Versiones encontradas del enfrentamiento

Estudiantes y padres aseveran que soldados iniciaron la gresca en Iguala, pero no ocurrió así, fueron embozados los agresores.
Felipe de la Cruz, del Comité de Padres de Familia.
Felipe de la Cruz, del Comité de Padres de Familia. (Jorge Carballo)

Iguala

En un comunicado dado a conocer la madrugada de ayer, firmado por dos dirigentes del Comité Estudiantil de la normal rural de Ayotzinapa —Dayro Ángel García y Miguel Sánchez—, así como por dos integrantes del Comité de Padres de Familia —Melitón Ortega y Felipe de la Cruz—, se afirma que, en los hechos ocurridos el lunes pasado en Iguala, a la entrada del cuartel del 27 Batallón de Infantería, fue el Ejército el que inició las hostilidades:

"Éramos esperados por decenas de militares con equipos antimotines (...). Tras realizar el mitin y cuando demandamos la apertura del cuartel para buscar a nuestros hijos y compañeros (...) fuimos agredidos por elementos castrenses que con gas lacrimógeno y piedras empezaron a golpearnos. Para evitar ser más agredidos, los estudiantes optamos por retirarnos abordando los autobuses para trasladarnos a la Normal (...)", se señala en el documento.

De acuerdo con un recuento de hechos realizado por MILENIO, con base en material propio, videos subidos a las redes sociales, fotografías en internet y testimonios de quienes presenciaron los hechos, las cosas no ocurrieron así: fueron hombres embozados quienes arremetieron contra los militares.

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Alrededor de la una de la tarde algunos padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y un contingente de estudiantes se apostaron afuera del cuartel, con la intención de entrar a las instalaciones, afirmaban que soldados habían desaparecido a los normalistas. Pidieron acceso. Se los negaron. A primera vista no podían entrar por la fuerza, horas antes, los militares colocaron una malla ciclónica con púas para contener su eventual avance. Aun si libraban ese escollo, tenían un segundo obstáculo: rejas alambradas.

Los manifestantes optaron por realizar un breve mitin. Enseguida varios hombres trataron de quitar la malla de púas. No había más que un par de soldados a la vista. Lo lograron, la movieron, pero faltaba la reja. Jóvenes encapuchados capturaron un tráiler y lo enfilaron e impactaron a muy baja velocidad contra las rejas del cuartel, las cuales cedieron. Enseguida varios de los jóvenes y adultos ingresaron unos metros por la calzada inicial del cuartel.

Fue hasta ese momento, al ser impactado el tráiler, cuando un par de cientos de elementos de la Policía Militar llegaron apresuradamente al lugar con equipo antimotines y se formaron a toda velocidad para establecer una valla humana. Los bandos ya estaban a no más de cinco metros de distancia. Varios encapuchados iniciaron las hostilidades: lanzaron conos viales de plástico naranja y gas de extintores. Los militares no respondieron la agresión. Los embozados usaron piedras y palos con los que golpeaban los escudos de los soldados, ya estaban frente a frente los dos grupos. En medio de empujones y golpes de ambos lados los militares resistieron. Volaron más proyectiles desde el lado de los manifestantes. Algunos padres pidieron calma a su bando y otros demandaron a los jóvenes que mejor se retiraran. Les decían que "así no era la cosa".

Los militares avanzaron, lanzaron gases y los encapuchados se replegaron a la calle. En su avance los soldados detuvieron a una mujer y a un trabajador de una televisora, a quienes soltaron alrededor de una hora después de terminado el conflicto. Afuera, los jóvenes secuestraron un segundo tráiler. También lo impactaron contra las rejas. Tomaron botellas de cerveza que empezaron a lanzar hacia adentro del cuartel junto con piedras que igualmente eran arrojadas con resorteras y hondas. Fue ahí cuando algunos soldados lanzaron de vuelta piedras.

El saldo fue de seis heridos del lado de los manifestantes, 11 por parte de los militares, además de cinco policías estatales.

Después de las tres de la tarde, en cuatro autobuses, los jóvenes y adultos abandonaron el lugar, no sin antes desprender de una jardinera letras de metal que señalaban: "27 Batallón de Infantería".