Indigentes, con más credibilidad que burócratas, políticos y policías

Contrario a lo que pudiera pensarse por las marchas que afectan a los mexicanos, los maestros son los que obtuvieron los niveles más altos, junto con los doctores.
En una escala donde 0 es "nada honesto" y 10 es "muy honesto", ¿cómo calificaría a los siguientes personajes?
En una escala donde 0 es "nada honesto" y 10 es "muy honesto", ¿cómo calificaría a los siguientes personajes? (Cortesía)

México

La poca confianza que generan la clase política, los policías y los burócratas en la población mexicana ha derivado en que grupos minoritarios, como los indigentes, cuenten con mejores niveles de credibilidad, de acuerdo con un estudio de opinión pública realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cuando se le pidió a los encuestados calificar a diversos personajes de la sociedad en una escala del 0 al 10 (donde la puntuación más alta refiere a un alto grado de honestidad) quienes obtuvieron las valoraciones más bajas fueron los políticos (3.3), policías (3.7) y funcionarios públicos (4.1).

Otros roles que son percibidos como deshonestos por los mexicanos son los que desempeñan abogados (4.4) y empresarios (5.1). Contrario a lo anterior, los médicos, indigentes y maestros son quienes obtuvieron los niveles más altos de honestidad, con 7.3, 6.7 y 6.6 puntos, respectivamente. La corrupción se presenta como una de las principales causas por las que los ciudadanos no confían en políticos, policías y servidores públicos. La Encuesta Nacional de Corrupción y Cultura de la Legalidad 2015, realizada por la UNAM, revela que ocho de cada diez mexicanos consideran que los sobornos son el principal problema que enfrenta el país y que se origina primordialmente en el gobierno.

En este sentido, 47.5 por ciento de la población asegura que este fenómeno ocurre principalmente en altos niveles gubernamentales, noción que s e acentúa en las zonas centro y sur del país. De acuerdo con la publicación de la UNAM, a pesar de los esfuerzos que los distintos niveles de gobierno han realizado para combatir la corrupción, los resultados siguen siendo limitados. En materia de prevención las acciones no son suficientes, pues 75 por ciento de los encuestados afirmó no conocer o recordar alguna campaña anticorrupción.

En contraparte, cuando se trata de recordar algún hecho de la agenda pública que se asocie con corrupción, los casos más representativos para la sociedad son el conflicto de interés protagonizado por la esposa del Presidente, Angélica Rivera, mejor conocido como la Casa blanca y la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En mayo de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto promulgó la reforma constitucional para la creación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) que, según lo declarado por el mandatario, permitirá enfrentar el fenómeno de manera estructural.

Sin embargo, no fue sino hasta después de 13 meses que el Congreso aprobó las reformas a las leyes secundarias que integran dicho sistema. Entre los cambios más polémicos están las modificaciones realizadas por el Senado a la Ley General de Responsabilidades Administrativas, mejor conocida como ley 3de3, en las que se obliga a rendir una declaración patrimonial a los funcionarios públicos, pero también a t odas las personas que tengan contratos con entes públicos (empresarios) o que reciban algún pago proveniente del erario. Sin embargo, aún no ha sido especificado con exactitud quiénes estarán obligados a realizar esta rendición de cuentas.

 A pesar de que las declaraciones deberán ser públicas, algunos datos personales que estén dentro del reporte no serán revelados porque puede perjudicar la vida privada de los declarantes. Ante esto, los defensores de la ley 3de3 exigen que todos los datos sean abiertos en favor de la transparencia. Respecto a la creación del SNA, la UNAM destaca que el éxito del mismo puede basarse en el desarrollo de un contexto normativo simple y congruente y en la definición legal y social que se le dé a esta problemática. La idea de la responsabilidad en un acto de corrupción debe cambiar, para lo cual es necesario entender que las personas corruptas existen en la medida que hay corruptores. Por ejemplo, una cuarta parte de la población está de acuerdo con dar una mordida para no ser multado.

Y ¿por qué ofrecen mordidas los mexicanos? La principal razón es que facilita la vida; en segundo lugar, por costumbre. Otras razones significativas son las necesidades económicas, por ambición y porque no hay consecuencias: 53 por ciento de la población no den unció un acto de corrupción porque considera que de nada sirve. Los altos índices de corrupción en México han sido evidenciados en diversos estudios. Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015 del Inegi informa que por cada 100 mil habitantes hay 12 mil 590 víctimas de la corrupción, situación que explica por qué 64.7 por ciento de los mexicanos cree que en cinco años esta problemática será mayor.