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Miércoles , 20.06.2018 / 01:01 Hoy

Honduras: por culpa del 'narco', la crisis de niños

El mandatario —un abogado de derecha con profundas raíces católicas— admite haber estudiado los casos de Bogotá y México en el diseño de su ofensiva contra la delincuencia.

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Víctor Hugo Michel

El efecto corrosivo del narcotráfico y la violencia desatada por el crimen organizado están detrás de la más grande oleada migratoria que jamás haya visto Honduras, sentenció el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quien advirtió que se ha detectado a redes criminales detrás de la migración de miles de menores de edad a Estados Unidos vía México.

“Cuando investigamos el fenómeno de la migración, particularmente de los niños, llegamos a los famosos coyotes que son parte de esta red de crimen organizado que está ligada también a los cárteles de la droga”, dijo en entrevista con MILENIO, en la que alertó que buena parte de la violencia que ha hecho de Honduras el país más peligroso del mundo está vinculada a las organizaciones del narco que buscan hacer de su territorio un punto de cruce de la cocaína que va de Sudamérica a Estados Unidos.

Miles de niños hondureños están aún en ruta al norte y otros tantos en camino de ser deportados de vuelta al sur, muchos de ellos expulsados de San Pedro Sula, la ciudad más violenta del planeta y cuyas tasas de homicidio –130 por cada 100 mil habitantes en 2013—hacen palidecer a Ciudad Juárez en sus peores épocas. Un éxodo en el que Hernández no duda en ubicar buena parte del peso de la culpa en la violencia que han traído los cárteles mexicanos y colombianos.

“Nunca antes en la historia Honduras había perdido tantas vidas y habíamos tenido este fenómeno de migración debido a la lucha contra las drogas”, dijo. “Lo que ocurre es un fenómeno migratorio entre falta de oportunidades y problemas de inseguridad y todo esto tiene que ver con el paso de la droga por Honduras: el 80, 85 por ciento de la violencia (en el país) se origina del paso de la droga. No sólo son actos de violencia mínimos”.

La historia parecerá similar a muchos en México: un presidente arriba al poder después de elecciones particularmente duras y cuestionadas. Su gobierno inicia con una campaña frontal de combate al crimen organizado y la creación de nuevos cuerpos de seguridad. Urgido de aliados, el Ejecutivo hace del Ejército el puntal de sus políticas públicas y lanza una limpieza de las instituciones que desnuda alarmantes grados de corrupción y complicidades. La batalla contra los grupos delincuenciales se recrudece. Los muertos escalan mes a mes...

Las similitudes no son coincidentes, de hecho, son intencionales. Hernández, un abogado de derecha con profundas raíces católicas, admite haber estudiado los casos de Colombia y México en el diseño de su ofensiva contra la delincuencia, cuya génesis puede resumirse con su principal promesa de campaña: “En cada esquina de Honduras debe haber un militar”.

La promesa, con todo lo que eso significa, va en proceso de cumplirse. Con una deuda externa cada vez más pesada que limita su capacidad de reacción y bajo fuertes presiones de Estados Unidos en distintos frentes, el gobierno hondureño ha echado mano de su Ejército para todo tipo de tareas, desplegándole hasta el punto de quiebre. Hoy militares encaran la explosiva mezcla de creciente inseguridad urbana. Enfrentan a las maras. Deben confrontar a los cárteles mexicanos y colombianos. Venden frijoles en las esquinas, para combatir la carestía. Administran hospitales públicos, ante el descrédito civil.

Y por si fuera poco, atienden la crisis derivada del éxodo de miles de personas al norte: Unidades de élite que responden directamente al despacho presidencial han sido desplegadas en la frontera con Guatemala en la “Operación Rescate de Ángeles”, diseñada para eliminar a las bandas de coyotes que cruzan personas de sur a norte.

En entrevista con este diario, Hernández aborda las raíces detrás del que parece ser el más grande reto que haya enfrentado su joven administración. Habla desde su despacho presidencial en Tegucigalpa, una sala que en su geometría se parece a la oficina Oval de la Casa Blanca. Le llaman el Altar Q y aquí, en medio de libros de autosuperación, pinturas históricas, enciclopedias y una placa que le designa como el policía 0000, aventura:

“Primero Dios, vamos a salir bien”.

--¿Qué papel están jugando los carteles mexicanos en la desestabilización de Honduras?

