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Miércoles , 12.12.2018 / 22:01 Hoy

La fiesta se desparramó hacia el Zócalo

Crónica

Después de ser investida jefa de Gobierno de CdMx, Claudia Sheinbaum hizo un recorrido entre vítores desde la sede del Congreso local, situado entre Allende y Donceles, al ayuntamiento.
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Por fin había sido ungida como jefa de Gobierno. Una de las más leales en la lucha de Andrés Manuel López Obrador, ahora Presidente de la República, pues su activismo había sido ostensible en templetes, donde animaba a las multitudes, casi siempre acompañada de la comediante Jesusa Rodríguez, con quien se alternaba para lanzar inflamadas arengas.

Y ahora, en una mañana nublada que se despejaría mientras avanzaba el día, miércoles 5 de diciembre de 2018, llegaba al domicilio del Congreso local, para ser investida como jefa de Gobierno —“la primera elegida en las urnas...”— de CdMx. Entre vallas metálicas, en medio de aplausos, iba acompañada de colaboradores.

La gente se desbordaba sobre mamparas estrechas. Llegaba entre coros de apoyo de simpatizantes y militantes del Movimiento de Regeneración Nacional, mejor conocido como Morena, y entró a la antigua Cámara de Diputados, hasta hace poco Asamblea Legislativa, que se convertiría en Congreso.

En la tribuna desfilaron representantes de cada partido. Los de Morena y sus aliados se llevaron las palmas. En su turno abuchearon al panista Mauricio Tabe. “¡Fuera, fuera!”, coreaban los morenistas concentrados entre las calles de Donceles y Allende.

Entre los reunidos fuera del recinto crecía el rumor de que estaba a punto llegar el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien arribó a las 11:10, y fue cuando se escuchó la repetición de su segundo apellido.

El presidente saludó desde las escalinatas y también recibió aplausos al entrar al salón de sesiones. Lo invitaron a ocupar el estrado, donde ya estaban Claudia Sheinbaum, quien ya había sido ungida como jefa de Gobierno.

Se cumpliría el rito con el discurso de la jefa de Gobierno, quien anunciaría decisiones novedosas, como la desaparición del cuerpo de granaderos, que le fue aplaudida, y más tarde salió acompañada del Jefe del Ejecutivo, y ambos, las manos alzadas, saludaron desde las escalinatas a la multitud que desgranó aplausos. El Presidente salió por Donceles y Sheinbaum entró al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, a tiro de piedra, donde presentó a su gabinete y el proyecto de trabajo.

Más tarde salió sobre Donceles, quebró sobre Allende, donde era esperada por la muchedumbre, y se fue de largo, sobre Bolívar, seguida de simpatizantes y una nube de reporteros, hasta llegar a Madero, donde dio vuelta hacia Zócalo, siempre seguida por la banda de música Donají, del maestro Soilo Solís Félix, que no dejaba de tocar.

Una mujer vestida de monja no dejaba de alzar una pequeña pancarta que abarcaba un letrero, Feliz AMLO nuevo, a lo que llevó al curioso a preguntarle sobre el motivo de su indumentaria.

—Soy Sor Juana...–respondió.

—¿Y su alias?

—Oliva; apoyo a Andrés Manuel desde el año 2000.

La jefa de Gobierno, mientras tanto, avanzaba en medio de una multitud, formada por simpatizantes, reporteros, fotógrafos y camarógrafos, y en ocasiones era empujada, pues quienes la resguardaban eran insuficientes ante la marea humana que se apilaba a cada paso. Ella correspondía los saludos con abrazos y la mano alzada.

Eran 15:00 cuando entró al zócalo, tapizado con flores de Nochebuena, y ahí fue donde se escuchó una voz de mujer que exigía:

—¡Tranquilos, señores, tranquilos!

—¡Son los reporteros, son los camarógrafos!– aludió otra.

—Sí, son ellos los que hacen su desmadre– terció otra voz.

—Todo por una vieja– dijo una que admiraba las Nochebuena.

—¡Es la jefa!– dijo alguien.

—Aaahh– gruñó quien había sido atropellada.

Sheinbaum entró al antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde inauguró una exposición fotográfica.

Hasta allí había llegado parte de la multitud y la banda Donají, que se reventó Dios nunca muere, animada, entre otros, por un personaje autollamado El charro negro, "para servirle a usted y a mi virgen, que la busco y no la encuentro, pues será porque soy ateo".

Afuera, ciclistas blandían letreros: "#No más muertes viales", "Claudia, tú tampoco nos puedes fallar".

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