“Me dijo que si no me iba con él, iba a matar a toda mi familia”

Una de las víctimas cuenta cómo un hombre, que al principio la enamoró con detalles, la obligó a prostituirse; la madre también narra el calvario que sufrió al denunciar el delito.

Puebla

Elena dejó a su familia por amor y regresó a ella por la misma razón. Los siguientes son los testimonios de una adolescente provinciana y su madre, Jacinta, quienes tuvieron la suerte de sobrevivir a una experiencia de trata de personas en Puebla.

Por razones de seguridad, sus nombres fueron cambiados.

ELENA

Tengo 17 años y hace dos conocí a un chico que me enamoró; un día me habló y amenazó con que si no me iba a vivir con él, iba a matar a mis papás y hermanos… y yo me fui. Era una casa lejos, me tenía encerrada, llevaba hombres al cuarto en el que estaba y me obligaba a tener relaciones sexuales con ellos. Estuve así cuatro meses. Él casi siempre tomaba y, un día, que estaba bien borracho con sus amigos, le quité la llave y me salí.

Siempre fue detallista cuando éramos novios, me regalaba cosas, hasta me dio un celular para que me hablara y todo eso. Me prometió muchas cosas, dijo que cuando tuviéramos una familia iba a regresar con mis papás para pedirles mi mano. Cuando me llevó a esa casa al principio seguía siendo cariñoso, pero después cambió y dije: “No te quiero así”. Prometió que iba a cambiar, pero no cambió.

Me pegaba, me daban de tomar y me obligaban. No supe cuánto dinero le daban, solo veía los billetes. Podía bañarme, comer casi no. Me compró dos mudas de ropa mientras estuve ahí, Luego dijo que me iba a llevar a Guadalajara, a cambiar mis papeles y que nadie iba a saber de mí, porque mis papás casi no me buscaban. Pero tenía mi celular y yo escuchaba que sonaba muchísimo, luego lo checaba a escondidas y me decía: “¡Tú que haces aquí, no debes estar viendo los celulares!” Y vi que tenía llamadas de mis papás y hermanas.

Yo extrañaba mucho a mi familia, los extrañaba muchísimo y a lo mejor eso me dio el valor de salirme para buscarlos.

JACINTA

Tengo 37 años y cuatro hijos, soy ama de casa y mi esposo trabaja en la capital. Mi hija Elena un día ya no apareció, se fue, no me dijo adónde iba. Le hablé por teléfono: “Mija, dónde estás” y ella me decía que lejos. “¿Pero dónde lejos?”, y se escuchaba la carretera, yo no sabía quién la llevaba. Me apagó el celular y ya no me contestó.

Yo no sabía que andaba de novia, porque me salía a trabajar desde temprano y volvía tarde; no supe nada, porque ella, después de la escuela, le ayudaba a una señora. Solo un día me dijo: “Me compré un celular mamá”, y hasta
ahí.

La empezamos a buscar en la zona de Tlaxcala, a poner que estaba desaparecida, tratamos como dos meses, pero no nos hicieron caso. Nomás nos decían: “Vienes a la mañana, vienes a la tarde”. Así nos traían. “¿Por qué mejor no la buscan ustedes, si son los papás? Vayan a tal parte”, nos mandaron por todos lados.

Mi esposo iba, venía, noche, día, no trabajó dos meses y la buscaba, pero nunca la encontramos. Mis hijas no dormían, porque su hermana no aparecía. Yo vivía con miedo, ¿qué tal si a mi hija ya me la mataron, dónde la fueron a tirar? No sé qué le hicieron, así pensaba yo día y noche, me quedaba pensando y haciendo otras cosas hasta que amanecía.

Un día me dirigí a mi ex patrón, que es abogado, y le dije: “No encuentro a mi hija, tiene cuatro meses que no la encuentro”, y él me mandó a la dirección de trata de personas.

ELENA

Agarré lo que pude y me salí. Él me había dicho que si me salía iba a matar a toda mi familia, porque, de hecho, los vigilaba y hasta me decía adónde iban, pero no pensé en eso. En esa casa había otras tres chicas además de mí, pero no las vi muy bien, solo conviví con una de ellas. No se quiso ir, porque tenía su familia cerca y dijo que si se iba, él los iba a matar.

Me fui descalza, era de día, el pueblo estaba lejos y para llegar allá tuve que correr. Luego tomé un taxi y le dije que me llevara dónde estaban mis papás. Cuando fue la policía él se escapó de ahí y no lo pudieron agarrar, hasta apenas, me enteré de que lo agarraron porque andaba tomado y estaba haciendo escándalo.

JACINTA

Llegó muy descontrolada, tenía machucada la mano, porque el fulano ese se la aplastó con la puerta; venía muy flaca, muy mal vestida, mi hija. ¡Le pegó! ¡Tiene como 36 y cacho y ella apenas cumplió 17! “Mamá tengo mucho miedo, yo pasaba hambre, él me amenazaba mucho”, me dijo. “No tengas miedo mija, porque no te va a pasar nada, yo siempre voy a estar contigo”.

Somos mamás, hay que cuidar a nuestras hijas, estar atrás de ellas: con quién vas, adónde vas. Estar más comunicadas con ellas, ese fulano la iba sacar de la ciudad, a cambiarle sus papeles. Gracias a Dios ya lo agarraron, pero yo tengo miedo de que salga y nos haga daño. ¿Qué tal si daña a otras muchachitas?

ELENA

Lo único que les digo es que no se enamoren tan fácil, no se apuren ni piensen que va a ser su hombre ideal. Cuídense, porque yo me enamoré tan de repente en tres meses y después me llevó. Me quedé en segundo de secundaria, pero me gustaría ser secretaria. Ahora mis papás y mis hermanos están al pendiente de mí, casi no salgo de mi casa, porque siento como si me estuvieran espiando, me siento insegura. No voy a terapia, porque me da pena platicar lo que me pasó.