Rebelión anti-Trump en el sur de Texas

En Laredo, colindante con Tamaulipas, ciudadanos y autoridades temen que la introducción de cambios radicales en las políticas del nuevo inquilino de la Casa Blanca asfixien a la economía local.
Pete Saenz, alcalde de Laredo, Texas.
Pete Saenz, alcalde de Laredo, Texas. (Jesús Quintanar)

Las ideas de Donald Trump no solo preocupan a México, del otro lado de la frontera sus propuestas también encontrarán resistencia. Es el caso de Laredo, Texas, colindante con Tamaulipas, donde ciudadanos y autoridades temen que la introducción de cambios radicales en las políticas de Washington asfixien a la economía local.

“Nos mortifica, francamente, que a lo mejor pueda haber altas tarifas o muros. No queremos que cambie la relación con México”, expresó el alcalde de Laredo, Pete Saenz, en entrevista con MILENIO.

Esta ciudad fronteriza es un caso emblemático: en una pequeña porción del territorio estadunidense, se evidencia el intercambio constante y la relación simbiótica entre ambos países. Laredo es también el segundo puerto comercial del Tratado de Libre Comercio por el valor y el volumen de las mercancías.

Por eso, su alcalde encabeza, en el sur de Texas, la oposición al muro fronterizo y a la posibilidad de nuevos aranceles, dos propuestas recurrentes en la campaña de Trump. Abogado de 65 años, Saenz ganó por la vía independiente y estará en el cargo, al menos, hasta 2018.

“Siento mis raíces muy hondas con México”, afirma el alcalde, quien nació en Laredo, pero ante la retórica de Trump, ha defendido a los mexicanos. Saenz es descendiente de una familia de migrantes, su abuelo se estableció en territorio texano durante la Revolución mexicana.

De trato amable y sencillo, supo ganarse al electorado de un municipio donde más de 90 por ciento de los ciudadanos es de origen latino. Su cercanía con México y su gusto por las canciones de José Alfredo Jiménez le dieron notoriedad. El abogado estadunidense aparecía en videos, vestido de charro, y cantando El Rey con mariachi.

Tras el triunfo de Trump, Saenz solicitó una audiencia con él para tratar de cambiar su opinión sobre la frontera. “Para entenderla, hay que vivirla como nosotros, todos los días. Queremos educar a la gente, inclusive al presidente electo”,  señaló.

Pero no es la primera vez que intenta convencer al magnate de respetar a los mexicanos. Lo hizo durante su visita a Laredo en julio de 2015. En ese momento, nadie imaginaba que Trump pudiera obtener la candidatura, pero su discurso antiinmigrante ya generaba rechazo entre los hispanos.

Los videos de ese día muestran a Saenz recibiendo al republicano en el aeropuerto, al pie de su avión privado. A lo lejos, las rechiflas y consignas en español. “Cuando vino Trump mucha gente se opuso, incluso yo recibí comentarios negativos, pero el diálogo era necesario”, justificó.

Uno de los manifestantes recuerda la escena: “Fue mucha gente al aeropuerto, llevábamos pancartas y protestamos de manera pacífica. Había quienes lo apoyaban, pero la mayoría estábamos en contra”. Aunque Trump decidió ignorarlo, en Laredo no era bienvenido.

En su primera conferencia de prensa, el magnate declaró: “Me sorprendió la calidez en el aeropuerto. Me siento muy honrado”. Los periodistas reviraron: “No estaban apoyándolo. Estaban gritando contra usted”. Y él respondió: “Yo no los vi”.

—¿Sigue a favor de construir un muro?” —le preguntó una reportera.

—Por supuesto —dijo Trump. En ciertas secciones de la frontera, el muro es absolutamente necesario.

El tema lo abordó con el alcalde de Laredo durante un traslado en camioneta. Saenz aprovechó la oportunidad y fue tajante: “Me preguntó mi opinión sobre el muro y yo le dije que para mí, con todo respeto, era una ofensa para México y también algo muy impráctico. Que aquí no es necesario, porque tenemos el río”.

Pese a la ubicación estratégica de Laredo, y al flujo constante de bienes y personas, en su frontera no hay vallas ni muros. A México y Estados Unidos solo los separa el río Bravo, conocido como río Grande del otro lado.

Esa barrera natural y la vigilancia constante de la Patrulla Fronteriza son, en realidad, los únicos obstáculos para quienes buscan el sueño americano.

