‘Servicio secreto’ de ‘agentes’ estudiantes combate el bullying

Como de película de espías, un grupo de 18 alumnos, infiltrado en los salones, detecta los casos de abuso y violencia para detenerlos a tiempo, antes de que ocurra una desgracia.
Las autoridades han detectado niños con violencia intrafamiliar.
Las autoridades han detectado niños con violencia intrafamiliar. (Francisco Balderas/Cuartoscuro)

Mérida, Yucatán

Escuela secundaria federal número 3 Emilio Abreu Gómez. Colonia Esperanza. 13 horas.

Es el momento en que los alumnos del turno matutino terminan clases y los del vespertino arriban a las aulas de este colegio yucateco, meridiano. Unos minutos después de que el camarógrafo, el fotógrafo y el reportero llegamos a las afueras del lugar, una jovencita empieza a molestar a otra a tan solo unos metros frente a la puerta del plantel. Sin más preámbulo, la jalonea de los pelos, le dobla el cuello, tira de éste hacia abajo, como si se tratara de una muñeca de trapo. Un muchacho se interpone entre ambas, intenta evitar el pleito, pero las adolescentes ya están trenzadas.

Quince segundos dura el sometimiento impuesto por la abeja reina de tercero de secundaria. Durante esos mismos quince segundos brotan peticiones de piedad de la víctima. Murmullos apenas audibles. La verdugo solo se detiene cuando se percata que la cámara de MILENIO está ahí, grabando la escena. Ambas niñas se separan, profieren grititos de susto, la víctima se tapa el rostro con una prenda y se aleja, mientras la abeja reina camina sonriente, triunfante, hacia su colmena, donde la esperan las risas aprobatorias de sus obreras. Son las populares del lugar. Los demás alumnos, decenas de varones y mujeres, observan sin intervenir, como si se tratara de algo habitual.

De hecho sí lo es. El bullying es algo cotidiano en esta modesta colonia de la capital yucateca. Tan lo es, que el director de la escuela, Gualberto Enrique Burgos Rosado, ideó una estrategia para este curso escolar: crear el Servicio Secreto Estudiantil. Emocionado por el nombre, como de película de espías, un grupo de 18 alumnos (nueve mujeres, nueve hombres), infiltrado en los grupos, se encarga de detectar los casos de abuso para detenerlos a tiempo antes de que ocurra una desgracia. Nadie sabe quiénes son, sus identidades: ni los maestros ni los alumnos. Solo el director y la trabajadora social. Y el hombre dice que sí, que el experimento le ha dado resultado: afirma que van desapareciendo los casos, lo cual confirma una de las agentes, alumna de segundo de secundaria.

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En el patio de la escuela, mientras los alumnos ya están en clases el director del turno vespertino explica cómo recluta a sus agentes.

"El nombre de servicio secreto estudiantil les gusta. Nosotros los animamos, los incentivamos para que acepten. Con las trabajadoras sociales vamos viendo a los alumnos que son reservados y aventajados también. Que tengan buenas calificaciones. Las mujeres son más efectivas en los trabajos que les encomendamos. Algunas veces rechazan ingresar porque piensan que los van a castigar o agredir los compañeros"

—Que son soplones.

—Exactamente, que son soplones, pero los sensibilizamos para que aprendan del poder de la denuncia.

—¿Cómo operan? —se le pregunta.

—Ellos tienen la responsabilidad de su salón. Y cuando salen al receso, en donde se muevan, porque no tienen un área específica, van a observar lo que pasa. Y si ven alguna anormalidad, se la platican a la trabajadora social, o a mí.

"Nosotros los animamos. Las mujeres son más efectivas en los trabajos que les encomendamos"

—¿Qué les informan?

—Nos comentan qué pasa, quién grafitea, quiénes son muy agresivos en el salón, quiénes interrumpen constantemente al maestro... Todos esos reportes los llevamos a Trabajo Social y se efectúa un control. Los niños que tienen incidencia, inmediatamente se llama al padre de familia para tomar las medidas pertinentes.

—El contacto con los padres les permite identificar entornos violentos...

