"Los retos, no entregarse a un 'mesías' y abatir el bandidaje": Fernández de Cevallos

La primera de tres partes de la charla con El jefe Diego se transmitió anoche por MILENIO Televisión, mientras que las dos restantes se podrán seguir a las 21:45 horas de hoy y mañana.

Ciudad de México

Al cumplirse siete años de su secuestro, Diego Fernández de Cevallos asegura ser el mismo de siempre, libre “con mucho de qué arrepentirse, pero nada de qué avergonzarse”, y recuerda que durante su cautiverio tuvo incluso la oportunidad de sonreír cuando escribió su epitafio en una pared:

“Aquí yace aquel barbón con diamantes y billetes; llegó muy pobre al panteón por negociar con ojetes”.

En conversación con el director general editorial de MILENIO, Carlos Marín, para El asalto a la razón, Fernández de Cevallos se refirió también a la actual situación de violencia y criminalidad, así como a la incapacidad institucional para enfrentarla.

La primera de tres partes de la charla con El jefe Diego se transmitió anoche por MILENIO Televisión, mientras las dos restantes se podrán seguir a las 21:45 horas de hoy y mañana, por el mismo canal.

“No tuve miedo”

—Ayer hizo siete años de que Diego Fernández de Cevallos fue levantado llegando a uno de tus ranchos y secuestrado durante más de siete meses; Diego, a esta distancia de un capítulo tan siniestro en tu vida, ¿quién eres?

—Soy el mismo de siempre...

—No creo; una experiencia como ésa marca para siempre; de hecho, se dice que un liberado vive permanentemente cautivo por el horror que pasó al ser secuestrado....

—No siempre, depende de cuál sea su filosofía de vida y sus convicciones, porque se sabe de plagiados que cuando no son asesinados, sí quedan permanentemente secuestrados. A mi modo de ver, porque no son capaces de cerrarle la puerta al miedo y no son capaces de perdonar.

—Me imagino que tuviste miedo...

—No, señor.

—¿En el momento de ser levantado no pensaste ‘me van a matar’?

—Sí, claro.

—¿Algún atisbo, algún asomo, algún pedacito de alegría, Diego?

—Sí, muchos; por ejemplo, cuando descubrí que no se debe rezar el padre nuestro para pedirle a Dios que te libere, porque si alguien lo reza entenderá que lo que debe pedirle a Dios es que se haga su voluntad, y si pides la libertad, ya no debes rezar el padre nuestro. Tuve también momentos de alucinaciones, de convulsiones, de fiebre, de vómitos, de todo lo que se vive en un secuestro.

—Algo debes haber sonreído cuando pergeñaste algo así como tu epitafio.

—Sí, claro. He sabido que no hay preso que se respete que no pinte alguna pared, y aunque estaba en una tumba en que no cabe una caja de muertos, tenía un espacio poquito más alto que este refrigerador, donde apenas cabes, no totalmente erguido, tal vez tú sí, pero déjame decirte que ahí puse mi epitafio, lo escribí en la pared y ahí quedó hasta mi salida. Un epitafio con ese plumón que te dan, ahí quedó: ‘Aquí yace aquel barbón con diamantes y billetes; llegó muy pobre al panteón por negociar con ojetes’.

“Sí podemos estar peor”

Sobre el escenario cotidiano de secuestros, la trata, asaltos, extorsiones y narcoviolencia, El jefe Diego sostuvo que el Estado mexicano ha incumplido sus tres funciones fundamentales: educar, promover y hacer cumplir la ley.

“Ser represor, no es sinónimo de un Estado bárbaro, un gobierno de gorilas o que vaya contra los pobres y desvalidos”, puntualizó.

“Hay millones que viven con honestidad, pero otros millones son delincuentes, la corrupción es un cáncer que ha hecho metástasis en México, sin duda”, dijo.

Lamentó la debilidad institucional de los gobiernos y sus policías ante el crimen y, más aún, advirtió que el Ejército y la Marina solo pueden contener la barbarie de los criminales, pero no resolver el problema, por lo cual urgió a discutir la ley de seguridad interior.

Recomendó, en ese contexto, entender bien el momento de “realidad trágica” que vive México y responder a los dos grandes desafíos del país:

“El primero, abatir a como dé lugar el bandidaje que está enseñoreándose del país con la participación y coparticipación de políticos, de gobernantes y de sociedad. Y, por otra parte, cuidar de no entregarnos a un mesías, porque el público que nos ve puede estar seguro que peor de como estamos, sí podemos estar”.