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Miércoles , 15.08.2018 / 04:41 Hoy

El viacrucis de Keiko

El 2 de febrero de 1986, a las 14 horas, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, José Luis aterrizó junto con una pequeña orca a la que rebautizaron como Keiko.

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Poco a poco la gente olvidó a la ballena y se acabó la lana. Keiko pasaba el día arrinconado con tres meses de sol al año. Contactaron al gobierno islandés para trasladarlo a un corral en el mar. Primero se rehusaron por el papiloma. No podían meterlo entre una población sana. El biólogo apretó las negociaciones. Prometió curarla y situar a Islandia en el mapa turístico de los americanos. Entonces aceptaron. Las lesiones desaparecieron y viajó a Islandia. Intervinieron distintas fundaciones internacionales. “Keiko está muerto”, anunció por teléfono una amiga a José Luis en la Ciudad de México. Tras su liberación, lograron confirmar por GPS que se había acercado a algunas manadas de orcas. Siempre regresaba en busca del contacto humano.

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