Trump: un pobre millonario

El funcionario hace una serie de cuestionamientos sobre los alcances y consecuencias para México y Estados Unidos si el magnate logra llegar a la Casa Blanca, algo impensable, pero posible.
Donald Trump.
Donald Trump. (Arturo Fonseca)

Ciudad de México

Según se han intensificado las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, sobre todo en los últimos 20 años, ha resultado inevitable la inclusión del tema "México" en las agendas de las campañas presidenciales de aquel país. ¿Cómo podrían evitar los respectivos candidatos demócratas o republicanos asuntos como la seguridad fronteriza, el narcotráfico, el comercio y la migración, entre otros tantos temas?

Concluidas las contiendas por el poder, los presidentes electos recurren diplomáticamente a la operación cicatriz al interior y con sus aliados. En el caso de México ¿a quién le podría interesar un naufragio de la convivencia civilizada entre ambas naciones, que comparten una extensa frontera común, límites costeros y oceánicos, pero además familias, socios, amigos, comercio e historia?

Si la idea es consolidar nuestras relaciones con el vecino del norte, la pregunta es ¿a dónde vamos con las amenazas vertidas por Trump relativas a la construcción a nuestro cargo de un muro en nuestra frontera de más de 3 mil kilómetros? ¿Cuál será su verdadera intención cuando pretende dejar sin efecto el TLC, deportar a más de 11 millones de mexicanos, imponer pesados gravámenes a las remesas enviadas por nuestros compatriotas y otros tantos impuestos a nuestras exportaciones a Estados Unidos, entre otras tantas medidas que socavarían el empleo, el crecimiento industrial y la futura prosperidad entre ambos países?

En el caso de que llegue hasta el final, ¿sus asesores cómo diseñarán una operación cicatriz? Su llegada a la Casa Blanca es impensable pero, paradójicamente, posible. Los daños serían, en muchos sentidos, irreparables. Los agravios ya están ahí.

El presidente Enrique Peña Nieto y el mundo entero han lamentado el tono beligerante de Trump. ¿Qué tal si a modo de respuesta y como parte de la guerra a la que convocaría este personaje que confunde un talk-show con una campaña presidencial en el país más poderoso del mundo, los mexicanos radicados en Estados Unidos se tomaran de la mano y convocaran a una huelga de brazos caídos para demostrar su importancia en el contexto económico estadunidense? Ya una película ilustraba lo que sería un día sin mexicanos y sus efectos en la economía y en la vida cotidiana del país vecino.

¿Se imaginará Trump el escenario? La productividad agrícola sería imposible, las obras entrarían en receso, los servicios se verían interrumpidos porque muchos se deben a la operación y capacidad de los mexicanos. ¿Entiende esto el señor Trump? ¿Así es como valora el precandidato republicano al tercer socio comercial de Estados Unidos, cuyas transacciones valen más de mil 500 millones de dólares diarios?

Solamente en el sector agroalimentario, en 2015 México exportó a Estados Unidos 22 mil 600 millones de dólares. Esto es, 62 millones de dólares al día de productos del campo mexicano.

Según datos del Centro Wilson, más de 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen de las relaciones comerciales con nuestro país; adicionalmente, México es el segundo comprador de productos de Estados Unidos, solo después de Canadá.

Ya el presidente Obama, mirando de reojo al republicano, ha dicho "nunca más un dictador". Su mensaje iba dirigido a esa larga lista de presidentes que han tenido la tentación por las dictaduras. Pero enfrente, muy cerca, apuntando a Donald Trump.

¿Se tratará de meros golpes publicitarios para llegar a la Casa Blanca y desdecirse al día siguiente? Lo dudo: el dardo del agravio ha dado en el blanco. La Guerra de Secesión costó casi un millón de vidas, esto con tal de que Estados Unidos no fuera un país esclavista ni racista y ahora llega Trump a arrancar las costras de la historia y a impedir el largo proceso de cicatrización que se suponía cerrado.

El pésimo ambiente que ha propiciado internacionalmente, el envenenamiento que ha creado en su entorno, en nada habrán de ayudarle de llegar al Salón Oval, de la misma manera que no ayudará a la construcción de un mundo más pacífico y estable la aparición de un personaje que venga a dirimir diferencias con la violencia... ¿Cuánto tardaría en insultar a su propio Congreso por oponerse a sus planes?

Las presentes líneas no tienen otro objetivo que levantar una voz, más que como funcionario público, como mexicano. Imposible quedar ajeno y dejar de protestar por el lenguaje con el que se refi ere a nuestros connacionales. Me preocupa también el claro peligro que corre nuestra economía y nuestra sociedad si se llegara a romper el equilibrio.

Una estabilidad que hemos logrado construir en el contexto de nuestras, de por si complejas, relaciones bilaterales con Estados Unidos, cuya consolidación han implicado la suma de esfuerzos de varias generaciones de ciudadanos de ambos países, en aras de lograr un mayor desarrollo para nuestra gente.

La política requiere de diálogo, no de lenguaje amenazador. La política demanda de entendimiento frente a la diversidad, negociación, convenios, colaboración. La verdadera política tiende puentes en lugar de levantar muros.

Ahí está el presidente de Estados Unidos visitando Cuba con afán de allanar los diferendos entre ambos países por más de cinco décadas. Es un ejemplo de sensibilidad y de acercamiento. Una lección para este millonario de Trump que tiene al mundo entre el asombro y la preocupación.

Debemos confiar en el buen juicio de los estadunidenses. El mundo entero espera con preocupación el veredicto final. El pobre millonario deberá cosechar lo que ha sembrado.

*Secretario de Agricultura