Tres mexicanos tienen vidas exitosas en China

Con nostalgia hablan de su tierra natal, pero no niegan las oportunidades que en Asia les han otorgado para crecer personal y profesionalmente, así como la calidad de vida de la que gozan.
Eduardo se fue contratado, pero después de un tiempo ya tiene su propio restaurante en Shanghái.
Eduardo se fue contratado, pero después de un tiempo ya tiene su propio restaurante en Shanghái. (Martín Salas)

México

Ni la distancia ni el idioma fueron barreras para que tres mexicanos buscaran desarrollar sus talentos en China.

Un chef, una directora de un sitio web y un diseñador industrial han construido sus vidas muy lejos del país que los vio nacer, pero han aportado conocimientos a esta cultura.

En entrevista con MILENIO, la nostalgia aparece en sus rostros cuando hablan de México; sin embargo, no pueden negar ni rechazar las oportunidades que China les ha dado para crecer personal y profesionalmente, así como la calidad de vida de la que gozan.

Vivir fuera de México, aseguran, les ha permitido reflexionar qué es lo que les gustaría para su país, pues aseguran que cuenta con la gente para tomar un rumbo brillante.

Ellos son algunos de los 2 mil 341 mexicanos que habitan en China, de acuerdo con datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

El luchador

El rostro del mítico luchador mexicano Blue Demon asoma en las fachadas de Xiantiandi, una de las zonas más exclusivas de Shanghái por sus tiendas y restaurantes.

El luchador. Tacos & Tequila es un local que destaca por su colorido y máscaras de peleadores mexicanos.

Eduardo Gómez, el chef ejecutivo, es originario de la Ciudad de México y lleva cinco años viviendo en la nación asiática. Gracias a su esfuerzo y dedicación ahora es la cabeza de uno de los restaurantes de comida mexicana más importantes de esta ciudad costera china.

De 33 años, el chef dirige en la cocina a por lo menos 20 chinos, más el personal de barra y meseros, todo, después de aprovechar una oportunidad extraordinaria.

"Trabajaba en un restaurante de comida oriental en Polanco, cuando recibí una llamada de una propuesta de trabajo aquí en Shanghái. Tras platicar con mi chef ejecutivo me animó y decidí llegar a este país. Llegué para colaborar en un restaurante de comida mexicana y ahora tengo este que es mi bebé (el restaurante) y estamos creciendo", relata.

Su experiencia y talento le permitieron obtener rápidamente la confianza de los inversionistas del grupo Camel Hospitality, para el cual trabaja, integrado por australianos, italianos y chinos. Él es el único mexicano.

Este restaurante abrió sus puertas el año pasado y su encomienda fue ofrecer una imagen fresca de la comida mexicana, rompiendo un poco, asegura, con los estereotipos que tienen del mexicano en el exterior.

"La idea era ofrecer comida mexicana sin pretensiones. En una plática (con sus socios) pensamos que teníamos que echar abajo los estereotipos como los nopales, bigotes, cáctus y los sombreros.

"Ahí fue donde el luchador entra. Yo les dije: soy del DF y cuando era niño me sentaba todos los domingos a ver las luchas, es un gran recuerdo. Entonces pensé que era un concepto padre, un poco más urbano", recuerda.

En el país de los tallarines llama la atención el menú: guacamole, quesadillas de pollo, res, frijoles y queso, tacos de arrachera, camarón, pollo con adobo, carnitas, salsas verde y roja, pico de gallo; y para beber aguas de jamaica, horchata; cervezas Corona y las clásicas margaritas.

El lugar es acogedor por su paredes azules, rosa mexicano, negro y morado, pero lo que más atrae son los grandes cuadros de luchadores mexicanos como El Santo y las máscaras que cuelgan de la barra.

Pero Eduardo no estaría completo sin su familia china, esa que adoptó desde 2011 cuando llegó a esta ciudad. Un equipo de cocineros chinos que de su mano han aprendido la cocina mexicana.

"Todos son chinos, el único mexicano soy yo. Es la familia que me ha acompañado desde hace tiempo. Ellos conocen a qué saben unos frijoles, cómo nixtamalizar, a qué saben unas tortillas, el arroz a la mexicana, poco a poco han aprendido a tener ese amor por la comida mexicana", cuenta.

Y en el ajetreo de la cocina cuando la afluencia de clientes es mayor, el chef lanza algunas órdenes en chino, aunque al principio no fue así.

"Cuando llegué no sabía nada de chino, he tenido que aprender".

Conecta y enriquece

Originaria de Cuernavaca, Morelos, Yonanetl Zavala Cadena, directora del sitio electrónico Hola China, llegó en 2009 a esta nación.

