Ellos, los Sánchez, y Martín, su desaparecido de Ayotzinapa…

Esta familia camina, junto con miles de personas, por el asfalto de la Autopista del Sol, exigiendo que se haga justicia.
Muchos llevaban pancartas con nombres y fotos.
Muchos llevaban pancartas con nombres y fotos. (Daniel Cruz)

Guerrero

Ahí van, los Sánchez, arrastrando sus pies lentamente... Ahí van, andando por el asfalto hirviente de la Autopista del Sol en Chilpancingo, cargando su dolor, su angustia, su incertidumbre. Se les nota que, estoicos, soportan el severo peso de sus almas quebradas: tienen las miradas tristes, pero más que eso, angustiadas, extraviadas, perdidas, las pupilas bien dilatadas, espantadas. Ni siquiera tienen muchas fuerzas para lanzar consignas de furia. No. No pueden: van mutilados de las emociones.

Son los Sánchez. Ocho de ellos. De los familiares de Martín. De Martín Sánchez, uno de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa. Por eso todos portan camisetas blancas en las que se lee, en letras verdes: "Los Sánchez". Y en negras: "Martín". Los Sánchez de Martín yerguen una enorme manta que tiene impresa una foto del joven, un muchacho de apenas 20 años. Se lee en la lona:

"MARTIN. ¡Tu familia te espera!"

Y ahí van, junto a miles y miles más de guerrerenses, maestros, normalistas, universitarios, preparatorianos, alumnos de secundaria, guardias comunitarias, ciudadanos, marchando en protesta por los asesinatos y desapariciones de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa. Pero ellos, los Sánchez, y los familiares de otros 43 estudiantes, más que corear consignas de luchas sociales, lo que hacen de rato en rato es vociferar duro esos nombres que les duelen:

"¡Abel! ¡Vive!" —gritan y levantan los brazos hacia el cielo.

"¡Abelardo! ¡Vive!"

"¡Adán! ¡Vive!"

Y Alexander. Y Antonio. Y Benjamín. Y Carlos. César. Christian. Cutberto. Doriam. Emiliano. Everardo. Felipe. Giovanni. Israel. Jesús. Jhosivani. Jorge. José. Julio. Leonel. Luis. Magdaleno. Marcial. Marco. Martín. Mauricio. Miguel. Saúl. Tomás. Treinta y un nombres diferentes pronuncian (algunos se repiten) hasta rezar 43 veces. Nombres de sus ausentes. Nombres con rostros juveniles plasmados en pancartas. Nombres de jóvenes vivos. Porque ellos, los Sánchez, y los demás familiares, se aferran a eso, a la esperanza de que se los devuelvan vivos...

"Soy Javier Sánchez. Soy primo hermano de Martín. Él apenas estaba en su primera semana en la Normal de Ayotzinapa. Él tiene 20 años. Nos sentimos tristes. Queremos que vuelva. Vamos a luchar hasta que lo hagan todos, hasta encontrarlos. Aquí nos vamos a plantar. De aquí no nos movemos (han decidido los familiares realizar un plantón por tiempo indefinido en el zócalo de Chilpancingo). Estamos muy enojados. Y muy tristes, por la ausencia momentánea de todos esos muchachos. Pero Martín... tenemos confianza en que va a regresar. Y va a hacerlo con vida. Es una barbarie lo que pasó (se le empiezan a llenar de lágrimas los ojos y hace una pausa). Una barbarie. El primer día nunca pensamos que se tratara de nosotros. Vimos una nota en la televisión, pero jamás pensamos que se tratara de nosotros. Un día después el tema fue puesto en la mesa de la comida, pero todavía no dimensionábamos la magnitud de este asunto. Ya el sábado por la tarde la familia corrió la voz de que era Martín. Todavía no lo creemos. Todavía pensamos que va a regresar. Es más, estamos organizados en la familia y ya nos pusimos de acuerdo en que, ahora que regrese, vamos a hacer una comida (quiere animarse, sonreír, quizá sentir esperanza, pero sus ojos son de gran dolor, más acuosos que nunca en la breve charla). Vamos a hacer fiesta (se le quiebra la voz y contiene las lágrimas)... Ahora que regrese Martín. Porque va a regresar, ¿verdad (busca un asentimiento)? Tenemos toda la esperanza de que ellos sí van a regresar. Y con vida. Sabemos que hay un asunto delicado de cuerpos encontrados. No vamos a dar por hecho de que se trata de los muchachos hasta que los estudios científicos nos digan lo contrario. Los papás ya fueron para que les tomen muestras. En el último de los casos lo que dicen los papás es, bueno, que como sea, pero que nos los regresen. Ellos están devastados. Sus rostros dicen más de lo que nosotros podamos decir acá. Ellos no comen como todos nosotros, no duermen como todos nosotros...".

Catarsis de los Sánchez por su Martín. Su Martín de 20 años desaparecido. México, Guerrero, octubre de 2014...