoco presentaron denuncia ante la policía. Les pudo la vergüenza.