—Ahí hemos detectado niños con violencia intrafamiliar. En ese caso hacemos las denuncias respectivas al DIF, donde se encargan de averiguar qué sucede en el seno familiar. Hace tres semanas un padre azuzó a los mismos niños para que se pelearan. "Tienes que hacerte varoncito. Tienes que defenderte", le dijo, y propició el pleito entre los dos jóvenes. Hablamos con la mamá y el papá y dijeron que no iba a volver a suceder, pero hay comentarios de que el señor es violento en su casa y eso lo ven los niños y eso lo vienen a transmitir aquí.

—¿Qué sucede cuando los padres de algunos agentes se oponen?

—Platicamos y le explicamos que es parte de la cultura de la denuncia. Un niño que no tiene valores y le vale lo que sucede, es un niño insensible. Si ve que están aporreando a otro niño, que lo están sangrando y no hace nada, es un niño que no tiene valores.

Dice el director que desde septiembre detectaron en su turno 12 casos de distinta gravedad y que se han solucionado todos. 100%. Que esa es la eficiencia preventiva del Servicio Secreto Estudiantil.

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Está de espaldas a la cámara, para que no la vayan a reconocer sus compañeros cuando aparezca en televisión. Es una de las agentes secretas de la secundaria. Sin dejar de sonreír, salvo cuando cuenta casos de bullying, dice que le gusta su reclutamiento, que se ha vuelto como policía, que observa todo, que ya ve raro todo, y que por eso analiza cada detalle...

"La mayoría de los niños aparentemente no hacen nada, pero hay que observarlos muy bien. Tienen carita de buena gente, pero por dentro son los más terribles de este mundo".

—Entonces te gusta esto...

—Sí, es como de espías. Es muy padre, porque puedes ayudar a los demás compañeros que sufren de ciertas burlas. Hay unos que son crueles. Y hay otros que son tan inofensivos, que es difícil que puedan denunciar. Les da muchísima pena.

—¿Miedo?

—Sí, miedo más bien. Vértigo. Mire, se presentó un caso en primero de secundaria de que todo el salón le estaba diciendo de cosas a una niña. Nos acercamos y le dijimos que viniera con nosotras para que se quejara. Estaba hasta temblorosa. Estaba muy muy mal. De hecho hasta la botaron y se raspó la rodilla. La aporrearon. Mis amigas me ayudaron a sacarla. Ya no la molestan. Hablaron con todas las niñas.

Asegura que todos los casos que ha detectado el servicio secreto los ha resuelto...

"Desde septiembre pasado se detectaron 12 casos y se solucionaron todos; 100% de eficiencia preventiva"

***

—Me dicen Chucky —se acerca espontáneamente una pequeña de primer año de secundaria del turno matutino y, sin mediar pregunta, se queja ante la cámara por el apodo del muñeco diabólico que le han puesto.

—¿Quiénes te dicen así?

—Ellas, de mi salón (señala a un grupo de abejas populares). A veces me hacen bullying.

—¿Por qué?

—Por mis pecas —dice, conteniendo las lágrimas para que no caigan en su rostro que es lindo y que, efectivamente, está lleno de pecas.

—¿Las acusaste?

—Sí, pero las más grandes me burlan. Hay una niña (una abeja reina que observa a lo lejos, rodeada de sus seguidoras) que siempre me fastidia y no me deja de fastidiar...

—¿No le dices a los maestros?

—Se los dije, pero no me hacen caso...

—¿Y a tus papás?

—Ya las acusé. Mi mamá ya está harta...

—¿Te da tristeza todo esto o te enojas?

—Tristeza.

—¿No tienes amiguitas? —se le inquiere. Niega con la cabeza.

—¿Ni una?

—No...

No. Cuando alguien es objeto de las burlas masivas en un grupo, ni quien se le acerque.

—¿No prefieres cambiar de escuela?

Niega con la cabeza.

—¿Aunque te hagan bullying?

Se encoje de hombros. Y se marcha. Tan pequeñita ella de estatura para sus 13 años, con su enorme valentía en el alma, pero con su soledad incrustada en la mirada. Con los ojos llenos de tristeza, de desamparo, porque en su turno, el matutino, que tiene otro director, no hay servicio secreto que la proteja.