La invasión del tabaco paraguayo

Todos los meses cientos de miles de cajetillas producidas en ese país emprenden un enredado trayecto internacional que lleva mercancía ilícita al norte y dinero de vuelta a Sudamérica.
Tabaco  pirata
(Juan Carlos Fleicer)

México

Millones de cigarrillos de Paraguay han comenzado a inundar el mercado de México y su venta hoy engorda las billeteras de los bien conectados empresarios paraguayos. Las cajetillas sudamericanas cada vez resultan más fáciles de obtener: a 10 pesos, son tan baratas como las chinas y dos veces menos caras que las mexicanas. Incluso son más económicas que Los Delicados.

"Made in Paraguay for export only" es una etiqueta que encuentran con mayor frecuencia las autoridades aduaneras mexicanas, ya sea en embarques marítimos o en las cajuelas de automóviles y camionetas detenidos en Quintana Roo, Veracruz y Tabasco, cerca de Centroamérica. Son tantas que el Servicio de Administración Tributaria prohibió este año, por completo, la importación de tabaco por la frontera sur y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ha emitido dos alertas ante su presencia en cientos de tiendas.

Pero aunque las aduanas hayan cerrado, los cigarros guaraníes siguen llegando. Con la aparente connivencia del gobierno paraguayo —al que varios países han exigido sin éxito que detenga el contrabando—, todos los meses cientos de miles de cajetillas producidas en Paraguay emprenden un enredado trayecto internacional que lleva tabaco ilícito al norte y dinero de vuelta a Sudamérica. En el caso mexicano, es un periplo que desemboca en distintas garitas, por donde las cargas ingresan ilegalmente, escondidas o mediante el pago de sobornos.

Una investigación de MILENIO, basada en datos de los gobiernos mexicano y brasileño, así como reportes de agencias privadas, permite reconstruir parte del camino que han tomado los cigarrillos paraguayos hasta México. En una de sus variantes, la marítima, la ruta inicia muy cerca de la frontera entre Paraguay y Brasil, donde se concentra el grueso de la industria tabacalera paraguaya. De ahí, los embarques siguen por tierra y mar hasta eventualmente llegar a Aruba, desde donde se les embarca a la frontera entre Quintana Roo y Belice, punto por el que todas las semanas ingresan vía contrabando hormiga decenas de miles de cartones de cigarrillos sudamericanos.

Otros de los trayectos para que los cigarrillos producidos por los tabacaleros paraguayos lleguen al norte parte de Ciudad del Este, conocida coloquialmente como "la capital del contrabando de Paraguay". Desde ésta, se les lleva por el río Paraná hasta el Atlántico, donde se embarcan a Panamá. Ya una vez en el canal, toman una ruta terrestre a Belice y luego el sur mexicano.

El tercer y último camino podría definirse como septentrional. Según detalla un estudio de la consultora suiza MSIntelligence, éste corre por el Pacífico, de Panamá a Tijuana. Una vez en la frontera norte, los cigarrillos son enviados por contrabandistas a Ciudad Juárez, punto en el que pueden ser distribuidos más fácilmente hacia varios estados.

En realidad, es una bien aceitada maquinaria que no se detiene y que tiene origen y protección en territorio paraguayo. "Todos los días Paraguay echa miles de cigarrillos a sus fronteras", dice Luciano Stremel, director del Instituto de Desarrollo Económico y Social de Fronteras de Brasil (Idesf), una organización no gubernamental dedicada a impulsar el comercio internacional legal. "El contrabando se lleva a cabo en todo tipo de vehículo. Tenemos autotanques, tráileres, lanchas y autobuses cargados de mercancía que termina en la Receita Federal (aduanas) decomisada".