Una vez que México empezó su lucha fuerte contra el narcotráfico y antes lo hizo Colombia, se produjo el fenómeno de que muchos de estos narcotraficantes migraron a Centroamérica. Porque el tema es cómo ellos mueven la droga de los países que la producen en el sur, hacia el gran consumidor, que es Estados Unidos. Y nosotros estamos en el medio, en el paso. Eso nos genera una ola delincuencial que nunca antes había tenido Centroamérica, Honduras de igual manera. Nunca habíamos perdido tantas vidas como en la década y media pasada. Estamos enfrentando el problema con todo lo que tenemos los hondureños, yo recientemente inicié mi periodo pero ese fue uno de mis compromisos. Y de igual forma debo hacer el llamado a los países productores y consumidores a asumir el principio de la responsabilidad compartida y diferenciada al mismo tiempo. Este no es un problema solamente de El Salvador, Guatemala, Honduras. Es un problema que se origina por la demanda de narcóticos de EU.

--Es un gran negocio.

Es un gran negocio. Y cuando investigamos el fenómeno de la migración, particularmente de los niños, llegamos a los famosos coyotes que son parte de esta red de crimen organizado que está ligada también a los cárteles de la droga. Recientemente tomé la decisión de clausurar la anterior oficina de migración para crear un nuevo instituto y nos dimos cuenta de que estaba permeado en la mayoría de sus agentes y policías de fronteras. Parte de lo que encontramos es cómo el crimen organizado se colude. Encontramos una persona que estaba tramitando 86 pasaportes de menores, entonces eso es crimen organizado. Estamos apresando a varios coyotes, están en la cárcel, miramos como tienen vínculos con otras personas de otros países. Este es un fenómeno trasnacional.

--Dentro de este fenómeno internacional, hay un vínculo mexicano. Sobre todo porque las redes de ‘coyotes’ en México son muy fuertes. ¿Qué mano mexicana han detectado en esta crisis?

Yo diría que eso está a lo largo de todo lo que es Mesoamérica. Pero el principal motivo es por qué se van a Estados Unidos, bien por busca de oportunidades, bien por la ola delincuencial o una mezcla de ambos. Por eso creo que este es un tema que tenemos que abordar todos. Hace poco en Panamá conversé con el canciller (José Antonio) Meade, y quedamos en que era oportuno una reunión entre nuestros cancilleres y cónsules en México.

--¿Qué papel está jugando la violencia en esta emergencia social? ¿Es el pilar central de la migración masiva?

Fundamentalmente lo es. La violencia genera reducción de oportunidades, en términos de ingresos, genera terror y temor. Y si los padres ya están en Estados Unidos, y dicen ‘cómo voy a dejar a mi hijo allá, miro cómo lo traigo’. Lo que a veces no se valora es el enorme riesgo que los niños sufren al momento de ir en esa ruta. Hay muchos niños que se quedan esclavizados en Guatemala, en México, en Estados Unidos. A la mayoría de las muchachitas que van en camino, los coyotes les dan anticonceptivos porque abusan de ellas en el camino. No es justo someter a un hijo a eso.

Si bien ya están regresando miles de niños deportados, finalmente las condiciones que los llevaron a migrar, a dejar el país, ahí siguen. No han cambiado. ¿No volverán a irse?

Por eso aprovecho esta oportunidad para decirle al gobierno americano, al presidente Obama, al Congreso americano, a nuestros amigos mexicanos, nuestros amigos centroamericanos que el abordaje tiene que ser integral, tenemos que atender a los niños que están allá, pero el abordaje tiene que ser en su conjunto para atender la raíz del problema. Honduras está destinando cantidad de recursos en la lucha contra la delincuencia pero también en un programa agresivo de prevención, con iglesias, fundaciones, asociaciones juveniles pero nuestros recursos no son suficientes. Por lo tanto, el principio de responsabilidad compartida pero diferenciada obliga a los países que generan esta migración por causa de la violencia a acompañar a los países que estamos sufriendo esta tragedia.

--¿Cómo puede ayudar México?

México puede ayudar en cuanto a facilitar el apoyo de las acciones que tenemos en nuestros consulados, de igual manera tener una vigilancia sobre las redes de coyotes y del crimen organizado, como lo estamos haciendo acá. Nunca antes habíamos capturado tanta gente entre agentes de migración, estamos detrás de policías de fronteras, estamos ya capturando coyotes. En ese sentido, México en esta lucha por identificar a los cárteles de coyotes si lo podemos decir, a estos grupos del crimen organizado, sería de gran ayuda que estableciera controles cada cierto tiempo o espacio en la ruta del migrante.

--Su gobierno promete encarar al crimen organizado con todo. ¿No le preocupa que le pase lo mismo que a México, con miles de muertos?

Estudié yo el caso mexicano y el caso colombiano. Buscamos las lecciones aprendidas, pero hay algo aquí que fue igual en todos lados: siempre hay un nivel de reacción. Siempre. En el caso de Honduras el problema es que no tenemos el apoyo que tuvo México o Colombia de parte de Estados Unidos. Estamos en esa lucha de hacerles ver a ellos esa responsabilidad que tenemos. Pero los primeros pasos que hemos dado han sido en firme.

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