Se jubila el organizador de viajes del Papa

Alberto Gasbarri, de 70 años, deja la dirección administrativa de la Radio Vaticana y también el cargo como organizador de los viajes de Francisco. La visita a México será la última que le coordine.  
El papa Francisco, antes de abordar el avión que le llevará a Corea del Sur, en el aeropuerto romano de Fiumicino
El papa Francisco. (AFP)

Ciudad de México

Alberto Gasbarri, después de ser el organizador de los viajes de tres Papas, se jubila. Deja la dirección administrativa de la Radio Vaticana y también el encargo de “tour operador” del Papa Francisco.

La visita a México del 12 al 18 de febrero, será el último para el “Reisemarschall o mariscal de viaje”, como lo bautizó Benedicto XVI.

De acuerdo con la página del Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (Siame), será sustituido por un monseñor colombiano, actualmente en servicio en la Segunda Sección de la Secretaría de Estado, Mauricio Rueda Beltz, que nació en 1970 y ha trabajado en la diplomacia vaticana en Estados Unidos y Jordania.

El nombramiento fue comunicado de forma oficial antes de Navidad por el «ministro del Exterior» de la Santa Sede, Paul Richard Gallagher.

Gasbarri, quien tiene 70 años, pasaba por lo menos la mitad del año en el extranjero, debido a los necesarios y repetidos viajes a los países que el obispo de Roma se preparaba a visitar, y se encargaba también a tratar con las autoridades de gobierno, con los encargados de protocolo, policías y servicios secretos de todo el mundo.

Juan Pablo II lo llamaba “mi director de los viajes”. Es casado y con dos hijos, obtuvo su licenciatura en los años sesenta con el economista italiano Federico Caffè. Durante los últimos diez años fue oficialmente el responsable de la organización de los viajes papales al exterior, pero ha trabajado en su organización desde 1982, como vice del jesuita Roberto Rucci.

Entró a trabajar a la Radio Vaticana cuando tenía solamente 23 años, y con el tiempo se convirtió en director administrativo. Desde 1979, en compañía del padre Tucci, comenzó a ocuparse de la parte radiofónica de los viajes de Papa Wojtyla, que en ese entonces eran organizados por el obispo Paul Marcinkus.

Después el prelado estadounidense cayó en desgracia por motivos bien conocidos relacionados con la quiebra del Ambrosiano. Gasbarri y Tucci fueron convocados por el cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado, quien les encargó que se ocuparan “temporalmente” de los viajes del Pontífice “globetrotter”, que era capaz de visitar ocho países durante un único viaje.

Como a veces sucede en la Santa Sede, ese “temporalmente” quería decir 37 años de trabajo entre la organización del trabajo de la Radio y la organización de todos los detalles de los viajes papales, con todo y sus imprevistos y sorpresas constantes.

Por ejemplo, en 1988 el avión de Wojtyla que se dirigía a Lesotho tuvo que aterrizar por motivos meteorológicos en Johannesburg, Sudáfrica, y Gasbarri tuvo que organizar, “en caliente”, un viaje de 600 kilómetros para doscientos personas hacia Maseru.

Un par de años antes sucedió lo mismo al llegar a Italia, cuando el vuelo papal volvía de la India, peo una tormenta de nieve impidió el aterrizaje en Roma. Después de haber tratado de descender en Pisa, el avión llegó a Nápoles y el “Reisemarschall” tuvo que organizar el viaje en tren para el Pontífice y todo el séquito.

Juan Pablo II era el Papa de los gestos y de las “sorpresas”. Benedicto XVI, el Papa de la palabra y del programa estudiado y respetado rigurosamente.

Con Francisco se ha vuelto a las “sorpresas”, como la que Gasbarri organizó en Río de Janeiro, para satisfacer el deseo del Papa de reunirse con cinco mil compatriotas. O el que se vivió hace un año en Filipinas, con el Papa se negó rotundamente a cancelar la etapa en Taclobán, desafiando a un tifón que estaba llegando para llevar consuelo a las víctimas de otro tirón, Haiyán o Yolanda, que en 2013 provocó miles de muertos; Gasbarri en esa ocasión estaba en contacto continuo con los pilotos militares del avión papal, que despegó al último momento útil antes de que se abatiera la tormenta.