La ruptura se queda en el aire

La comitiva con Ernesto a la cabeza y buena parte del gabinete calderonista reconoció una derrota contundente.
Una mujer sale de la casilla tras emitir su voto.
Una mujer sale de la casilla tras emitir su voto. (Héctor Téllez)

Ciudad de México

¿Van a la ruptura, se rompe el PAN? —se le preguntó a Max Cortázar, ex vocero del presidente Felipe Calderón. Encabezaba la comitiva en la que Ernesto Cordero y buena parte del gabinete calderonista se dirigía hacia el templete para reconocer una derrota tan contundente que se le pueden poner muchos otros adjetivos, ninguno de ellos referentes a la mesura.

Eran tantos los ex que la noche del domingo bajaban por las escaleras de la casa de campaña de Cordero que parecía un encuentro de generación, como si viejos compañeros hubieran decidido reunirse a intercambiar anécdotas del pasado.

Bajaban con esa clase de rostro adusto que solo da el desastre. Venía Abelardo Escobar, ex secretario de la Reforma Agraria; Roberto Gil, ex secretario particular de Calderón; César Nava, ex presidente del PAN y niño dorado del calderonato; Javier Lozano, ex titular del Trabajo; Ana Tere Aranda, ex presidenta del DIF. Atrás, en el segundo piso, quedaban Aitza Aguilar, eterna secretaria privada del ex mandatario. También Juan Ignacio Zavala y otros ex funcionarios que en el sexenio pasado hicieron sus rondas en oficinas de Los Pinos como Giras, Cepropie y Atención Ciudadana. A nadie hubiera sorprendido que el mismísimo Calderón descendiera por esos escalones. Y es que en esencia, personalidades, lealtades e ideología lo estaban haciendo. El fracaso más duro del calderonismo no necesitó de la presencia de su líder para consumarse.

Tocó a Cortázar abrir paso a esta marcha de la derrota, en medio de porras y aplausos del equipo de campaña; se trataba de mantener el ánimo en un nuevo tropiezo para el grupo compacto que llegó a controlar los destinos el partido con puño de hierro durante seis años. Se le insistió en la pregunta.

—¿Se rompen?

—Eso, depende de lo que diga en su discurso Madero.

(Al otro lado de la tan panista colonia del Valle, Madero se dio por enterado y prometió unidad en el partido).

En eso se resume hoy el estado de cosas en el PAN. En que la tan temida fractura queda en pausa. En que sanar al panismo queda en manos de Gustavo Madero, a quien ayer en apariencia el calderonismo le tendió la mano y la bandera blanca. A cambio de algo, por supuesto: quienes conocen el partido anticipan largas negociaciones en los días venideros.

Ya en el templete, Cordero se encargó de enviar un mensaje que si bien no pone fin a las hostilidades, si deja la bola en la cancha de Madero para que él decida cómo desactivar el riesgo de fractura que ha perseguido al panismo a lo largo de los últimos meses, incluso, desde antes de que perdieran la Presidencia de la República.

“La generosidad en la victoria honra”, deslizó el ex secretario de Hacienda, en un segundo discurso de fracaso personal que mucho trabajo le costó pronunciar.

“La unidad es responsabilidad de todos. Pero la convocatoria debe venir de la dirigencia”.

***

Por la tarde, el riesgo de ruptura era tan inminente, tan real, tan palpable, que podía intuirse en el aire, lo mismo que la mano de Felipe Calderón en sus preparativos.

—Vienen muy ultras. Están amenazando con irse —dijo un viejo operador panista vinculado a Madero. En el CEN había quienes ya apretaban los dientes para el encontronazo.

El talante de Cordero hacía que pareciera inevitable que la elección del presidente nacional del PAN terminaría en la cuarta fractura del blanquiazul en su larga historia.

“¿Yo a qué voy a ir al CEN?”, preguntó molesto a las 6 de la tarde, cuando los resultados aún no se sabían, pero ya comenzaban a fluir de forma negativa y quedaba claro que Gustavo Madero barrería.

Caminaba presuroso hacia una camioneta blanca que, en marcha, le esperaba para llevarle a una reunión extraña, de último minuto, a la que fue convocado por alguien. Estaba molesto, el ojo derecho enrojecido. ¡Se iba justo en el momento en el que su casa de campaña comenzaba a descender hacia un ambiente fúnebre!

—¿Adónde va, candidato? —se le preguntó. Era una salida intempestiva, difícilmente explicable.

—Por ahí. Ahorita vuelvo —dijo cortante.

—¿Adónde van? —se le preguntó después a su segundo, Juan Manuel Oliva.

—Dennos chanza, ¿no?

***

Cordero estuvo desaparecido durante una hora y media. Y en ese espacio con alguien habló. En su equipo todos negaron que fuera con Calderón.

“Está en Boston”, dijo Gil (lo cual, por supuesto, no elimina la posibilidad de una llamada telefónica). Lo cierto es que antes de la partida de Cordero al encuentro, los ánimos parecían listos para el quiebre.

Eso no pasó. Ernesto Cordero no fue Adolfo Christlieb Ibarrola. Rechazó que su biografía quedara junto a la de los González Luna. En la raya se detuvo antes de que le vincularan a Pablo Emilio Madero.

Al menos por ahora (y pueden volver), los demonios del divorcio panista están conjurados.

Mañana, quién sabe.