El partidazo, los fistoles, los 'lics'... y las 'selfies'

Los priistas celebran desde la calle a su partido, porque esta vez el acceso era solamente para los invitados especiales.
El Presidente mostró orgulloso el pin que le dio César Camacho.
El Presidente mostró orgulloso el pin que le dio César Camacho. (Claudia Guadarrama)

México

Contentos. Están muy contentos. Conmemoran a su octogenario que cumple 85 años de existir. Pero sobre todo, están festejando a su viejito que cumple un año y medio de haber vuelto a Los Pinos. De haber regresado al poder, del cual estuvo alejado doce larguísimos años, dos sexenios completos. Eso les dolió, recuerdan los licenciados uniformados de corbata roja, pero la amargura ya se les pasó, festinan.

Hoy ya no andan enjutos y cabizbajos como yacían de 2000 a 2012. Tiempos aquellos en que eran como zombies sin brújula infectados por un electoral virus azul. Huérfanos de la Presidencia de la República. Historia. Historia pasada. Hoy van caminando de nuevo muy erguidos y sonrientes por los patios y pasillos palaciegos del PRI, de su anciano ente político que, sin embargo, "rejuveneció", dicen...

—Estará viejito, pero ya le hicimos una transfusión de sangre cuarentona... —alude a la edad del Presidente y se ríe, se carcajea una de esas señoras matraqueras perteneciente a las antiguas "fuerzas vivas", a los sectores populares del priismo que esta vez no fueron convocados masivamente a la sede partidista de Insurgentes Norte. Ella no podrá franquear la puerta marcada con el número 59 de la avenida.

—Sólo invitados especiales, señora... —se disculpan los agentes de seguridad a la entrada del lugar.

Los invitados especiales son gobernadores (del mexiquense Eruviel Ávila para abajo), funcionarios del gabinete (de Miguel Ángel Osorio Chong para abajo), antiguos cuadros partidistas (de Joaquín Gamboa Pascoe para abajo), viejos líderes del tricolor (de Jorge de la Vega Domínguez para acá). Una mezcla de octogenarios, septuagenarios, sesentones, cincuentones, y las nuevas generaciones de cuarenta años y menos, jóvenes de copetes relucientes, de trajes de marca, de relojotes en la muñeca, de smartphones y tabletas en vez de cornetas. Hombres y mujeres de 20 y 30 años que más que tarjetas de representación lo que ocupan son las fotos, las #selfies con cuanto ilustre priista encuentran, (como el muy solicitado Manlio Fabio Beltrones), hasta al mismísimo Enrique Peña Nieto, a quien ruegan tomarse la foto cuando a las 20:10 entra al auditorio Plutarco Elías Calles, saluda a las bases, y es ovacionado:

—¡Pre-si-den-te! ¡Pre-si-dente-te! —lo arropa el respetable que se pone eufórico. Y cómo no, si es la primera vez que "el primer priista de la nación" regresa a la sede partidista desde aquel 1 de julio de 2012, cuando vino a festejar su triunfo. Su primera vez aquí como Presidente. Y por eso le rinde tributo el octogenario festejado, que en voz de su líder, César Camacho, no tiene empacho en postrarse como antaño, a través de una cascada de frases al viejo estilo del antiguo partido de Estado:

—El PRI agradece su firme decisión de mantener una franca cercanía con el partido. ¡Qué bueno que esté en casa!

—En nuestras bases estamos formando al priismo... peñista.

El PRI de hoy ya no forma priistas a secas. Forma peñistas. Peña Nieto es la ideología de hoy. Partido presidencial como antaño. Partido de "ecosistemas", dice Camacho. Ecosistemas partidistas que son sus antiguos sectores (el obrero, el campesino, el popular) y sus cuadros, sus senadores, sus diputados, sus gobernadores, sus funcionarios. Partido octogenario de sangre cuarentona que rescribe la narrativa histórica: el PRI, dice Camacho, es el partido que nunca se opuso a la transición, "sino que la impulsó y encabezó"; el partido de "demócratas y de leyes"; el partido en el que la disciplina ciega hacia su líder ahora se llama "concertación"; el partido "más transparente"; "el gran partido de México...".

El partidazo, como antes, hoy. Y por eso Peña Nieto se dice orgulloso de militar ahí, y por eso presume en su solapa el pin que le acaba de dar Camacho, su nuevo pin tricolor, que lo porta así, "con orgullo". Lo ovacionan. Lo bañan en papel picado tricolor.

—Gran discurso del Presidente, mi líder... —comenta uno a la salida.

—Así es, mi lic Nos llamamos para comer, ¿eh?... —le responde su correligionario.

Eso sí, usos y costumbres, en el octogenario PRI de cuadros peñistas se guarda el protocolo verbal. Como siempre...