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“Soy un abuelo buena onda que gusta tanto de Mozart como de ‘Juanga”

ENTREVISTA | Napoleón Gómez Urrutia

Aficionado de los Sultanes de Monterrey, el líder minero, hoy senador por Morena, niega haberse sometido a cirugías y aclara que el frío de Canadá, donde vivió12 años, lo mantuvo joven.
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Durante varios años jugó en los llanos de la vieja Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, donde nació y creció. Su destino estaba marcado desde aquellos años de infancia con el nombre del equipo de beisbol en que militaba, Los Mineros, y aunque ya no practica ese deporte, la afición pervive, heredada de su padre: él es Napoleón Gómez Urrutia.

El líder minero, hoy senador por Morena, conversa con MILENIO sobre su niñez y sus estudios, siempre en escuelas públicas. Es licenciado en Economía por la UNAM, donde se graduó con mención honorífica, y fue becado en Oxford, Inglaterra, donde cursó una maestría y un doctorado.

Platica que sus nietos lo llaman Tito de cariño y confiesa que, como “protección”, utiliza en la mano derecha una pulsera de hilo café con una imagen de San Benito, regalo de un amigo abogado. Asegura que nunca se ha hecho cirugías y que el frío de Canadá, donde vivió 12 años, lo mantuvo joven.

¿Quién es Napoleón Gómez Urrutia cuando no es senador?
Soy una persona común y corriente. Soy un mexicano preocupado por su país, por la desigualdad y la pobreza, queriendo ayudar a la transformación.

¿Cómo fue su niñez?
Me gustaba jugar beisbol. En 1956 se fundó la liga en Monterrey. Solo eran cuatro equipos y yo estaba en Los Mineros, fuimos campeones. Los hijos de los trabajadores íbamos a jugar ahí. Nosotros hacíamos nuestras pelotas. Conseguíamos hule para bicicletas, lo poníamos al centro y luego íbamos con las costureras... de los árboles cortábamos y hacíamos nuestros bats y jugábamos a mano limpia en las calles y los llanos.

¿Ya no juega?
No, pero me gusta mucho. Lo sigo. Si me invitan a jugar, pues probablemente sí lo haga. En el pueblo en que nació mi padre (Napoleón Gómez Sada), San Juan, fue el primer partido que se jugó en México.

¿Su equipo favorito?
Los Sultanes de Monterrey. Son los campeones y me acaban de regalar un jersey firmado por todos los jugadores.

¿Qué libro debemos leer los mexicanos?
Historia Mínima de México, de Daniel Cosío Villegas, es básico.

¿Qué música escucha?
Generalmente música clásica, me relaja. Tengo toda la colección de las sinfonías de Beethoven, Mozart y Vivaldi. Me gusta la música coral, cantos gregorianos, la trova cubana: Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Me gustaba mucho Juan Gabriel, lo vi en varios shows. Vicente y Alejandro Fernández en palenques.

¿Apostaba a los gallos?
No… bueno, tal vez de vez en cuando me animé.

La primera vez que visitó una mina, ¿que edad tenía?
15 años. Acompañé a mi papá a una gira de trabajo por Real del Monte. Me impresionaba el trabajo que hacían a 900 metros de profundidad. Sentí una solidaridad enorme hacia el trabajo tan rudo, es una de las actividades de más alto riesgo.

¿Antes de ser líder minero a qué se dedicaba?
Fui profesor en el Tecnológico de Monterrey, en la Universidad de Nuevo León y en la UNAM; director de la Casa de Moneda 12 años, director de la compañía minera Autlán, director de planeación y desarrollo de Sedermex. Profesionalmente conocía la siderúrgica y la minería.

¿Su padre le heredó la dirigencia del sindicato?
Mi papá se oponía. Fue una coyuntura que se dio. Se tenía que heredar por enfermedad. Había dos grupos que se lideraban la continuidad, pero los trabajadores les tenían desconfianza. Yo era asesor honorario de mineros y me pidieron que me quedara de forma interina. Mi padre me decía: “la vida sindical es muy dura, está llena de traiciones, amenazas, riesgos y ataques”. Yo iba de transición temporal y me quedé ahí.


¿Tenía razón su papá?
Toda la razón del mundo. El medio sindical está lleno de traiciones, de amenazas, de corrupción; de empresas que se alían con gobiernos para destruir organizaciones democráticas. Difaman, calumnian y criminalizan la lucha sindical.

¿Va a heredar la dirigencia del sindicato?
Recuerdo mucho las palabras de mi padre. Yo preferiría que no, y creo que a ellos no les gustaría después de lo que vivieron en carne propia.

¿Cómo era su relación con sus padres?
Siempre fue muy buena. Somos cinco hijos, yo soy el cuarto. Dos mujeres son las mayores. Hace dos años murió mi hermana, la segunda. Ahora el tiempo se lo dedico a mi esposa, a mis hijos y mis nietos.

¿Es abuelo consentidor?
Muy buena onda, padrísimo. Es la mejor posición, porque no tengo la responsabilidad de educarlos, pero sí de guiarlos, consentirlos y apapacharlos. Son cinco, dos niñas y tres niños. Y tengo tres hijos.

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