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Miércoles , 26.09.2018 / 00:06 Hoy

Añoranza

De cara a la política (en su sentido más amplio) no sólo existen los que le dan la espalda, los que no quieren saber nada de ella, sino fórmulas muy distintas de acercarse y vivirla.

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Nunca han faltado los experimentos por crear "sociedades" apartadas de la sociedad en las cuales los individuos que se agrupan intentan construir una armonía y una calidez que no encuentran en su entorno. Desde los falansterios de Charles Fourier hasta las comunas hippies, desencantados por los valores, las jerarquías, los usos y costumbres hegemónicos, intentaron forjar comunidades capaces de trascender los "horrores" de sus respectivas sociedades y alumbrar opciones alternativas ordenadas por la solidaridad o el amor, el trabajo en común y relaciones de fraternidad. Esos laboratorios, pensaron algunos, paulatinamente contagiarían al resto y por la vía del ejemplo lograrían una transformación del conjunto. Pero si ello no sucedía, la comunidad segregada de la gran sociedad de todas formas daría sus frutos. Era una forma de construir un mundo propio con escasos puentes hacia lo público.


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