Los pacíficos marchaban y los violentos provocaban

Grupos de provocadores se infiltraron en la marcha de miles de personas que salieron a las calles del Centro del DF.

Ciudad de México

Una y otra vez, durante más de hora y media, cientos de jóvenes (alrededor de 700), parapetados en vallas triples de metal que fueron colocadas en el lugar, arrojaban botellas de plástico, de vidrio, cohetones, monedas y pequeñas bombas molotov a 70 elementos del Estado Mayor Presidencial que cuidaban las entradas de Palacio Nacional y que, impertérritos, se dedicaban a esquivar los objetos sin responder los ataques.

Una y otra vez los agresores arremetían, mientras a unos metros se llevaba a cabo un mitin pacífico con padres de familia de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa. Desde el templete, a través de un altavoz, los organizadores de la marcha exigieron reiteradamente que cesara la violencia, que nadie le hiciera eco "a los provocadores". Decenas de miles de personas que marcharon por calles y avenidas del Centro de la ciudad, y que llegaron a la Plaza de la Constitución, coreaban:

—¡No-violencia! ¡No-violencia! ¡Sin-violencia! ¡Sin-violencia!

Pero era inútil: conforme transcurrían los minutos, los jóvenes que asediaban Palacio Nacional, algunos encapuchados, insultaban y provocaban con más enjundia a los militares. Por momentos, algunos de los chavos brincaban las vallas a fin de recorrer los 50 metros que los separaban del edificio, pero de inmediato soldados vestidos de negro los correteaban y los muchachos retrocedían.

Y volvían a lo mismo: a lanzar objetos con la clara intención de herir, sobre todo con cohetones y botellas. Eso hizo que decenas de policías federales y de la policía del Distrito Federal se acercaran para formar dos líneas de protección que cubrieran a los militares.

Tiempo después, ante la mirada de miles de personas que no abandonaban el Zócalo a pesar de que ya había concluido el mitin, miles de personas que permanecían ahí como si estuvieran viendo un show, los jóvenes no cejaron: con pequeños alambres abrieron los candados con los cuales habían sido asidas varias cadenas para sostener las vallas, derribaron los escollos y se plantaros a tan solo unos metros de los policías, que trataban de dispersarlos con polvos de extintores.

El enfrentamiento fue inevitable minutos después: los uniformados avanzaron contra los jóvenes. Esto provocó una estampida de los miles de curiosos que aún no se habían marchado. Hubo algunas personas levemente lastimadas por las caídas, pero nadie de gravedad.

En el enfrentamiento ambos bandos se golpearon, algunos jóvenes usaron palos, algunos policías escudos. Las fuerzas del orden terminaron por desalojar la Plaza de la Constitución y calles aledañas, y en varias ocasiones encapsularon y detuvieron a jóvenes.

Pero antes, decenas de miles habían marchado pacíficamente.

***

Varias veces grupos de encapuchados intentaron incrustarse en los contingentes de estudiantes, maestros, trabajadores, familias completas que marchaban por Reforma. Y varias veces los ciudadanos, la mayoría vestidos de negro en señal de luto, gente proveniente de todos los sectores socioeconómicos, impidieron que se infiltraran. A la altura de la glorieta de Colón, los encararon a gritos:

—¡Sin-capuchas! ¡Sin capuchas! ¡Fuera capuchas! ¡Fuera capuchas!

Eso les espetaron y los jóvenes no tuvieron más opción que retirarse. Entonces sí, la gente se dedicó a marchar en paz, con veladoras, con velas, con antorchas, con cartulinas, con globos blancos, con flores, con fotos de los jóvenes desaparecidos. Algunos cantaron, otros corearon consignas, la más recurrida contra el Presidente de la República: "¡Fuera-Peña! ¡Fuera-Peña!", gritaban a lo largo de todo el recorrido. Y también, en cuanto aparecían policías, vociferaban: "¡Asesinos! ¡Asesinos!"

Pero, más allá de la fuerza de las voces, de los gritos de indignación, todo transcurrió en paz entre esas decenas de miles de personas. Hasta que cientos de jóvenes se acercaron a Palacio Nacional.

Con información de José Antonio Belmont, Liliana Sosa, Marco Campillo, Fanny Miranda, Stephanie Ochoa, Erika Flores, Nadia Venegas y Pedro Domínguez