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Sábado , 18.08.2018 / 19:12 Hoy

La misericordiosa serenidad

Todo el mundo tiene una tía inolvidable. A mí la fortuna me dio varias. De la última nos despedimos hace poco. Se llamaba Maicha. Y fue sin duda excepción entre excepcionales.

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Sin duda en los años recientes, cuando ir de visita a sus ojos era hurgar en ellos en busca de la chispa inteligente con que solía ver hacia donde mirara. La fue perdiendo en aras de la desmemoria. ¿Se acordará de mí?, nos preguntábamos. Y quién sabía. A veces sí y a veces no. Luego nunca. Y pasaban los años sobre la pena de sus hijos, y la de los otros que empezamos a extrañarla mucho antes de que se fuera, en definitiva, a la luna y sus alrededores.

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