EL CINTURÓN AZUL

Laredo no es la única ciudad fronteriza donde hay oposición a los planes del presidente electo Trump. En la elección del pasado 8 de noviembre, el mapa electoral de EU se pintó de rojo, incluyendo a Texas; sin embargo, los demócratas arrasaron en ciudades importantes, como Dallas, Houston, San Antonio, y prácticamente en todo el sur del estado.

En el condado de Webb, donde se ubica Laredo, Hillary Clinton obtuvo 74 por ciento de los votos, contra 23 por ciento de Trump. Muy cerca de ahí, en el condado Starr, se registró el rechazo más contundente de los texanos al republicano: los demócratas ganaron 80 por ciento del voto popular.

En El Paso, otro importante municipio fronterizo, vecino de Ciudad Juárez, los electores favorecieron a Clinton con prácticamente siete de cada diez sufragios. En el mapa electoral, el sur de Texas parece un cinturón azul. Son miles de ciudadanos que, desde la frontera, rechazaron las propuestas y el discurso de Trump.

“Estamos contra un muro, especialmente aquí en Texas, porque pensamos que no es necesario nada de eso, el río es un muro natural”, argumenta José González, director regional de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (Lulac), la más grande y antigua organización hispana en el país.

Los miembros de liga también cabildean en Washington para frenar la agenda antiinmigrante de Trump. En el caso de Texas, su argumento más recurrente contra el muro es, efectivamente, la existencia del río y el peligro que representa cruzarlo.

González lo sabe por experiencia. El representante de Lulac trabajó durante 30 años en el Departamento de Bomberos de Laredo. En esas décadas, perdió la cuenta del número de migrantes que fallecieron en el intento, no solo hombres, sino mujeres y niños, recordó.

“Nos hablaban de la Patrulla Fronteriza si veían a alguien flotando en el río. Nosotros preparábamos el rescate, pero muchos se ahogaban”, dijo en entrevista. “Era muy triste lo que mirábamos ahí”.

LA RESISTENCIA

Saenz puso el ejemplo en la frontera, pero no es el único que se ha desmarcado del discurso de Trump. En las últimas semanas, varios alcaldes en Estados Unidos, la mayoría de extracción demócrata, han rechazado la posibilidad de deportaciones masivas, otra de las propuestas emblemáticas del republicano.

Los alcaldes de las llamadas ciudades santuario han decidido enfrentarse a la legislación federal y no cooperar con las autoridades de migración que, bajo la administración de Trump, buscarán detener y solicitar documentos a cualquier persona con el pretexto de su origen racial.

Oficiales gubernamentales en Los Ángeles, Nueva York, Boston, Filadelfia y San Francisco han denunciado la discriminación implícita en los planes del nuevo gobierno. Sin embargo, su resistencia no será fácil: la respuesta desde la capital puede despojarlos de cuantiosos fondos federales. Se estima que, solo Nueva York, puede perder hasta 10 billones de dólares.  

Trump ha declarado la guerra a los alcaldes que se nieguen a cooperar.  “El santuario que debemos proveer es para nuestros ciudadanos”, dijo durante su campaña, en un claro contraste con la plataforma de Clinton.

En Texas, el gobernador republicano Gregg Abbott, ha manifestado su rechazo a la posibilidad de un muro, pero acaba de amenazar a las ciudades santuario como Austin. “Firmaré una ley para prohibirlas y también daré órdenes para suspenderles el financiamiento”, advirtió en su cuenta de Twitter.

En Laredo, el alcalde Saenz se mantiene al margen de las ciudades santuario y es enfático al anunciar que respetará la ley; no obstante, en los hechos, el ayuntamiento texano carece de personal para emprender una cacería de migrantes. “No tenemos ni el tiempo ni el presupuesto”, dijo.

Su verdadera prioridad es la audiencia con Trump en Washington. Saenz y su equipo no ocultan la ansiedad que les genera el nuevo inquilino de la Casa Blanca, pero estiman en que el presidente electo se topará con algunas barreras: desde los alcaldes y gobernadores, hasta el Congreso.

Ante un futuro incierto, Saenz prefiere ser optimista y mantener la esperanza: “No solo en Laredo. Hay personas en posiciones muy altas, tanto del gobierno federal como estatal, que están hablando de cerca con el señor Trump. ¡Claro que es posible otro modo de pensar y de actuar!”.



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