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Martes , 18.09.2018 / 23:00 Hoy

Policías federales aceptan que algunos dispararon en Nochixtlán

Agentes lesionados en el desalojo de Nochixtlán, Oaxaca, detallaron que luego de sufrir agresiones de pobladores y escuchar disparos al aire, algunos sí accionaron sus armas.


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Policías federales lesionados en el enfrentamiento de Nochixtlán detallaron que los pobladores los agredieron con palos, cohetes, machetes y golpes, por lo que algunos sí accionaron sus armas, pues desde muy temprano, poco después de las 8 de la mañana, los manifestantes los recibieron también con balas al aire y entre ellos había encapuchados.

Al rendir sus testimonios ante los legisladores que integran la comisión de seguimiento al caso, los policías Luisa, Juan y José narraron que a dos de ellos los rociaron con gasolina porque intentaban lincharlos y quemarlos; sin embargo, fueron rescatados por los mismos pobladores y protegidos en la iglesia del pueblo y dos días después se les intercambió por 22 pobladores que la sección 22 eligió.

Para proteger su identidad, los policías utilizaron seudónimos en su testimonio ante senadores y fueron colocados de espaldas a las cámaras de los medios de comunicación.

Los agentes federales confirmaron que ingresaron a Nochixtlán con la instrucción de liberar la autopista, pero fueron sorprendidos y rebasados por la población, que era llamada por las campanas de la iglesia.

Luisa afirmó que no llevaban la instrucción de agredir al pueblo y aunque escuchó los disparos de la población, no se sabe cuánta gente portaba armas. “Nuestra instrucción era desalojar nada más”.

La agente agredida señaló que ella vio que la policía estatal sí llevaba armas en el operativo, pese a que en otros no se había observado.

El legislador perredista Fidel Demédicis preguntó qué instrucciones tenían y qué armas llevaban, y si las accionaron.

“Las órdenes que habíamos recibido eran las de acudir al auxilio del personal de la policía estatal de Oaxaca, de la policía Ministerial, de la policía Bancaria e Industrial de Oaxaca y de la Policía Federal División de Gendarmería, acudir en apoyo ya que el operativo que se estaba llevando a cabo de liberar las vías de comunicación en ese tramo carretero la población los había superado en número y se requería mayores elementos”, respondió el policía José.

-¿Usted llevaba arma?, insistió Demédicis.

“Después de que se empezaron a recibir y a ver heridos por armas de fuego sí hubo una instrucción de que una pequeña parte del personal que acudiría llevara su equipo táctico”, agregó José, quien fue uno de los policías más golpeados, junto con Luisa.

Demédicis le reiteró la pregunta de si llevaba arma, a lo que el policía en silla de ruedas y vendado del brazo respondió:

“Yo llevaba, sí. Yo llevaba mi pistola 9 milímetros”.

-¿La accionó?

“La accioné, sí. La tuve que accionar”.

José relató que cuando cayó en manos de la multitud lo golpearon en la cara, casi perdió un ojo y hoy le rehabilitan la mano porque casi la perdió luego de recibir un machetazo.

Luisa dijo que ellos no iban armados, sino que llevaban equipo antimotín, con escudo, peto, espinilleras, musleras y casco.

“Nada más y el gas lacrimógeno, que era muy poco para la gente que llegó y nadie nos dio la orden, preguntamos cuando ya estaba Gendarmería conteniendo y ya no había gas y todos nos retiramos en ese momento”, dijo.

José narró que llegó cerca de las 10 de la mañana al lugar del operativo con la instrucción de vigilar la retirada y que ninguno de los policías quedara rezagado, cuando le cayó un petardo en la pierna derecha, que lo derribó al piso.

“Me rociaron con gasolina, estaba golpeado con otro compañera, me despojaron de todo mi equipo de protección, mis pertenencias. Nos arrojan al interior de un vehículo, ahí los manifestantes continúan golpeando este vehículo, intentado sacarnos, pero deciden trasladarnos a una parroquia”.

“Fui privado de la libertad durante dos días y medio, estuve ahí retenido, nos lleva a este lugar, nos presentan con los dirigentes del movimiento, los cuales no dieron sus nombres, pero decían que nos iban a tener ahí mientras se podía negociar…

“Luisa también se quedó en la retaguardia ese día. Dijo que la citaron a las 5 de la mañana y cuando llegó les empezaron a aventar cohetes, piedras, cuando vio que estaban quemando los tráileres y camiones que llevaban pollos.

“Sonaban las campanas para que se acercaran los del pueblo, no nos dio tiempo de seguir hasta la caseta. Empezaban a pasar más pobladores, nos aventaban botellas molotov con canicas, seguíamos conteniendo la agresión y ya había heridos de cohetones en los pies”, relató Luisa.

“Cuando al aire escuchamos desde temprano a las 8 o 8 y media balas al aire. Se escuchaba lejos, nos quedamos sorprendidos porque no esperábamos que nos recibieran así; se escuchaban más cerca las detonaciones en el panteón, cuando empezaron a caer los heridos de bala y los compañeros empezaban a gritar “me dieron, ayúdenme”. Hubo un momento que se escuchó mucho las detonaciones, éramos 40 o 50 tirándonos debajo de las camionetas para que no nos tocara un balazo”, agregó.

Dijo que como a las 11 de la mañana, cuando llegaron los gendarmes, ya los superaban los pobladores en número y se les ordenó la retirada, pero ella se quedó con cuatro compañeros y cuando volteó estaba sola. Fue ahí cuando fue alcanzada por los pobladores, quines la golpearon y rociaron con gasolina.

“Ya era imposible, eran demasiados, eran muchos, muchos, cuando empezaban a caer más”, dijo.

jma

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