Las sospechas que despierta la actividad tabacalera de Paraguay a escala continental, tanto entre gobiernos como en gigantes de la industria del tabaco, se centran en el elevadísimo número de fábricas dedicadas a la producción de cigarrillos en ese país, que en los últimos años se ha convertido en la superpotencia cigarrera de Latinoamérica. Para muestra, una comparación: Brasil y México, con poblaciones de 200 y 120 millones de habitantes y economías que en conjunto ascienden a 3 mil 500 billones de dólares, tienen entre ambos 20 fábricas de cigarros. Paraguay, con su población de 6.7 millones y su economía de 25 mil millones... tiene 32.

Augusto Rodríguez, agente especial de la Policía Federal brasileña, admite que el elevado nivel de contrabando paraguayo de tabaco se ve facilitado por las diferentes cargas fiscales entre Brasil, México y Paraguay. Mientras que los cigarrillos brasileños y mexicanos deben pagar 61 y 62 por ciento de impuesto sobre su valor de producción, uno paraguayo solo enfrenta una carga de 9.1 por ciento. Los incentivos para llevar carga ilegal a ambos mercados son, por ende, enormes. Tanto como las ganancias potenciales.

"A veces quisiera que tuviéramos un muro fronterizo", ironiza el agente. De forma muy similar a lo que pasó en la frontera entre México y Estados Unidos, en Ciudad Juárez, la frontera de Paraguay y Brasil se ha vuelto territorio de pandillas dedicadas al contrabando. En el caso de Foz de Iguacú y Ciudad del Este, se lleva tabaco a todas horas: es posible verles de día y de noche, en piraguas, cruzando el río Paraná.

Junto con los cigarrillos, la violencia ha llegado de la mano de las bandas de contrabandistas. Son recurrentes los tiroteos en ambos lados de la frontera y todos los días se decomisan embarques en la margen brasileña. Otro dato remite a la experiencia mexicana con el contrabando: Foz de Iguacú ya es la sexta ciudad más violenta de Brasil.

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La Cofepris tiene identificadas al menos 30 marcas paraguayas que hoy se venden ilegalmente en territorio mexicano, disputando la primacía del mercado negro a las de origen chino. En su mayoría, son producidas por dos emporios industriales multimillonarios con amplia influencia en la vida política de Paraguay, donde se encuentran entre sus 50 principales grupos comerciales. Se trata de Grupo Cartes, del presidente Horacio Cartes, y Tabacalera Hernandarías. A estos, se les suman empresas menores como Grupo Veneto y San Francisco.

Quien lleva la delantera en esta invasión es Cartes ("Enriquece contrabando a presidente de Paraguay", MILENIO, 8/12/2014). Los negocios mexicanos marchan bien para el presidente de Paraguay y hombre más rico de ese país, a quien muchos apodan el Carlos Slim guaraní. En México, las cajetillas de su empresa, Tabesa han logrado posicionarse como algunas de las de mayor demanda en Reynosa y Torreón, por ejemplo, donde ya tienen acaparado 30 por ciento del mercado, según conteos realizados por la industria del tabaco.

Desde 2009, el director de Tabesa, José Ortiz, negaba la responsabilidad de la compañía con el siguiente razonamiento desafiante: "Tabacalera del Este no hace nada. Nosotros tenemos la función de abastecer el mercado. Y si vos tenés una carnicería y a alguien le gusta tu costilla, ¿vas a dejar de vender si tenés la carne?".

Las de Tabesa, sin embargo, no son las únicas marcas de Paraguay que están ganando terreno en México. Otras también están infiltrándose en el país. En Irapuato los cigarrillos Euro y Blitz, elaborados por Tabacalera Hernandarías, representan 40 por ciento de las ventas en el mercado negro.

La extensión de las marcas sudamericanas se evidencia en el elevado número de marcas disponibles. Las siguientes cajetillas sudamericanas también han sido decomisadas por la PGR y autoridades sanitarias en tiendas mexicanas: Álamo, Bill, Euro, Evidence, Fox, Hills, Hobby, Madison Classic, Open, Point, Kentucky y Golden Beach, por mencionar algunas.

La embajada de Paraguay en México no respondió a peticiones para complementar con una entrevista este reportaje.