La batalla a muerte entre supuestos correligionarios

No los une más que un logotipo, una bandera, un membrete en la hoja que llenan para formarse en la hilera de los que necesitan poder para mostrar generocidad.

Monterrey

Lo hemos visto muchas veces: militantes del mismo partido, todos se dicen demócratas y dispuestos a todo por el bien de su municipio, su estado, en fin, su comunidad.

El discurso que se desvanece cuando las cartas no les son favorables y la apuesta no resulta, entonces es que empiezan los discursos incendiarios, las acusaciones de juego sucio y que los oponentes incurren en todo tipo de trampas y abusos… los mismos que los quejosos en el mismo proceso o en otros anteriores han practicado.

En este caso se llama PAN aunque puede ponerse el membrete de cualquier partido: la carrera es la misma y tiene el mismo objetivo, con los costos, sacrificios y medios que deben implementarse a costa de lo que sea.

Quizá el problema no está en los institutos sino en la idea de que para hacer una labor trascendental por la comunidad se necesita de un cargo, un puesto público electo por miles de votantes.

Quizá todo sería mejor si para hacer algo por su comunidad simplemente lo hicieran.

O quizá su comunidad no está en su lista de prioridades, y el bien que buscan hacer es para alguien más… o para ellos mismos.