CRÓNICA | POR LILIANA PADILLA

“Nosotros estamos con el pueblo, mis sobrinos no”

Tierra Caliente

Uno de los combatientes de la refriega del jueves dijo que uno de sus parientes lideraba a "Los caballeros templarios".

Con ayuda de la policía las autodefensas recuperaron sus autos.
Con ayuda de la policía las autodefensas recuperaron sus autos. (Daniel Cruz)

Aguililla

Eréndira tiene 23 años, tiene tres hijos y uno más en su vientre. El jueves se quedó viuda. Su esposo Alejandro, de 30 años, perdió la vida en la comunidad de Las Golondrinas.

Le decían El soldado, porque formó parte del Ejército hasta hace dos años, cuando lo dejó, y por falta de una fuente de empleo para mantener a su familia, buscó cabida en los grupos de autodefensa.

Alejandro fue la única víctima mortal de la emboscada a manos del crimen organizado. Cinco más de sus compañeros, uno de ellos, menor de edad, resultaron heridos, confirmó la Secretaría de Gobernación el mismo jueves por la noche.

En Aguililla hasta los camioneros que manejan las góndolas transportadoras de acero y minerales dejaron sus trabajos cansados de las extorsiones y se sumaron a los grupos de autodefensa. A diario recorrían en sus pesadas máquinas los caminos de brecha, en plena sierra en la Tierra Caliente michoacana, a merced de los criminales.

Otros tantos, hartos de las extorsiones y de compartir a sus mujeres e hijas con los sicarios, tomaron las armas en junio pasado.

José Álvarez era camionero hasta que se levantó en armas. Con su sombrero de paja, huaraches y un rifle, recuerda cómo, hasta hace unas semanas, los sicarios llegaban a las casas y se llevaban a las mujeres y niñas.

"Los malandrines entraban al pueblo, llegaban a una casa y le decían al marido, arréglame a tu vieja porque voy a venir por ella a tales horas. Después de eso le decían, ahora me voy a llevar a tu hija, cuando llegue quiero que esté bien bañadita, y pues la gente ya no aguantó", cuenta el originario de Aguililla, quien hasta hace unos meses trabajaba para una empresa metalúrgica.

"Nosotros veníamos de regreso, pero estas personas tenían unos volteos que van a bajar de la mina, ya los tenían atravesados para que no pasáramos, ahí nos empezaron a tirar porque ya estaban ubicados en el fortín, ya van tres veces que nos tiran de ahí".

Aunque la versión oficial no lo confirma, el autodefensa asegura que su compañero, soldado retirado, se quitó la vida con su propia arma cuando se vio gravemente herido en el enfrentamiento.

"Dicen que se quitó la vida al último, que se dio un balazo, porque es la misión de los soldados, ya cuando se ven heridos se quitan la vida, ahí hay una controversia y aunque el gobierno aquí andaba, llegó después".

Acompañados de elementos de la Policía Federal, los autodefensas recuperaron sus vehículos que quedaron con las puertas abiertas y los objetos personales de sus compañeros. Las fuerzas federales peinaron la zona para descartar vigilancia de los criminales desde la punta de los cerros que rodean el paraje.

Otro más de los autodefensas que regresó a ayudar a recuperar los tres vehículos que quedaron abandonados en Las Golondrinas tras la refriega, narró que su sobrino fue uno de los templarios que participó en la emboscada contra sus compañeros.

"Éramos como unos cincuenta, ellos nos tiraban desde arriba, fuimos a tomar Chapula y cuando veníamos de regreso nos estaban esperando. Uno es mi sobrino, es el mero líder, Valdemar González. Del otro lado, ahí con los templarios están unos primos hermanos y algunos sobrinos. Así esto, nosotros estamos con el pueblo, ellos no".

El hombre de unos 59 años recuerda el momento del enfrentamiento y rompe en llanto. Camina unos pasos para esconder su pesar de las cámaras. A unos 8 kilómetros de ahí, Eréndira también lloraba a su esposo ante la mirada inocente de uno de sus pequeños hijos que jugaba con su guitarrita de madera.

Entre coronas fúnebres enviadas por los grupos de autodefensa de Aguililla, Eréndira veló el cuerpo de su esposo.

La mujer de 23 años, con tres hijos y siete meses de embarazo abrió las puertas de su casa en Aguililla para el funeral.

López Pinto fue soldado durante 10 años hasta que hace dos años abandonó la milicia y comenzó a buscar trabajo sin éxito.

Anoche, tras su muerte, sus compañeros le avisaron a su esposa. La noticia la hizo desmayarse.

"Él me pidió que le echara la bendición, que no sabía si volvía, yo le decía que no fuera, pero él me decía que quería ir", relató a MILENIO.