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Miércoles , 12.12.2018 / 03:03 Hoy

“Nos encabronamos y pasamos hambre, pero vamos a seguir”

La búsqueda de sus hijos los ha obligado a abandonar sus tierras, la venta de verduras o trabajos de albañilería, por lo que ahora, a 19 meses de los hechos en Iguala, Guerrero, son más pobres, están enfermos y lejos de sus hogares.

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Los padres de los 43 normalistas desaparecidos no solo sufren el dolor por su ausencia, sino que, a casi 19 meses de los hechos en Iguala, Guerrero, son más pobres y están enfermos, lejos de sus hogares y familias.

La búsqueda de sus hijos los ha obligado a abandonar sus tierras, la venta de verduras o trabajos de albañilería. Para sobrevivir, en algunos casos, mujeres e hijos que se quedaron en casa han conseguido otros empleos.

Margarito Ramírez Rodríguez, padre de Carlos Iván Ramírez Villarreal, sembraba jamaica y maíz antes de la desaparición del joven; "no sabíamos de luchas" y "ahora andamos gritando y exigiendo que devuelvan a los muchachos", expresa.

Al decidirse a buscar a su hijo, su tierra quedó abandonada. "Dejamos toda la siembra" al no tener quién la atendiera, porque sus otros dos hijos se fueron a Estados Unidos "a buscar la vida por allá, porque aquí no hay empleo, no hay trabajo para el pobre".

"Ellos me dicen que siga luchando hasta saber la verdad y mandan apoyo económico de vez en cuando para su mamá" y su hermana, que aún estudia.

La vida de los padres de los 43, quienes viajan constantemente y duermen en los autobuses en que se transportan, es de "sufrimiento y fatiga. Sufrimiento de andar pa'allá y pa'acá... también uno se enferma por la tristeza y la congoja, porque uno piensa y piensa, es triste", explica.

Este ritmo, sin horarios ni para comer, ha empezado a causar estragos en los padres, pues han visto mermada su salud. Bernardo Campos, padre de José Ángel Campos, comenta que "no tenía ninguna enfermedad... Me hice estudios y salí con el colesterol alto, con azúcar, esa enfermedad que está matando a la gente, esa enfermedad que antes no conocía", por lo que actualmente toma pastillas para la diabetes.

De Zumpango del Río, Guerrero, Joaquina García Velázquez, madre de Martín Getsemani Sánchez García, dejó su hogar para sumarse a la lucha, la cual "ha sido desesperante".

"Uno vive con sus hijos aunque sea pobre y luchando para que salgan adelante, y esto nos cambió de repente. Nosotros nunca nos imaginamos andar en esta situación", cuenta.

Joaquina recuerda a Martín como un muchacho muy alegre, que antes de ingresar a la normal de Ayotzinapa se dedicaba a ayudar a su padre en el campo. "Él decidió irse a la normal porque somos pobres y ahí podía estudiar. Además tenía la esperanza de que tuviera su plaza de maestro".

Ella ha tenido que abandonar sus trabajos vendiendo verduras en el mercado, fruta en las esquinas y pozole sábados y domingos. Ahora solo se mantienen con lo que su esposo siembra. "A mí nadie me da nada, he sacado adelante sola a mis hijos", enfatiza; en casa la esperan otros tres que aún estudian.

Bernardo, quien es originario de Tixtla, señala: "Nuestra vida ha sido muy amarga, triste de desesperación; se siente mucho perder un hijo, no saber nada de él, ya que toda la vida, desde chiquillo, ha estado con nosotros. No sabemos qué hacer, se la pasa uno de un lado a otro".

Por ello decidió salir solo a buscarlo, porque su esposa está enferma y aquí "a veces no duerme uno y comemos toda clase de alimentos"; dejó de sembrar maíz, garbanzo, sorgo de riego y tuvo que vender sus vacas no solo para mantener a su familia, sino también a la de su hijo José Ángel, que tiene dos niños, uno de 10 y otro de casi dos años.

