El sistema y los políticos fueron blanco de la ira

Tras ser detectado entre la multitud, Cárdenas se convirtió en el objetivo casual de un movimiento galvanizado y enfurecido por el papel jugado por el PRD en el caso Abarca.
Las muestras de repudio hacia los partidos fueron evidentes.
Las muestras de repudio hacia los partidos fueron evidentes. (Octavio Hoyos)

Ciudad de México

Hace 26 años, Cuauhtémoc Cárdenas salió del Zócalo capitalino en medio de una lluvia de papelitos amarillos y negros, en el cierre de su primera campaña presidencial. Era junio de 1988 y miles le aclamaban por encarnar una heroica ruptura con el sistema. Ayer, en el mismo lugar, el ingeniero recibió otra lluvia. De insultos y escupitajos, solo por su pertenencia al PRD.

 “¡Asesino!”, le gritaron una veintena de manifestantes que participaban en la marcha organizada para protestar por la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, crimen aparentemente cometido por el alcalde perredista de Iguala, José Luis Abarca, quien solo comparte con Cárdenas la militancia y nada más. Y aun cuando injusto, el cántico, nunca antes recibido por el ingeniero, tenía que ser demoledor: “¡Fuera, fuera, fuera!”

Eran las 7:15 de la noche y la marcha de protesta por la matanza y desapariciones de Iguala cerraba en el Zócalo. Tras ser detectado entre la multitud, Cárdenas se convertía en blanco de la ira de un movimiento galvanizado y enfurecido por el papel jugado por el PRD en el caso Abarca, al servir el partido de facilitador para que un presunto matón se hiciera del poder pese a múltiples señales de alarma.

“¡Traidor!”, espetaron. “¡No te queremos en Guerrero!”, le insistieron. ¿Quiénes? No queda claro. Los normalistas de Ayotzinapa se deslindaron posteriormente de la lluvia de botellas, piedras y mentadas que cayeron sobre el ingeniero, que durante el ataque se encontraba flanqueado por Salvador Nava y Adolfo Gilli.

Si los insultos no tienen un origen claro, que son inmerecidos no queda duda. Más hacia un luchador social cuyo padre –el general Lázaro Cárdenas--, plantó y germinó la semilla de las Normales Rurales en México. Pero ¿por qué pensó Cárdenas que sería bienvenido en una marcha como la de ayer, en la que el PRD y la clase política eran objeto de la furia y repudio de miles de estudiantes y activistas?

De las críticas a la clase política que marcaron el resto de la marcha se desprende otra conclusión. Todo apuntaría a que Cárdenas solo estuvo en el momento erróneo en el lugar erróneo. La furia no tenía su nombre. La cólera tras las desapariciones y matanzas de Guerrero tiene destinatario y ese es el sistema que falló en detener a un alcalde psicópata.

 

II 

La marcha que trajo a la Ciudad de México la tragedia de Ayotzinapa arrancó a las cuatro de la tarde, como estaba previsto. Miles de fotografías con los rostros de los 43 desaparecidos fueron repartidas entre los asistentes, quienes blandían pancartas con mensajes de apoyo, pero también exigiendo una clara asignación de responsabilidades.

“¿Qué harías si fueran tus hijos?”, se leía en una de tantas pancartas. Otra decía: “Aguirre, eres un asesino”. Ambas eran sostenidas por Isabel y Ana Cecilia, tía y prima de Carlos Lorenzo Hernández, Lencho, un jovencito de 17 años que forma parte de los 43 estudiantes secuestrados.

“Estaba muy feliz de haber entrado a la Normal. Nos decía ‘ya voy a tener trabajo, mamá, ya voy a trabajar”, dijo Isabel. “La familia está destrozada. ¿Dónde está Lencho? Es un niño. Exigimos que nos lo devuelvan”.

Pero ni de Lencho ni de sus compañeros se sabe nada ni hay responsables tras las rejas. Abarca está prófugo porque a nadie se le ocurrió vigilarlo y en Guerrero no hay respuestas. Incógnitas que, a lo largo de las tres horas y media de duración de la manifestación, alimentaron el encono hacia los políticos por no haber detenido al alcalde y su esposa, aun ante las múltiples muestras de que algo estaba podrido en Iguala.

“No más narcopolítica”, reclamaba otra de tantas pancartas. “¡Juicio a los responsables!”, decía otra. Una más: “¡Todos son iguales!”. Una cuarta: “Ángel Aguirre responsable”. Una quinta: “Cárcel a los 300 narcopolicías de Iguala”.

Y si al perredismo le fue mal, no puede decirse que el encono no se repartió parejo. El cántico que siguió a la marcha desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo fue claro: “¡Ni PRI, ni PAN, ni PRD!”

Ya en el Zócalo, al dar a conocer un pliego de exigencias, las organizaciones sociales que participaron en la marcha lamentaron que haya tomado al gobierno federal 8 días para intervenir en el caso, cuando el gobierno guerrerense parecía estar rebasado y el gobierno igualteco estaba, todo apunta, cooptado por el narcotráfico. Es decir, a todos toca.

“Exigimos enjuiciamiento y castigo a los autores materiales e intelectuales de estos hechos”, reclamó el actor Daniel Giménez Cacho. "Sean responsables por omisión o aquiescencia".

Significativo, hasta del interior del propio PRD también hubo críticas a lo que la política ha significado en esta crisis. Minutos antes del fin de la marcha y de que Cárdenas fuera apedreado, otro histórico de la izquierda, Javier González Garza, el Güero, observaba el paso de los manifestantes en el cruce de Eje Central con Juárez. 

Lucía preocupado. A la vista de los miles de participantes que llevaban pancartas como "todos los políticos son enemigos" y otras acusaciones directas, resopló: “Es una barbaridad lo que el partido ha hecho con sus relaciones en Guerrero”.