El caudal donde terminó una parte de la noche de Iguala

Es una zona peligrosa, según las propias autoridades, y a 19 meses de la tragedia, los habitantes tienen miedo y no hablan.

Cocula

Una parte de la noche de Iguala terminó en el río San Juan la mañana del 27 de septiembre de 2014… La narrativa oficial al menos así lo relata: en este punto fueron arrojadas las bolsas de plástico con los restos de los normalistas carbonizados y triturados en el basurero de Cocula.

Ese punto es una zona peligrosa, reconocido por las propias autoridades, y aunque pasó ya poco más de un año y medio de aquella tragedia, los habitantes tienen miedo y prefieren no hablar.

En los últimos días, esta área del río San Juan derivó en una disputa entre el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y Tomás Zerón, titular de la Agencia de Investigación Criminal, por la fecha y hallazgo de evidencia durante una investigación realizada el 28 de octubre de 2014.

Este punto comunica el centro de Cocula y la localidad de Puente Río San Juan, perteneciente al mismo municipio, y se encuentra a poco menos de 8 kilómetros y casi 30 minutos de distancia en automóvil respecto al tiradero.

Cuatro viviendas rodean esta parte del río. El GIEI cuestionó que los presuntos responsables de estos hechos arrojaran las bolsas con los supuestos restos de los normalistas a plena luz del día y frente a una casa.

La propiedad más próxima, ubicada al pie del caudal, es una Casa de la Tercera Edad donde adultos mayores realizan ejercicios físicos, que no está habitada y solo tiene actividades los sábados por la tarde; según el expediente de la PGR, las bolsas habrían sido tiradas la mañana del domingo 27 de septiembre de 2014 justo ahí.

La parte lateral de este inmueble —de techo de lámina, construcción de tabique gris y puerta azul— es la que da de frente adonde fueron arrojadas las bolsas de plástico, según las declaraciones de los autores materiales e integrantes de la organización criminal Guerreros Unidos.

“Ocho bolsas pero no llenas, como a la mitad… El Terco ya las traía y dio la orden de detenerse en ese punto y arrojarlas”, declaró ante el agente del Ministerio Público de la Federación Agustín García Reyes, El Chereje.

El halcón confeso de esta banda delincuencial explicó que mientras sus cómplices rompieron las bolsas y vaciaron los restos en el río San Juan, él arrojó íntegras solo dos de éstas.

Un par de casas más se encuentran divididas por el puente y su entrada da de frente al río en el que un agente de la Policía Federal murió y siete más resultaron heridos al volcar la lancha en la que realizaron labores de búsqueda los últimos días de octubre de 2014.

Uno de estos inmuebles no está habitado, el propietario reside en Iguala y ocasionalmente se queda en la vivienda; la otra, de color rosa y pequeñas dimensiones, sí está habitada, pero nadie respondió.

En la última propiedad hay una casa terminada y un par más en obra. Los habitantes, por temporadas, se van a otro sitio porque el río sube y en ocasiones llega hasta su vivienda. Aseguraron que en esas fechas no estuvieron presentes para percatarse de lo sucedido.

Son las cuatro casas que rodean el río San Juan, donde la Procuraduría General de la República —basada en cuatro declaraciones de autores materiales— sostiene que fueron arrojados los restos de los normalistas de Ayotzinapa.

Cercana a estos cuatro inmuebles solo se encuentra una tienda de abarrotes, pero Cristina Pérez, quien atiende el negocio, afirma que llegó al pueblo Puente Río San Juan apenas en octubre pasado y no sabe más que lo que puede llegar a contarle uno que otro cliente.

De acuerdo con otros pobladores, esta parte del río San Juan es una zona muy transitada, pues es el ingreso a la localidad, incluso patrullada por la Policía Federal, cuyos elementos advirtieron al equipo de MILENIO que se trasladó a este punto tener cuidado, pues “se trata de una zona peligrosa”.

Durante una hora, al menos una veintena de vehículos cruzan el puente para ingresar al pueblo, en su mayoría son motocicletas y el resto camionetas de carga, muy pocos automóviles y menos combis, que en la zona funcionan como transporte público; los conductores que constantemente pasan por el lugar y que podrían ser testigos no quieren hablar.

En cuanto a los pobladores, también pocos cruzan por esta zona, la mayoría son de la tercera edad, ataviados con sus sombreros y huaraches… Este es el río San Juan, o al menos la zona donde el relato de la autoridad indica que terminó una parte de la noche de Iguala.