Los Algodones, edén del turismo médico

En esta temporada entre 8 y 12 mil estadunidenses y canadienses, cruzan a diario la frontera en busca de atención y medicinas, pues los precios en México son hasta 70% más bajos que en sus países.
La máxima afluencia comienza en los primeros días de diciembre y concluye a mediados de marzo.
La máxima afluencia comienza en los primeros días de diciembre y concluye a mediados de marzo. (Araceli López)

Mexicali, BC

La comunidad de Los Algodones es un ejemplo “de cómo los norteamericanos necesitan los servicios de los mexicanos”; entre 8 y 12 mil estadunidenses y canadienses, sobre todo de la tercera edad, cruzan diario en esta temporada la frontera a pie o en vehículo.

Atraviesan la línea, como en su casa, para atenderse la dentadura y en busca de atención médica, incluso para comprar medicinas a precios menores que en su país de origen.

Los Algodones, o Vicente Guerrero, tiene poco más de 122 años de fundada; “es una punta de flecha” que ya no tiene para dónde crecer. En uno de sus márgenes corre el río Colorado y, por el otro, el desierto de Mexicali. En la punta hace frontera con el poblado de Andrade, California, Estados Unidos. Ambos pueblos se tocan pared con pared.

La máxima afluencia de turismo médico comienza en los primeros días de diciembre y concluye a mediados de marzo. Es cuando, como las aves migratorias, los pacientes de Estados Unidos y Canadá llegan para su atención dental y médica. Se van al llegar la primavera.

MILENIO recorrió las escasas vialidades. En apenas cinco calles se da todo el turismo médico, que deja una derrama anual de aproximadamente 6 millones de dólares. En tres o cuatro manzanas se da la actividad.

Aquí todo está pensado para sus visitantes enfermos: no hay semáforos y los autos se detienen cuando alguien está parado en una de las esquinas. En éstas hay rampas para el desplazamiento de sillas de ruedas.

El especialista en oncología José Luis Díaz Barbosa da un ejemplo de los precios que se manejan con relación a los del vecino país del norte. Diferencia que explica la gran afluencia de pacientes.

“Son tremendamente más bajos”, califica y pone el caso de una paciente suya, menor de edad de origen norteamericano que, enferma de leucemia, “en un mes se acabó 2 millones de dólares allá en su tratamiento”. Estaba asegurada.

Ante la desesperación por el fin del seguro, sus padres, de origen mexicano, la llevaron con este médico a Los Algodones; “la familia pagó alrededor de 10 mil dólares, es mucha la diferencia”, cuenta.

Pero no fue todo. Según la versión de Díaz Barbosa, los médicos estadunidenses estaban sorprendidos de su recuperación. “En muy corto tiempo en Estados Unidos la niña  se deterioró tremendamente y aquí en México, con la atención de varios especialistas, subió de peso y mejoró notablemente”. Aunque, al final, la muerte se la llevó.

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Álamo es la calle principal de Los Algodones. A las 10 de la mañana se respira ya el olor a la anestesia y se escucha el ruido de la maquinaria. Mujeres y hombres con bata blanca o azul cielo bajan de sus autos y enfilan a sus consultorios.

Pareciera que no hay habitantes en Los Algodones, sino puro turismo de la tercera edad y médicos y dentistas. Aunque, según el censo 2010 del Inegi, allí viven más de 6 mil habitantes.

Mucha de su población es ajena a ese boom médico que se ha vivido en los últimos ocho años. Aunque el primer consultorio mexicano, cercano a la frontera, se estableció por 1986. Los viejos pobladores se dedican a la producción de algodón o, en el mejor de los casos y por la falta de recursos, rentan sus tierras a estadunidenses, que las han convertido en un vergel. “Mucha tierra mexicana casi es territorio gringo”, dice un campesino.

Díaz Barbosa explica que “en Estados Unidos se dejó a un lado a las personas no productivas o poco productivas, como los jubilados, igual a los latinos: no se les atiende de forma apropiada, además el costo es muy alto, por eso vienen a México”.

Los Algodones se localiza a escasos 50 kilómetros de la capital, Mexicali. “Se le puede llamar la ciudad del dentista… en el pueblo el negocio principal es lo dental”, dice el pintor Jesús Pedro Lara González.

Observador y conocedor de lo que sucede a su alrededor, señala que los canadienses son “los que realmente ingresan dinero, aportan un poquito más que los estadunidenses”.

En un consultorio de Sani Dental Group, Francisco Javier, de origen mexicano con residencia en Santa Rosa California, explica: “Allá el trabajo dental es sumamente caro, entonces uno se arrima a la frontera para poder buscar este servicio. En el norte de California, si no se tiene la aseguranza medica dental, una corona, una sola corona, sale entre 2 mil 500 y 3 mil dólares”.

En Los Algodones, “una corona normal está entre 250 y 300 dólares”. “Venimos buscando servicios que nos ayuden no solo a los de habla hispana, sino al anglosajón y canadiense”, agrega.

Ahí mismo, Ronny coincide en que “el costo de los servicios dentales en Estados Unidos es más caro; allá por arreglarme los dientes me cobran 60 mil dólares y aquí, más o menos, unos 6 mil dólares”.

Señaló que junto con su esposa ahorró para su trabajo dental en Los Algodones, donde se hospedan por una temporada. Dice que la idea de Donald Trump de poner un muro en la frontera y de expulsar a trabajadores mexicanos “es una mala idea”, puesto que ambas sociedades se necesitan. “Desapruebo todo eso, no estaría bien, ni para este lado ni para el otro”.

En la garita de Los Algodones, por donde cruzan a pie los estadunidenses, hay hombres que con buen manejo del inglés ofrecen los servicios. Según el director clínico de Sani Dental Group, Javier Muñiz Pérez, en la localidad existen entre 350 y 400 dentistas. “70 por ciento de los pacientes es estadunidense y el resto canadiense. Muchos se quedan aquí de tres a cinco meses y otros tienen casa en Arizona y California”.

Destaca que “los costos andan entre 60 o 70 por ciento menos” y que a diario desfilan en promedio alrededor de 40 nuevos pacientes.