Un país de novela

El Santo Oficio.
El Santo Oficio
(Alfaguara)

Ciudad de México

El cartujo llega al final de la novela La doble vida de Jesús, de Enrique Serna, arrastrando la cobija, con la moral por los suelos y los sueños deshechos. La leyó de un tirón, sin poder apartar los ojos de sus páginas malditas, emponzoñadas de hiperrealismo. No se vale —piensa al cerrar el libro—, en vez de una historia edificante, como esperaba, encontró un retrato despiadado de la clase política mexicana, con su doble moral, sus negocios en lo oscurito y relaciones con el crimen organizado.

Serna no se anda por las ramas al narrar la situación de un país donde el narco parece imbatible, con policías, políticos y medios de comunicación a su servicio; donde las licitaciones atentan contra las finanzas públicas y enriquecen a quienes las otorgan; donde la honestidad es vista como un lastre y provoca burlas y recelos.

La historia tiene como escenario Cuernavaca y protagonista a Jesús Pastrana, síndico del ayuntamiento, funcionario ejemplar, negado para las relaciones públicas. “Tenía un carácter introvertido y una predisposición innata a la equidad, virtudes contraindicadas para hacer roncha con la gente ambiciosa”.

Sueña con ser alcalde de su ciudad para librarla de sus lastres, para terminar con la impunidad y restaurar el Estado de derecho. Pero sus sueños se estrellan contra el entorno y su carácter. Indeciso en muchas ocasiones, atrabancado en otras, en un golpe de suerte y audacia logra arrebatarle la candidatura a su partido —tan lleno de intereses mezquinos como cualquier otro— y en su lucha por la alcaldía enfrenta desengaños, trampas, traiciones… y un amor loco por el cual apuesta todas sus canicas, pone en peligro su prestigio y arrumba algunas de sus convicciones en el desván de los tiliches.

En uno de sus discursos de campaña, cuando parece imbatible con su aura de hombre honrado, Jesús Pastrana dice: “El resentimiento provocado por la miseria incita a los más pobres, a los más desesperados, a cobrarse con saña nuestra indiferencia. Para colmo, el régimen corporativo que se niega a morir engendró una de las burocracias más corruptas del mundo. Las consecuencias de esa podredumbre están a la vista: la frontera entre el hampa y el gobierno ha desaparecido. (…) Los hampones más audaces han sabido aprovechar esta situación para acumular enormes fortunas, imponer candidatos a puestos de elección popular y tener garantizada la impunidad”.

La novela es un thriller, una sucesión de acontecimientos en la cual los conflictos sociales, la reflexión sobre el poder en México, los intereses mediáticos, los vaivenes de la amistad en la vida pública son vistos con precisión y contados con un ritmo trepidante y un humor letal para las buenas conciencias. Serna no concede tregua a los lectores, en cada capítulo los deja sin aliento; los agarra de las greñas y les muestra el abismo de nuestra realidad.

No cabe duda, vivimos en un país de novela.

Queridos cinco lectores, en una tarde nublada, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.