En su curiosidad por descubrir culturas y emprender nuevos retos, la entonces sobrecargo llegó a China con una licencia por un año sin goce de sueldo, pues la aerolínea en la que trabajaba enfrentaba una crisis.

Sin embargo, China no siempre estuvo en su radar, pues la también administradora pensaba realizar estudios de posgrado en Europa. Fueron las voces de su mamá y su mejor amiga quienes la impulsaron a viajar a este país.

"Inicialmente solo pasaría un año aquí y quería aprovecharlo para aprender chino, pero llegué en un periodo en el que las inscripciones ya habían pasado, así que me dediqué a hacer lo que más sé: viajar. Pronto se pasó el año y cuando me di cuenta ya no me quería regresar", recuerda.

Ese mismo año, Yonanetl se unió al equipo de la publicación que en un primer momento era una versión impresa y estaba dirigida por una colombiana y una española.

En breve se quedó a la cabeza del proyecto y desde entonces ha crecido, convirtiéndose en 2013 en un sitio digital, el cual incluso ofrece servicios de agencia de publicidad y una consultoría.

La máxima es: "Conecta y enriquece". Solo por medio de la información y de conocer al otro es como las barreras lingüísticas, culturales y económicas se rompen, añade la mexicana de 40 años.

Con sus contenidos y asesoría, el sitio Hola China, explica Yonanetl, busca facilitar que empresarios de países hispanohablantes establezcan relaciones comerciales en China y viceversa.

Ahora se nota tranquila, no obstante, acoplarse a una cultura tan diferente no fue fácil.

"Hay una experiencia que jamás se me va a olvidar. Un día recién llegué a esta ciudad, había caminado y caminado, no sabía tomar el autobús, un taxi, y me perdí, estaba sedienta. Finalmente encontré una tiendita, entré desesperada por agua, pero no sabía preguntar el precio, no sabía qué decir. La vendedora solo me hacía señas, algo como un tache, entonces creí que no me quería vender el agua, yo estaba desesperada.

"Mientras ambas agitábamos las manos, saqué mi monedero y le dije: "¡Cuánto!", entonces me lo arrebató y sacó un billete de a diez (yuanes), a eso se refería con sus señas", recuerda.

Precisamente por ello, plataformas como la suya colocan la información al servicio de las personas para que las relaciones, principalmente comerciales, sean más fluidas.

Yonanetl asegura que China le dio el crecimiento espiritual que necesitaba. Cuando se le pregunta por su país, reflexiona unos minutos y empieza a hacer comparaciones que la llevan de la nostalgia a la tristeza: "México. Yo amo a mi país, porque yo creo que a donde vayas nunca dejas de ser mexicano y sentirte orgullosa, pero cuando empiezas a medir algunas cosas que ocurren aquí (China), por ejemplo, el que como mujer puedas caminar por la calle vestida en minifalda a las 2 de la mañana y que no te pase nada, no tiene valor.

"Como me gustaría que pudiésemos caminar por las calles de México tranquilos y seguros, que pudieras intercambiar tu tarjeta de presentación y que no hubiese ningún morbo, sino al contrario nos juntáramos para hacer cosas mejores. Y es que en China te reciben porque piensan en sumar. Cuáles son tus talentos, los míos y qué podemos hacer con eso, no se trata de que el otro me va a quitar el empleo", expone.

"Comparto ideas"

Precisamente con la idea de sumar es que Rodrigo Campos llegó a China hace unos 8 meses. Ahora colabora con la empresa de impresión 3D en la que, afirma, observa un futuro prometedor.

"Lo que me gusta es que comparto ideas, proyectos, conceptos, formas de ver con gente que tiene diferentes puntos de vista porque vienen de otros países, todos proponemos ideas que pueden encajar en diferentes aspectos, son muy innovadoras", explica.

El talento de Rodrigo en esta materia fue aprovechado por su jefe chino, quien en poco tiempo le ha confiado proyectos que han participado en ferias y exposiciones en Shanghái.

"China es un país que experimenta grandes oportunidades, grandes reconocimientos, y un gran conocimiento que se puede adquirir fácilmente. Un sentido de la innovación muy marcado", señala el joven de 28 años.

En las oficinas, localizadas en un centro de nuevas tecnologías en Shanghái, Rodrigo discute nuevos proyectos con sus compañeros de Inglaterra y Portugal, sobre todo de la impresión en 3D esmaltada a partir de filamentos especiales que ellos mismos producen. Un proyecto que ha resultado innovador por su calidad.

Aún no sabe cuánto tiempo estará en China, pero tiene claro que el camino por recorrer todavía es largo.