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Cuando vendía champú y tortas quería ser futbolista o gobernador: Miguel Ángel Osorio Chong

Entrevista

El senador priista, aficionado a Cruz Azul y Pachuca, a los tlacoyos, tacos y las enchiladas, reconoce los momentos difíciles con el IPN, El Chapo y Ayotzinapa.
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De niño quería ser futbolista o gobernador. Empezó vendiendo champú, contando coches para evaluar vialidades y, de vuelta al comercio, ofrecía tortas en el estadio. El hoy coordinador de los senadores del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong, ya fue mandatario de Hidalgo y secretario de Gobernación.

En charla para el Lado B de MILENIO, revela que el momento más difícil en lo personal fue la muerte de su padre y en lo laboral las protestas de estudiantes del IPN, los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa y la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán.

Hijo de una secretaria y un archivista del Instituto Mexicano del Seguro Social, Osorio tiene cuatro hermanos que también han laborado en esa institución y solo él se fue por la política.

Desde niño fue aficionado al Cruz Azul, pero se decidió por el Pachuca, porque lo veía de cerca y no solo por televisión. Es fanático también de los tlacoyos, las enchiladas y de dos taquerías emblemáticas de la capital: El Borrego Viudo y El Califa de León.

¿Cuál fue su primer trabajo?

Vendía champú. Tenía un tío y quería ser como él, exitoso, y me dijo “sí, te ayudo con todo gusto”. Me dio una caja de champú: “Esta te la regalo, con lo que ganes de esta caja te compras otra y vas a ver que así vas a salir adelante mientras terminas tu carrera, mientras te preparas”. 

¿De cuánto fue su primer salario?

No recuerdo, pero fue muy poquito. Vender champú fue un trabajo informal. Mi segundo empleo, primero formal, fue como a los 16 años y ayudaba a contar autos para determinar la circulación de las calles, ocho horas al día.

¿Mientras estudiaba tuvo otro empleo?

Veía que había venta de alimentos en el estadio Revolución, normales. Y decía: “¿por qué no venden una buena torta, un buen sándwich?”. Entonces pedí permiso y empecé a vender las tortas, me ayudaba mi mamá.

¿De dónde nace su afición al futbol?

Desde muy pequeño, con el Cruz Azul. Siempre hice deporte. Me distinguía en la primaria y en secundaria jugué básquet, volibol y futbol. Estuve en la escolta y en la banda de guerra. Mis ídolos eran El Supermán Miguel Marín y otro portero, Miguel Calero. Increíblemente los dos tienen una afectación al corazón y pierden la vida muy jóvenes. Como gobernador, con quien bromeaba siempre y ahora es consentido es El Chucky Hirving Lozano, a quien vi desde chiquito en Pachuca.

¿De niño se imaginó que se iba a dedicar a la política?

Yo soy como millones de niñas y de niños. Desde que iba en la secundaria yo sí quería ser deportista, futbolista y gobernador de mi estado.

¿Cómo un ex gobernador y ex secretario de Gobernación vuelve a hacer su vida normal?

Nunca la cambié. Los pocos ratos que tenía, en las madrugadas, les consta a los muchos que me vieron, salía mi afición a los tacos, visité muchísimas taquerías y ahí me vio la gente solo. En la esquina de Segob, a cuadra y media, u otras donde me veían dos, tres, cuatro de la mañana.

¿Cuál es su taquería favorita?

El Borrego Viudo. Yo me bajaba y ahí sobre la microbarrita comía. Otros adonde iba Luis Donaldo Colosio, El Califa de León, en San Cosme, casi para llegar a Insurgentes. Es un local que mide 5 metros por 3, que no hay mesas, que solo está la parrilla, hacen la tortilla en máquina, y hay una pequeña barra donde caben tres platos, o sea, si hay más de tres estamos sobre la calle. He ido ahí por muchos años, venía de Pachuca a comer esos tacos de bistec, gaonera y costilla. Hacen salsa morita y verde y son riquísimos, exquisitos.

¿Pensé que los pastes era su comida favorita?

Mi comida favorita es muy hidalguense, son los tlacoyos, que es masa con frijoles llenos de salsa, a los que les pones cebolla, rábano, cilantro, crema y pollo. Una tulancingueña, que no nacen en Tulancingo, que es una tortilla a la que le pones jamón, cebolla, chile chipotle, jitomate, crema y frita. Las enchiladas, bueno, yo muero. Cuando puedo como barbacoa, jabalí y unos pastes.

¿Cuál ha sido el momento más difícil que le tocó vivir?

En la vida personal la muerte de mi papá. Fue inesperada, estaba yo muy joven y por supuesto sí me marcó. En término profesional, son muchos. De las responsabilidades que he tenido, en todas surgieron problemas fuertes, como las protestas de estudiantes del IPN, cuando se escapó El Chapo Guzmán, crisis que fueron nacionales o internacionales, desgracias y cosas que lamento que puedan pasar en mi país, como los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa. Yo era funcionario y tenía que entrarle con toda decisión. 

¿Qué libro lo marcó?

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, es verdaderamente excepcional.

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