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Jueves , 13.12.2018 / 05:47 Hoy

Trabajo ladrillero, una arriesgada necesidad

Las personas que se dedican a fabricar ladrillos sufren problemas de salud y tienen largas jornadas de trabajo en condiciones insalubres
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Nací en un patio de ladrillos, casi casi. Siempre he trabajado aquí. Ya voy para 50 años trabajando, tengo 62; pero yo le pongo la muestra a los morros de 25 años”, cuenta Roberto, mientras moldea arcilla en una adobera para hacer ladrillos, oficio que aprendió con apenas 7 años de edad.

“Estás quemando el horno y te agarra el agua, entonces te empiezan a doler los huesos”, dice, “ahorita ando malo de una rodilla. A veces no puedo caminar… será por tanto pisar el barro… el cartílago se nos acaba. Siento como si rozara hueso con hueso. ¿Cómo aguanto?… Pues la necesidad, es la necesidad de la comida”, reconoce.

Sus dolencias son resultado de las condiciones en las que laboran los ladrilleros de Tonalá, cuya situación de pobreza, carencia y consecuencias en su salud se muestran en el avance de investigaciones realizadas por académicos de la Universidad de Guadalajara (UdeG), las cuales serán base para la creación de una estrategia, con la que estudiantes del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá) junto a sus profesores buscan contribuir en presentar soluciones para mejorar las condiciones insalubres y pobreza en algunas colonias.

En su labor, los ladrilleros deben usar aguas negras para fabricar los ladrillos, agacharse constantemente y sostener cargas pesadas también ha mermado su estado de salud.

En la mayoría de los casos, en el hogar viven los padres, hijos y abuelos, y si tienen posibilidad de emigrar, según lo requiera su trabajo, lo hacen. Trabajan en terrenos arrendados por un fabricante, al que le venden la materia prima y les paga alrededor de 400 pesos por mil ladrillos. Las jornadas de trabajo van de 6 a más de 10 horas, y los trabajadores no suelen tener seguro social ni Seguro Popular.

Problemas de salud


En el trabajo colaboran todos. Los niños pisan la tierra y la amasan, y en estas fases de elaboración del ladrillo, ellos y los adultos tienen contacto con las aguas negras, lo que puede ser detonante para desarrollar diferentes tipos de parasitosis.

En una muestra de 53 personas de una comunidad ladrillera de Tonalá, se han detectado casos con sintomatología que indica la presencia de parásitos intestinales, como lombrices y amibas.

Esta población presenta también trastornos músculo–esqueléticos, consecuencia del acarreo y carga de materia prima, los trabajos repetitivos y posturas incómodas, y los efectos desgastantes del sol sobre los músculos, explicó Rizo Curiel, quien entrevistó a 64 trabajadores que hacen ladrillos artesanales en una comunidad de Tonalá, de los cuales casi 80 por ciento son hombres y el resto mujeres, con edades de 11 a 80 años.

Las personas que hacen ladrillo de manera artesanal suelen sufrir también trastornos de las vías respiratorias, ya que inhalan polvos como aserrín, barro y tierra para su producción, y no utilizan barreras de protección como cubrebocas.

Los ladrilleros estudiados fueron sometidos a pruebas de espirometría, que tiene como objetivo hacer una medición de la capacidad pulmonar.

De 72 personas, 54 por ciento son sexo masculino y el resto femenino; hasta 36 por ciento presentaron patrones obstructivos leves, los cuales tienen que ver con la anatomía del sujeto que cierra o estrecha las vías respiratorias; en el caso de los ladrilleros esto podría suceder por la inhalación de los polvos. Ninguna de las personas entrevistadas cuenta con seguro social o está en el Seguro Popular. 

CLAVES.
La Investigación
*Fueron objeto de estudio dos comunidades de ladrilleros de Tonalá, y los resultados preliminares reflejan lo que sucede en otras del mismo municipio y de Jalisco, estado que destaca como productor de ladrillo


*2 mil 500 ladrilleras hay distribuidas en todo el estado, de las cuales casi 50 por ciento se encuentran en la Zona Metropolitana de Guadalajara

*En Tonalá, hay alrededor de 500; en cada una laboran hasta 12 personas, entre trabajadores y sus familias que viven de la elaboración del ladrillo. Muchos de ellos en colonias como Santa Paula, Jauja, Santa Isabel, Guadalupana la Punta, entre otras



MC



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