Asume Manlio dirigencia del PRI y “ya huele a 2018”

Ha dicho que será el árbitro del PRI para elegir a sus candidatos en las elecciones de 2016 y 2017, pero llegado el momento decidirá si es precandidato presidencial.
Gobernadores y miembros del gabinete presidencial arroparon al nuevo dirigente.
Gobernadores y miembros del gabinete presidencial arroparon al nuevo dirigente. (Javier Ríos)

México

Así, sin vacilaciones, sin confusiones, sin hacerse bolas, como dijera uno de sus próceres (Carlos Salinas de Gortari, en 1994), el viejo priista, poseedor de un valioso gafete VIP que ostentaba para desplazarse a lo largo de todos los pasillos palaciegos, pasaba los numerosos filtros de metal colocados en el edificio de Insurgentes Norte, se detenía a sorber un café junto a la explanada del patio central, al pie de la estatua de Plutarco Elías Calles, y señalaba:

—¿Percibe? Ya huele. Con su llegada al poder, con la toma del partido del Señor (enfatizada la mayúscula militante, disciplinada), ya huele a 2018 —sonreía socarronamente.

Eran los momentos previos a la trigésima cuarta sesión extraordinaria y a la asamblea de consejeros políticos nacionales del PRI realizada ayer en el auditorio de la sede nacional de ese partido. Era la toma de protesta de la nueva dirigencia, la que bajo tres frases inscritas en una enorme cartulina ("Integrar, transformar, evolucionar"), se hacia del control partidista de aquí hasta 2019.

Era la unción de Manlio Fabio Beltrones. El hombre del momento. El hombre que ha dicho que él será árbitro del PRI para elegir a sus candidatos a puestos populares en 2016 y 2017, pero que llegado el momento, ya decidirá si es precandidato presidencial para 2018.

Pero hoy, aquí, entre la base priista, esa eventualidad es un hecho: Beltrones será uno de los tapados de la baraja que tendrá el Presidente de la República. "Como pasó con Roberto Madrazo en el 2006", recuerda el viejo priista. Por eso, con él al frente del PRI, ya huele a 2018. En los corrillos del priismo que acude a su asunción, no hay duda: este es su primer acto de precampaña.

Y por eso, para no quedarse fuera de la foto, como marcan los ritos del priismo, otro de los aspirantes presidenciales se daba cita en el lugar: el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien llegaba y obtenía lugar en primera fila, pero en un sitio más esquinado que Aurelio Nuño, el hombre de Enrique Peña Nieto, que se sentaba al lado de Beltrones y de su compañera de fórmula, Carolina Monroy del Mazo. Al otro lado, a la izquierda del nuevo líder del PRI, quedaba Pedro Joaquín Coldwell.

Y como en el priismo la forma es fondo, ahí quedaba la imagen del apoyo mutuo entre el Presidente y Beltrones con la presencia a su lado de Nuño.

El otro hombre que quiere ocupar la residencia oficial de Los Pinos, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, nunca llegó.

Quienes sí estaban eran otros miembros del gobierno: el canciller José Antonio Meade; el ex procurador Jesús Murillo Karam; José Antonio González Anaya, (IMSS), Emilio Lozoya, (PEMEX); Gerardo Ruiz Esparza, (SCT); Mercedes Juan (Salud), y Alfonso Navarrete, (Trabajo).

Y casi todos los gobernadores priistas: del Estado de México, Jalisco, Yucatán, Chihuahua, Nuevo León, hasta 16, salvo el muy polémico de Veracruz, Javier Duarte.

Pero lo que querían ver los priistas hoy era a su nuevo tlatoani partidista, al que ingresó a su partido a los 16 años para conseguir a lo largo del tiempo ocupar todos los puestos que un priista anhela: diputado, senador y gobernador. Solo le faltaba lo de hoy: ser líder nacional. Y lo de 2018.

Por lo pronto las llamadas fuerzas vivas del priismo, los hombres y mujeres de sus sectores (campesino, obrero, popular, juvenil), una mezcla de jóvenes, maduros y viejos, todos uniformados con corbata roja (salvo Beltrones, que curiosamente llevaba una verde) querían aplaudirle a rabiar a su nuevo guía. Querían vitorearlo cuando dijera cosas como estas:

—Que la oposición, cuando ocupó la Presidencia, no estuvo a la altura. Que fueron años estériles.

—Que el PRI, su PRI, será un partido de lealtad al Presidente.

—Que al Presidente, con su partido, con el PRI de Beltrones, le va a ir bien. Y al partido también. Y a México...

Lo ovacionaron. Al hombre que justamente por disciplinado merecía ya estar en la cúspide del PRI, como había dicho minutos antes su antecesor César Camacho:

"Su lealtad lo ha hecho merecedor".

Aplausos y ovación de casi dos minutos para Beltrones por su lealtad al Presidente de la República que lo ungió para dirigir el partido de ambos.

"Somos la envidia de los demás: concordia, disciplina, espíritu de cuerpo...", presumía Camacho.

Manlio Fabio Beltrones sonreía ampliamente. Complacido porque hoy, con él ahí, en el PRI, ya huele a 2018.