En tanto, María de Jesús Tlatempa Bello, madre de José Eduardo Bartolo Tlatempa, cuenta: "Soy campesina, mire mis manos, lo que sé es sembrar en la milpa, el maíz, la cebolla, el jitomate, el tomate... gracias a eso sobrevivo, pero ahora ya no lo hago".

Buscar a los "muchachos es muy triste, desvelándose, sufriendo carencias, sin comer... solo pensamos en nuestros hijos, dónde estarán, por qué el gobierno es así", refiere.

María vendía elotes asados, gelatinas, tamales de elote y semillas que embolsaba para apoyar a sus otros dos hijos, pero lo abandonó para salir en busca de su hijo; "aunque esté cansada y a veces sin comer, además de que ya necesito volver a trabajar, no voy a abandonar a mi hijo", subraya.

A casi 19 meses de la desaparición de los 43 normalistas, los padres aseguran que siguen "llorando, porque no sabemos de nuestros hijos"; ya no llevan en sus carteras o bolsas las fotos de sus hijos, las prefieren impresas en lonas para que todos las vean.

"Hoy en día preferimos morir si no liberan a nuestros hijos. Es una desesperación estar sufriendo así, pensando en ellos, nos torturan cuando nos dice el gobierno que están muertos en el basurero... entonces nos encabronamos y nos indignamos, pero vamos a seguir buscándolos", enfatiza María.

Continuará asesoría del GIEI

Como parte de la presión para exigir al gobierno federal la permanencia del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), padres, familiares y compañeros de los normalistas desaparecidos instalaron un plantón de 43 horas al exterior de la Secretaría de Gobernación (Segob).

El abogado de los padres, Vidulfo Rosales, señaló que las autoridades deben reconsiderar la continuidad de los especialistas en México, porque "es un mecanismo que colabora en el esclarecimiento de un delito que marcó a nuestro país y el único que les ha dado certeza".

"No se trata de hacer política con el GIEI, los grupos de derecha son los que han politizado el caso, sino que los expertos son un mecanismo para ofrecer verdad y justicia a los padres de los estudiantes desaparecidos. Corresponde al Estado y no al GIEI ofrecer la verdad a los familiares de los estudiantes", dijo.

Los padres anunciaron un plantón afuera de la Procuraduría General de la República (PGR) para atraer la atención a ese lugar; sin embargo, cuando les informaron que la calle donde se ubica Gobernación quedó libre, se trasladaron y lograron burlar el cerco de la Policía Federal para instalarse frente a la dependencia.

Como parte de las protestas tomaron la decisión de encadenar su cuerpo a las rejas de la sede de la secretaría, por turnos permanecerán ahí lo que dure su jornada.

Posteriormente se les notificó la decisión del presidente de la CIDH, James Cavallaro, de que, ante la falta de voluntad del gobierno mexicano, no hay condiciones para continuar el mandato del GIEI. No obstante, indicaron que seguirán recibiendo su asesoría y acompañamiento.

"Es un triunfo para nosotros el que la CIDH determine crear un mecanismo especial para dar seguimiento a las investigaciones y al caso, pese a la embestida de este gobierno y a la difamación y denostación al GIEI y a los padres de familia... solo esperamos que este gobierno pueda acatar esta determinación, que en los próximos días conoceremos", explicaron.

Cristina Bautista, madre de uno de los jóvenes desaparecidos, aseguró que el informe del pasado jueves de la CNDH da la razón al movimiento y a los padres.

"El basurero de Cocula no es la verdad, no es el final, es una hipótesis que no le ha dado veracidad a los padres. No hay esclarecimiento, hay incertidumbres", indicó.

Tienen previsto levantar el plantón mañana domingo 17 alrededor del mediodía; también anunciaron una serie de actividades, entre conferencias, proyecciones de videos y actos culturales sobre música regional.

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