La mirada de un fotógrafo ante un magnicidio

Miguel Cervantes, José Luis Camarillo y Víctor Flores cubrieron la gira de Colosio en Lomas Taurinas, Tijuana, que para ser la de un candidato presidencial parecía muy improvisada.

Tijuana

Miguel Cervantes tenía la encomienda de fotografiar el nuevo look del candidato. Jesús Blancornelas, director del semanario Zeta, decidió esa mañana del 23 de marzo que ese sería el enfoque de la gira; el cambio de corte "afro" por otro más formal era un intento de rescatar su campaña, que consideraban gris.

Ya en Lomas Taurinas acordó con sus compañeros que él cubriría los aspectos generales y se quedó en la ruta de salida del mitin.

Terminaba el evento cuando le avisaron que a Luis Donaldo Colosio le habían "pegado con una piedra"; alcanzó a tomar algunas fotos de la gente, luego el transporte improvisado que llevaba al candidato se le echó encima.

"Ahí alcanzo a sacar una fotografía y la segunda, se acaba el rollo. Hago cambio de cámara, traía dos, y de ahí me regreso a la camioneta... y ya no pudimos avanzar, entonces mi idea fue bajar porque estaban cambiando ya el cuerpo de Colosio, de esa camioneta a una ambulancia".

Dos militares se subieron al vehículo de Cervantes, lo confundieron con uno del Estado Mayor, y aunque se percataron de su error ahí se fueron al Hospital General, siguiendo la ambulancia que llevaba a Colosio.

En el trayecto uno de los soldados "soltó" que al candidato priista "le habían pegado fuerte".

Al impacto que provocó el magnicidio siguió el enardecimiento de quienes buscaban un culpable, recuerda el fotógrafo José Luis Camarillo.

Las fotos eran su objetivo, no ser parte de la reacción colectiva, por eso apenas se dio tiempo de pensar que el cuerpo que fotografió era de una persona que minutos antes era asediada por una multitud.

"De inmediato en cuanto agarraron a Mario Aburto lo empezaban a golpear, a aventarle piedras, le ponían la pistola en la sien... le gritaban 'te vamos a matar, te vamos a matar', la propia gente y los del Estado Mayor".

De inmediato en cuanto agarraron a Mario Aburto lo empezaban a golpear, a aventarle piedras, le ponían la pistola en la sien... le gritaban 'te vamos a matar, te vamos a matar', la propia gente y los del Estado Mayor

Camarillo, quien trabajaba para el Diario 29, afirma que si la situación lo amerita, también es aceptable intervenir.

"Nosotros lo íbamos correteando, tomándole fotos... ya se lo querían llevar y en eso llegó el comandante Rubí y le dijimos 'ahí va el que disparó en contra del candidato, persígalo porque le pueden hacer otra cosa'... como que lo querían desaparecer o cosas así".

En su opinión, de no haber sido por un jefe de la Policía de Tijuana, la historia ahora podría contarse diferente.

"...entonces fue que el comandante Rubí, que era el de las Fuerzas Especiales, prácticamente impidió que se lo llevaran a escondidas".

David Rubí Gómez era comandante del Grupo Táctico de la policía de Tijuana, los fotógrafos y decenas de personas vieron cuando cortó cartucho de su arma a los elementos del Estado Mayor para que accedieran a llevar a Mario Aburto a las instalaciones de la PGR, a donde los escoltó.

A Víctor Flores, su compañero del Diario 29, le extrañó la organización del evento que comparado con otras giras de candidatos presidenciales parecía improvisado. Había llegado caminando porque el acceso a Lomas Taurinas era un embudo entre calles de tierra, sinuosas y empinadas.

Después de una hora de discurso, Colosio bajó del templete que instalaron en una camioneta estacionada entre las calles Torrecillas y La Punta, fue el momento que Víctor aprovechó para esperar la salida.

"Llegó un momento en que terminó y pusieron la famosa música esa de la cumbia de 'la culebra'... se hizo una algarabía y gritos y aplausos... yo no escuché los disparos".

Los cambios en la colonia que poca gente conocía; la plaza de la Unidad y la Esperanza flanqueada por una estatua del político sonorense, construida en lo que era un terregal, donde se perpetró el magnicidio, no borran el recuerdo que tiene Flores de esa tarde del 23 de marzo de 1994.

"Claro, sí, la llegada del licenciado Colosio aquí a Lomas Taurinas, en el momento de estar dirigiendo su mensaje, donde se ve el tumulto de gente y él hablando, pero cambió totalmente la perspectiva... esas imágenes ahí se van a quedar, como se quedan en tu cabeza grabadas completamente para toda la vida, para toda la vida...".