“Necesito ayuda para entrar a EU, dejé mi país hace cinco años”

La ciudad fronteriza, acostumbrada al flujo incesante de personas, fue sorprendida hace unos días por una ola extraordinaria, no solo por el número de indocumentados, sino por sus países de origen.

Tijuana, Baja California

Tijuana, una ciudad fronteriza acostumbrada al flujo incesante de personas, fue sorprendida hace unos días por una ola extraordinaria, no solo por el número de migrantes, sino por sus países de origen. Como suele ocurrir, tienen la esperanza de cruzar la frontera, pero ahora llegan en mayor número y vienen de más lejos.

"Hace dos semanas empezamos a tener este incremento. Empezaron a llegar muchos migrantes de Haití, de África y El Congo. Es un fenómeno bastante extraño y reciente, nadie nos sabe decir el por qué", explica la hermana Salomé Lima, integrante del albergue Madre Assunta.

Las religiosas debieron hacer un esfuerzo adicional. El espacio con capacidad para 45 personas alberga hoy a 70 migrantes, muchos de piel oscura. Entre ellos, Djenabou Cissé, originaria de Guinea, quien huyó de su país para proteger a sus cuatro hijos.

Aunque su hogar está a miles de kilómetros, no se ha sentido completamente sola. Con el dedo señala a una mujer ghanesa que llegó con su bebé y a una compañera de cuarto procedente de Camerún. Sin embargo, su mirada y un inglés básico son suficientes para expresar los horrores que vivió.

"Necesito ayuda para entrar a Estados Unidos, dejé mi país hace cinco años porque querían llevarse a mis hijos. Ahora los veo y lloro, créame. Alguien nos dijo ayer que buscáramos al padre y aquí estamos", dice antes de quebrar en llanto.

La hermana Lima asegura que sus esfuerzos para atender a los extranjeros han sido rebasados. "Hemos habilitado otros espacios que no son dormitorios. Ahorita solo podemos ofrecerles un lugar para bañarse, las tres comidas y la garantía de que no dormirán al aire libre".

Con la ola extraordinaria de migrantes, que comenzó a finales de mayo, la garita de San Ysidro se saturó. Ante la imposibilidad de atender todas las peticiones de asilo, muchos de ellos decidieron pasar la noche en los alrededores: pasillos, calles y parques. Sin embargo, fueron retirados por la policía municipal de Tijuana.

Una mujer, originaria de Guerrero, relata: "Nos quitaron ayer como a las dos o tres de la mañana, nos dijeron que no podíamos estar ahí, que a fuerzas nos quitáramos. Nada más avanzamos como diez metros y por ahí nos quedamos hasta que amaneciera".

Lo mismo ocurre en la zona del canal, a unos metros de la frontera, donde los indigentes y migrantes solían cubrirse bajo los puentes. Ahora, los patrullajes municipales son constantes y cualquier persona que no se identifique es detenida y trasladada.

Con el endurecimiento de los operativos y los albergues saturados, incluyendo la Casa del Migrante, otros espacios tuvieron que responder. Fue el caso del comedor Salesiano, conocido como el "Desayunador del Padre Chava".

Su director, el sacerdote español Jesús Arambarry, explica: "Nosotros realmente no somos aquí un albergue oficial, sino ante la emergencia nos pidieron las autoridades un auxilio inmediato y nosotros accedimos".

En los pasillos del desayunador todavía se observan algunos haitianos y africanos, se mezclan con los guerrerenses y michoacanos. Sin embargo, el sacerdote asegura que los operativos de migración para trasladarlos a la garita han disminuido la presión en las últimas horas.

Eso no ha detenido el apoyo de los tijuanenses a los albergues. "Me acabo de enterar acerca de los africanos que andaban por aquí. En esta ocasión recaudé ropa de mujer, zapatos, algo de higiene personal y comida", detalla Maricruz Zavala, habitante de Tijuana que donó un par de bolsas al desayunador.

Y aunque se espera que la situación se normalice, los albergues aún necesitan comida y ropa para niños. Maricruz Zavala reflexiona: "Ellos tienen el mismo derecho que nosotros, y si tenemos un poquito más, es para que nosotros lo podamos repartir a los que necesitan".