No quiero morir sin ver a mi hijo libre: Rubén Aburto

La familia de Mario Aburto se exilió en Estados Unidos un año después del asesinato de Colosio, desde entonces sus padres no han vuelto a verlo.
Mario Aburto detenido en Lomas Taurinas.
Mario Aburto detenido en Lomas Taurinas. (Cortesía: PGR )

Ciudad de México

A sus 67 años don Rubén Aburto se siente cansado y dice estar enfermo. Espera un milagro: ver a su hijo Mario libre antes de morir.

Mario Aburto fue condenado a 45 años de prisión. Ha purgado 20. Dentro de 25 años, don Rubén tendría 92 años de edad.

“Nos sentimos tristes y estamos aquí bien traumados, cada vez que recordamos esas vivencias tan duras que le pasó a mi familia, a mi esposa y a mis hijas...Ya estoy cansado, antes de morir quiero ver a mi hijo cuando menos para gozarlo unos cuantos años, porque ya estoy llegando a los 70 años, ya estoy enfermo”, cuenta por teléfono desde su casa en Long Beach, California.

La familia del asesino de Luis Donaldo Colosio se mudó a Estados Unidos en 1995, un año después del arresto de su hijo. Dice el padre que recibían amenazas de muerte y que pidió ayuda a la organización Human Rights Watch, que les consiguió el asilo a su mujer María Luisa y al resto de sus hijos. Él ya tenía diez años allá.

Han pasado 20 años y Rubén sigue convencido de que su hijo Mario no fue el asesino, que él no disparó los dos balazos que le dieron en el abdomen y en la cabeza al candidato tricolor, que hubo otra persona que disparó, que lo de Mario fue una injusticia.

Mario, dice Rubén, era incapaz, y era el mejor de sus hijos. “El más cariñoso, el más respetable, el más humano de mis hijos y mire nomás qué suerte le ha tocado que le hayan agarrado como chivo expiatorio por un crimen que nunca cometió”.

Los procuradores responsables del caso, “no convencieron a los mexicanos con su versión del asesino solitario”: don Rubén.

En Long Beach, don Rubén responde el teléfono. No quiere hablar más de lo que pasó hace 20 años. Sólo de su hijo y las ganas que tiene de verlo. Su mujer está enfrente de él. Le refresca la memoria. Le ayuda a responder.

"(Mario) tenía un respeto por la vida del ser humano y la de los animales”, dice, “en una ocasión, estaba lloviendo y había un viejito pasando por la casa de la familia, el hombre se estaba mojando, no podía caminar para su casa. Mario lo cargó rápidamente y lo llevó hasta su casa... Otra vez, una perrita que teníamos que había tenido cachorros se estaba mojando, él rápidamente la recogió y se quitó su camiseta y tapó a los perritos y a la perrita”.

Para don Rubén, los procuradores y fiscales responsables del caso, “no convencieron a los mexicanos con su versión del asesino solitario”. Mucho menos lo convencieron a él.

Aburto padre cree en las versiones del hombre parecido a su hijo, del “otro Aburto”. No quiere hablar de eso, pero dice que existió, que su mujer lo vio, que se parecía mucho, que era igualito a su hijo. Que su hijo es Aburto, pero no el que disparó.

 “Sí hubo otro Mario Aburto ahí, que era judicial federal en la PGR al mando del comandante Raúl Chaparra. (El día del asesinato) mi esposa lo vio, nada más que estaba un poco más morenito y dicen que lo ejecutaron y lo dejaron tirado en un taller mecánico. Pero mi esposa lo vio ahí, no se acuerda qué hora sería pero lo vio ahí, y vio a mi hijo Mario también. Ese estaba igualito, estaba hasta fumando, dice mi esposa”.

El año pasado don Rubén le envió una carta al presidente recién llegado. Le pedía a Enrique Peña Nieto, que se abriera de nuevo el caso de Mario Aburto, -que es el de Luis Donaldo-, y que él, el único que puede, le otorgara el indulto a su hijo.

“Mandé la carta a Peña Nieto diciéndole que si tenía voluntad política y moral que reabriera el caso Colosio para que le hicieran un juicio público a mi hijo que vieran todos los mexicanos, para que vieran que es inocente”.

"Mandé la carta a Peña Nieto diciéndole que si tenía voluntad política y moral que reabriera el caso Colosio":don Rubén.

Hace 20 años que ni Rubén ni María Luisa ven a su hijo. Cada mes, dos o tres, el teléfono suena. La  operadora anuncia una llamada por cobrar de México.

Desde hace un año las llamadas llegan desde Huimanguillo, Tabasco – a donde Mario fue transferido. La última vez que hablaron pidió ver a su mamá, pero tienen miedo de venir a México.

Los primeros años Mario le contaba a su papá cómo estaba y las condiciones en las que vivía en la cárcel. Don Rubén todavía conserva las grabaciones de esas llamadas.

Con los años Mario le dejó de dar detalles. “Nunca me dice pues, para no preocuparnos a nosotros, cómo está y cómo lo tratan ahí”.

Hace como un año, cuenta don Rubén, pasaron meses sin saber de Mario. Las llamadas pararon y desde Long Beach, tenían pocas formas de localizarlo.

"Yo ya bien triste, no sabíamos si mi hijo estaba vivo o no, estábamos llamando para donde quiera, hasta después me llamó una trabajadora social diciendo que mi hijo estaba en Huimanguillo, Tabasco, que lo habían cambiado allá.

“Lo cambiaron de Puente Grande, Jalisco. A las tantas horas de la noche se lo llevaron para Huimanguillo, Tabasco, como no me hablaba, pues yo tenía que estar investigando dónde se habían llevado a mi hijo".

Don Rubén se siente víctima. Él y su familia. No saben de qué o de quién, pero víctimas.

Habla de Luis Donaldo Colosio como alguien que hubiera sido un gran presidente y dice que a los Colosio, como a su hijo Mario, “no se les ha hecho justicia”.

“Estamos con su pesar todavía de revivir esas vivencias con la familia Colosio, digamos nos consideramos víctimas y estamos con ellos. No se les ha hecho justicia a ellos, ni tampoco a mi hijo... El licenciado Colosio iba a ser un buen presidente,  era la esperanza que teníamos para todo nuestro México... Que dios lo tenga en su santa gloria y que dios lo bendiga a él y a toda su familia”.

Los Aburto quieren olvidar lo que vivieron hace 20 años

El 23 de marzo de 1994 Mario Aburto tenía poco más de tres años de haber llegado a Tijuana. Dejó su trabajo en una fábrica de muebles en Estados Unidos para ir y cuidar a su mamá y hermanos menores. Su padre y su hermano mayor se quedarían en Los Ángeles. Él sería el responsable de la familia en México.

Don Rubén dice que no tiene ganas de recordar lo que vivieron él y su familia en 1994. Asegura que ya perdonó a los que les hicieron algún daño y reitera que lo único que pide es que “se les ablande el corazón a esos hombres y ya me dejen ver a mi hijo”.

“Nos sentimos tristes y estamos aquí bien traumados, cada vez que recordamos esas vivencias tan duras que le pasaron a mi familia, a mi esposa y a mis hijas ahí en la PGR de Tijuana, lo que les hicieron, que las desvistieron como dios las echó al mundo una de las veces que las interrogaron sobre Mario. No respetaron sus derechos humanos. Pero yo ya los perdono a todos ellos, yo quiero ver a mi hijo”.