Migrante es secuestrado y termina en la cárcel en México

Ángel Amílcar se despidió de su familia en Honduras hace casi 6 años. Iba a EU para conseguir dinero para su hijo enfermo de cáncer. Hoy está en la cárcel, no pudo enterrar a su hijo.

Ciudad de México

Ángel Amílcar Colón Quevedo salió de su casa en Honduras en enero de 2009 para llegar a Estado Unidos, trabajar y conseguir dinero para que su hijo mayor fuera atendido del cáncer que padecía. Se quedó a unos metros de ese país, fue secuestrado en Tijuana y aprehendido por autoridades mexicanas acusado de delincuencia organizada.  

Actualmente se encuentra recluido en el Cefereso número cuatro de Nayarit. La única prueba en su contra es una confesión que él firmó tras presuntamente ser torturado y humillado.

La pareja de Ángel, July Alexandra Baltazar, está en México para seguir el proceso, recuerda que el día que él se despidió de ella y de sus hijos le dijo que era para que tuvieran un futuro mejor; “me dijo que iba a ser poco tiempo, que se ha convertido casi en seis años”.

Su vida en Honduras

July describe a Ángel como un hombre dinámico, de espíritu fuerte, emprendedor y que lucha por sus ideales. “Él se destacaba por ser defensor de los derechos humanos, pertenecía a la Organización Fraternal Negra Hondureña, que se encarga de defender los derechos de los garífunas en el país de Honduras, la etnia a la que pertenecemos”, comenta.

Ángel estaba cursando la carrera de Ingeniería Eléctrica en la universidad pública de San Pedro. No contaba con un trabajo formal y lo que ganaba no alcanzaba.

“Teníamos dificultades económicas y mi hijo mayor enfermó en ese entonces de cáncer, y estábamos viviendo en la casa de un familiar de él, la intención de moverse era para darnos un futuro mejor”, cuenta July.

Para poder viajar, Ángel tuvo que pedir prestado, ya que sólo para cruzar tenía que gastar 3 mil dólares, en total para el viaje necesitaba 5 mil.

Su paso por México

July narra que su pareja salió en enero y no supo de él hasta después de septiembre; “pensé que había muerto, en especial por lo que se oye en los medios de México”. En ese tiempo la mujer tuvo que enfrentar la desaparición de su esposo y la muerte de su hijo mayor.

“Tuve que trabajar porque había que suplir la necesidad de dos niños, económicamente impactó mucho porque no es lo mismo dos ingresos, o el ingreso de un hombre que gana más de lo que uno puede percibir, emocionalmente también fue muy fuerte”, comenta.

July tiene casi cuatro años de no platicar con él a solas, todo es por teléfono o por cartas. "Las veces que hablamos es de trámites legales, los documentos que necesitaba y ya yo se los conseguía y se los hacía llegar”, explica.

July tiene información de lo que pasó con Ángel en México y en su trayecto por las investigaciones del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), quien tomó el caso, ya que lo consideran víctima de criminalización. 

“En lugar de que el Estado lo protegiera como víctima del crimen organizado lo criminalizó por su condición de migrante”, señalan sus abogados.

Secuestrado, detenido y torturado

Mario Patrón Sánchez, subdirector del Centro Prodh, explica que cuando Ángel logró llegar a Tijuana, después de ser abandonado por el pollero que supuestamente lo llevaría a Estados Unidos, una persona apodada “El Ruso” le ofreció cruzarlo, él aceptó pero fue llevado a una casa de seguridad donde le dijeron que estaba privado de su libertad. Le explicaron que tenía que esperar unos días para que lo cruzaran. 

Ángel cuenta a sus abogados que en esa casa lo obligaban a hacer trabajos de limpieza. El resto del tiempo debía estar encerrado en un cuarto.

“Cuatro días después hay un operativo judicial y lo detienen como parte de la banda, es incomunicado 14 horas, es llevado a instalaciones militares de manera irregular, tiempo en el que fue torturado y humillado y como resultado hay una declaración de incriminación. Fue sometido a un arraigo de 77 días, no contó con asistencia consular y después de cinco años no hay sentencia ni de primera instancia”, detalla Patrón. 

Ángel cuenta en su declaración que el día de su detención fue golpeado, asfixiado, lo hicieron caminar de rodillas por una loma mientras recibía puñetazos, lo amenazaron con seguir torturándolo si no obedecía. Por ello decidió realizar las “humillaciones desagradables” que le pedían, como limpiar los zapatos con la saliva de otros detenidos, realizar posturas militares que no sabía hacer; “me insultaban, me convirtieron en el payaso que divertía a su público (…) en la madrugada se me hizo firmar documentos y no me quedo otra opción”.

El subdirector del Centro Prodh explica que Ángel, quien actualmente tiene 37 años, no está aún condenado; "cabe mencionar que al ser detenido no tenía en su posesión armas y no existen elementos que lo vinculen con las que fueron encontradas en el lugar", según el parte informativo de la policía.

 “Ya se le realizó la prueba de la tortura, vinieron dos peritas desde Honduras, estamos ya pidiendo el cierre del periodo de prueba, siguen las conclusiones de la defensa y del Ministerio Público; estamos hablando de los siguientes tres meses en que acabe esta primera instancia del juicio”, explica.

Ángel pide justicia y que las leyes mejoren

Patrón comenta que la forma más rápida para conseguir la libertad del hondureño es a través de las conclusiones de no acusación por parte de la PGR, que ya lo ha hecho en otros casos, como en el caso de Jacinta Francisco.

Otra opción es esperar que el  Poder Judicial haga su trabajo "en estricto apego al derecho, (con lo que) Ángel debe salir libre y debe ser declarado inocente”.

July pide a las autoridades mexicanas la libertad de Ángel y que le den la oportunidad a su hijo de 8 años de tener un papá con el cual convivir.

“Él desea que se haga justicia y que las leyes mejoren para que otras personas no pasen esto que nosotros vivimos”, comenta.