“Si regresamos a los niños, es su sentencia de muerte”

Los infantes temen que se les deporte a sus países, “a las manos de las personas de las cuales huyen”, señala el litigante..
Los infantes se encuentran en la base militar de Lackland.
Los infantes se encuentran en la base militar de Lackland. (Ross D Franklin/AP)

San Antonio, Texas

Jonathan Ryan es un estadunidense de origen irlandés. Es director ejecutivo de la organización de abogados Raices (Refugee and Immigrant Center for Education and Legal Services) que todos los días ingresa a la base militar de Lackland, aquí en San Antonio, Texas, donde hay albergados más de mil 200 niños centroamericanos que cruzaron la frontera solos. Ryan entra ahí porque es el abogado que, junto a su organización, tiene permiso del gobierno federal para hacerlo, según cuenta. Y ahí, en la base aérea, intenta asesorar legalmente a los menores (y externamente a sus familiares) para evitar que sean deportados a sus países de origen.

Durante una charla con MILENIO en sus oficinas de San Antonio, habla de la tristeza e incertidumbre que embarga a los pequeños, a pesar de que ellos no padecen, como otros migrantes, hacinamiento en estrechos edificios de la Patrulla Fronteriza (“hieleras”, les llaman).

Los niños centroamericanos pernoctan aquí en alrededor de 30 limpios barracones que solían ser usados por nuevos soldados reclutas. Ahí comen bien, duermen en camas (no en literas como los soldados), se bañan, son atendidos médicamente, juegan, salen al aire libre unos minutos cada día, pero eso no los libra de estar desconsolados. Dice Ryan.

“Los niños no están aquí para jugar o para mirar la televisión. No están aquí por eso, sino porque están huyendo por su vida. Están viniendo aquí para buscar la protección de nuestro país. Ellos tienen temor, no saben qué va a pasar con ellos, qué va a hacer el gobierno de Estados Unidos con ellos. Tienen temor de que los regresen a su país, directamente a las manos de las personas de las cuales están huyendo. Tienen hambre, pero no de comida, sino de información para saber qué tienen que hacer para quedarse aquí”.

—¿Cómo los encuentran anímicamente, más allá de las buenas instalaciones en las que están?

—Es duro estar tanto tiempo en ese espacio de inseguridad, de no saber qué va a pasar el día que sigue, los meses que siguen. De no saber si su familia los va a ayudar o no, si pueden salir o no. Eso es como estar secuestrado. La pregunta primaria, la mayor pregunta que me hacen es: “¿Cuándo puedo salir de aquí?”. No hay centro de detención tan bonito o bueno del que una persona no quiera salir.

Ryan también hace consideraciones sobre las políticas migratorias que se están aplicando en EU y lo que éstas pueden causar al final de la actual crisis humanitaria.

“Qué mal, qué terrible que el país que quiere ser el centro de la libertad, de la democracia del mundo, no tenga fondos ni el poder político para ayudar a esos menores que están buscando nuestra ayuda. El presidente (Barack) Obama pidió un cambio en la ley de Estados Unidos para permitir que su administración regrese más niños y más fácilmente a Centroamérica. Si hay un cambio así en nuestra ley, es seguro que vamos a escuchar historias en organizaciones como la suya (en los medios de comunicación), de niños que huyeron de la violencia en su país, que vinieron aquí para buscar nuestra protección, que nosotros los regresábamos directamente a las manos de las personas que estaban huyendo, y vamos a escuchar las historias de esos niños muertos. Es seguro.”

—¿Qué ofrecen ustedes a los niños, cómo los ayudan?

—Primeramente tenemos que explicarles qué está pasando. No saben que ya están en un proceso legal. Que el gobierno los está entregando a una Corte para la deportación. Mis abogados y asistentes vamos a explicarles (también a sus familiares) que en ese proceso de deportación tienen derechos y responsabilidades. También les explicamos cuáles son los argumentos que pueden dar a la Corte para que no los deporten.

—Esos 900 niños que ustedes asesoran, ¿la mayoría tienen posibilidades de quedarse?    —Sí. La diferencia son los abogados. Si tienen los abogados, si tienen la ayuda, van a tener posibilidades para quedarse aquí. Si no, la mayoría es deportada. 

—¿Alguien en el gobierno de Estados Unidos o en uno estatal está tratando de impedir que los niños tengan abogados?

—Pues el gobierno de Estados Unidos ha decidido que los migrantes que están en proceso de deportación no deben recibir abogados apoyados por el gobierno federal. El gobierno dice que porque es un sistema civil y no criminal que las personas no tienen derecho a un abogado otorgado por la Corte. No importa que la consecuencia de una deportación pueda ser más negativa que la de una acción criminal, porque una persona así que recibe una deportación recibe una sentencia a su muerte.