“De no seguir estudiando, sería obrerito”

Beneficiados con el programa especial de 300 becas para Haití, 93 jóvenes de ese país llegaron ayer a México para realizar sus estudios de educación superior.
Mackenson Difficile obtuvo una beca para estudiar ingeniería civil.
Mackenson Difficile obtuvo una beca para estudiar ingeniería civil. (Especial)

Puerto Príncipe

En un vuelo comercial facilitado por el gobierno de México, 93 jóvenes haitianos llegaron ayer al país para iniciar sus estudios de educación superior.

Es la segunda generación de estudiantes beneficiados con el programa especial de 300 becas para Haití, una estrategia enmarcada en un acuerdo de cooperación entre ambas naciones para brindar a jóvenes de entre 18 y 25 años de edad la oportunidad de cursar alguna de las carreras que ofrecen más de 40 instituciones de educación superior en el país.

Son los mejores promedios de 478 jóvenes que realizaron el examen de admisión en abril pasado.

Sus condiciones no han sido fáciles, especialmente en un país donde las problemáticas sociales y económicas impactan dramáticamente en la educación.

Es el caso de Mackenson Difficile, un joven haitiano de 25 años de edad, quien en penumbras presume los apuntes que utilizó para prepararse para el examen con el que obtuvo una beca para estudiar ingeniería civil en México.

Son casi las ocho de la noche en el barrio de Jacquet, en la ciudad de Petiòn Ville, Haití, una zona marginada en la que de vez en cuando hay energía eléctrica.

Su principal motivación para elegir la carrera es el recuerdo del terremoto que sacudió a esta nación caribeña el 12 de enero de 2010 y las ganas de retornar con conocimientos para mejorar la infraestructura.

Sentado en la mesa principal de una vivienda que apenas tiene tres habitaciones, con techos de lámina que concentran el calor, el joven de piel negra y 1.80 de estatura afirma que la adversidad es lo que le impulsa a buscar el éxito.

“Son las estimulaciones en la familia las que siempre nos han impulsado, nos han inculcado esa noción de trabajar duro para lograr cosas con éxito y con esto he estudiado para ser el mejor”, remata.

Difficile es el mayor orgullo de sus padres, quienes a pesar de las dificultades económicas han procurado que sus hijos tengan mayores oportunidades educativas, en un país donde el promedio de escolaridad es de 4.9 años.

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Peter Stanley Nozil, de 22 años de edad también viajó ayer a México, con la meta de que en cuatro años se titule como ingeniero en energías renovables.

“Mis padres siempre me han dicho que tengo que estudiar y alcanzar el éxito, mi madre siempre me ha dicho que el conocimiento, la gramática y muchas búsquedas fueron las razones por las que hoy logré obtener esa beca”, comenta mientras sujeta la mano de su madre, Marie Carmelle Altenor Nozil, quien forma parte del 49 por ciento de la población analfabeta, según datos del  Banco Mundial.

Peter, el mayor de tres hermanos, dejó truncos sus estudios de carrera técnica, pues sus padres no pudieron pagar más la colegiatura, en un país donde 85 por ciento de la educación es privada.

“Somos cinco en la casa y nada más mi padre trabaja, entonces la cosa siempre ha sido difícil, muchas veces me regresaron en la escuela porque no pude pagar la mensualidad”, recuerda.

En su hogar, ubicado cerca de una barranca con basura y terrenos de milpas calcinadas por el intenso sol, su madre le desea éxito. Peter reconoce que es un apoyo invaluable, sobre todo cuando, según cifras del Banco Mundial, 83 por ciento de la población vive con menos de 2.5 dólares al día.

“De no estudiar en el extranjero, hubiera sido un obrerito”, concluye Peter tras sonreír ampliamente por la emoción de emprender la nueva experiencia.