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Martes , 25.09.2018 / 09:17 Hoy

Oaxaca: ¿el rival más débil?

La dirigencia nacional del PRD no puso suficiente atención o perdió el control del proceso interno de la designación del candidato a gobernador, con todo y que el PAN dejó en sus manos la decisión. 

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De las 12 gubernaturas que este año estarán en juego en el país Oaxaca es, por varias razones, la joya de la corona para el PRD. Primero, porque aquí lograron en 2010, junto con PAN, PT y MC, derrotar al PRI e instaurar el primer gobierno de alternancia; segundo, porque a contracorriente del autismo político del gobernador Gabino Cué y el fracaso de la transición democrática que ofertó, el PRD se consolidó como la segunda fuerza electoral; y, tercero, porque después de la derrota de Guerrero, en el sur del país solo queda Oaxaca como bastión del perredismo y, en general, de las fuerzas de izquierda.

Pese a esa importancia estratégica, la dirigencia nacional del PRD o no le puso la suficiente atención o de plano perdió el control del proceso interno de designación del candidato a gobernador, con todo y que el PAN, su principal aliado electoral, prácticamente dejó en sus manos la candidatura. En un partido en el que son lastribus nacionales y sus expresiones locales los que han jugado y siguen jugando un papel fundamental en los arreglos políticos y en la aplicación de las reglas para definir las candidaturas a cargos de elección popular, el presidente Agustín Basave poco pudo hacer para asumir plenamente su papel de árbitro entre dos precandidatos diametralmente contrapunteados en sus trayectorias, alianzas y lealtades político-electorales, y con un gobernador que sin pertenecer al PRD terminó por imponer su proyecto personal.

En una accidentada y onerosa contienda interna solo participaron dos precandidatos: el diputado federal José Antonio Estefan Garfias y el senador Benjamín Robles, ambos militantes del PRD y ex priistas, aun cuando Robles ya tenía más de dos décadas de haber renunciado al PRI, no así Estefan Garfias, quien lo hizo apenas en 2015 para poder ser postulado por el PRD como candidato a diputado federal por el distrito de Tehuantapec.

Hijo de padres oaxaqueños, pero nacido en la Ciudad de México, Robles coordinó la campaña de Gabino Cué en 2010 y en los siguientes dos años se desempeñó como jefe de la Oficina de la Gubernatura, secretario particular del gobernador Cué y jefe de Módulos de Desarrollo. Renunció a este último cargo en 2012 para registrarse como candidato a senador por el PRD. Ganó la elección y a partir de entonces empezó a desarrollar una intensa labor social y política en las ocho regiones de Oaxaca con la mirada puesta en la gubernatura.

Priista durante poco más de 38 años, Estefan Garfias nació en Tehuantepec, Oaxaca, y cuenta con una larga carrera administrativa en los gobiernos federal y estatal. Ex dirigente del CDE del PRI y ex aspirante por el mismo partido a la gubernatura en 1998, Estefan Garfias también ha sido diputado local y federal. A mediados de 2015 renunció al PRI y su campaña por la diputación federal con las siglas del PRD se constituyó también en una campaña por la gubernatura.

Si Cué fue factor decisivo para que Robles llegara al Senado, éste asumió que también contaría con todo su apoyo para ser el candidato a gobernador, pues ambos habían caminado juntos no solo en Oaxaca sino también en el Distrito Federal. Se equivocó, pues una vez que Estefan Garfias fue ungido como diputado federal la relación entre ambos políticos se volvió prácticamente irreconciliable.

Robles atribuiría este giro a la influencia que ha tenido en las decisiones políticas del jefe del Ejecutivo estatal Jorge Castillo, amigo íntimo de Cué y quien sin ser funcionario de su gabinete fue investido de facultades metaconstitucionales en el gobierno local convirtiéndose, de facto, en vicegobernador. Sobre él pesan acusaciones por presunciones de enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias que el mismo Robles presentó hace meses ante la PGR.

Estos factores, y el hecho mismo de que Estefan Garfias y Cué son también grandes amigos y parte del círculo político del ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, se convirtieron en determinantes para que los dados se cargaran hacia un ex priista que no es mal visto en Los Pinos pero, que en el cuarto de guerradel PRI lo juzgan como un rival débil y con un bajo nivel de competitividad. De ahí la lectura de algunos analistas en el sentido de que la postulación de Estefan Garfias representaría la entrega de la plaza electoral de Oaxaca a Alejandro Murat.

Entre el electorado oaxaqueño, Robles siempre estuvo mejor posicionado que Estefan Garfias en las encuestas, inclusive medido con los precandidatos más competitivos del PRI, pero en la convocatoria emitida por el Consejo Estatal Electivo del PRD, y avalada por el Comité Ejecutivo Nacional, este factor no resultó vinculante para el dictamen aprobado por el citado consejo ni en la votación conducida por la Comisión Nacional Electoral.

De ahí que al final de cuentas, y pese contar con un precandidato mejor posicionado y con mayor identidad entre la militancia perredista y organizaciones sociales afines, el resultado de las encuestas no fue tomado en cuenta y lo que finalmente resultó determinante fue la correlación de fuerzas al seno del Consejo Estatal Electivo en el que, entre acusaciones de fraude, Estefan Garfias alcanzó las dos terceras partes de la votación requerida para ser declarado candidato del PRD y, en consecuencia, también de la coalición Con Rumbo y Estabilidad por Oaxaca (Creo), en la que participan también PAN y PT.

Lo que aconteció en los días que siguieron a la elección interna del PRD ya es del conocimiento público: Robles, además de no reconocer su derrota y anticipar que impugnará legalmente los resultados, presentó días después su renuncia al PRD al tiempo que anunció su participación en la contienda electoral por la gubernatura con las siglas de otro partido.

Ignorar o minimizar el alcance de esta ruptura en el perredismo oaxaqueño que, a contrapelo de la tendencia nacional se estaba consolidando orgánica y electoralmente, es no reconocer que, además de tener como principal adversario al candidato de la coalición Compromiso por Oaxaca (PRI, PVEM y Panal), Alejandro Murat, la coalición que apoya a Estefan Garfias verá mermada sensiblemente su votación proyectada y sus expectativas de triunfo por otros dos factores: los votos que atraerá Morena y los del propio Robles, si aparece en la boleta de gobernador. En un escenario electoral de cuartos, con una cerrada competencia y con el ingrediente de un discurso radical y antisistémico de Andrés Manuel López Obrador, por un lado (quien hace campaña a nombre de su candidato a gobernador, Salomón Jara), pero sobre todo de Robles, que va por la revancha, el resultado de la elección de gobernador en Oaxaca es todavía impredecible.

No hay que olvidar que en 2010 la victoria de Cué como candidato opositor al PRI fue posible, entre otros factores, por el rechazo ciudadano al autoritarismo y corrupción del priismo ulicista y la unidad de los partidos opositores al PRI; pero hoy, con la división del PRD, con cuatro frentes electorales y una ciudadanía decepcionada con la corrupción gabinista, pero también indignada con las corruptelas e impunidad del peñismo, todo puede ocurrir.

Oaxaca, no hay duda, volverá a convertirse en un laboratorio electoral.

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