Los derechos de las trabajadoras del hogar: asignatura pendiente

Aunque hay avances en la protección de los derechos de las trabajadoras en México, aún queda mucho por hacer. Y el mejor lugar donde empezar, es en casa
Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar
Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar (Inmujeres)

—¿Tú eres trabajadora?, le preguntaba insistentemente el niño a la mujer que lo llevaba de la mano, su abuela. Ambos habían detenido su paseo en la Alameda ante la carpa donde estaba por comenzar la Jornada en conmemoración del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, que se celebró en la Ciudad de México el pasado domingo 3 de abril. La abuela es una de las trabajadoras del hogar no remuneradas (y sobre todo no reconocidas), que no obstante aportan más del 24% del Producto Interno Bruto del país, y a las cuales Ana Francis Mor, de la compañía de teatro Las Reinas Chulas, en el personaje de Santa Rita, recordó que cocinar, lavar, planchar o trapear es una “santa chinga”, y que “eso de que nos es natural y por eso nos sale bonito es una mamarrachada”.

 

Ana Francis Mor

El evento —en el que hablaron representantes de Instituto de las mujeres de la Ciudad de México, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y del colectivo Hogar Justo Hogar, entre otras organizaciones— tenía tres objetivos muy claros: difundir los derechos de las trabajadoras del hogar mediante una cabina de radio que se instalará cada dos domingos en la Alameda; lanzar la campaña nacional de afiliación al nuevo Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho), y recolectar firmas para que México ratifique el Convenio 189 firmado en 2011 por la Organización Internacional del Trabajo, donde se establecen condiciones sociales y laborales justas para las trabajadoras del hogar. 


A propósito, el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong se comprometió a llevar el convenio al Senado para su ratificación antes de que terminara el sexenio, cuando le otorgó el Premio a la Igualdad y No Discriminación 2013 del conapred a Marcelina Bautista Bautista, la directora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (caceh), y activista detrás de logros como el sindicato. Y eso es justo lo que se intentará hacer valer con la recolección de firmas, que se entregará al Poder Ejecutivo el 16 de junio del presente año. 

Entre decenas de mujeres de distintas edades, unas maquilladas, otras con piercings, unas de tenis y otras de zapatillas, sandalias, alpargatas o tacones (una diversidad que despedaza el trillado estereotipo trenzado, uniformado y cabizbajo del gremio), escuchaba y asentía Irma Lozano Cruz. También levantaba la mano para incluirse en el más de 90% de trabajadoras que no tiene contrato escrito ni seguro social. Entre otros motivos, porque para nuestras leyes se trata de prestaciones facultativas, no obligatorias, y porque no existen ni las figuras legales ni los recursos para proteger a las más de 2 millones 300 mil mujeres que se dedican al trabajo del hogar remunerado, y que constituyen el 10% de las mujeres económicamente activas del país.    

 

Irma Lozano Cruz

Pero más allá de la firma del convenio, que a pesar de las repetidas promesas ninguna dependencia se ha mostrado comprometida a ratificar, muchos de los objetivos pueden lograrse sin necesidad de esperar hasta entonces, como enfatizó Maite Azuela, en representación del colectivo de empleadoras Hogar Justo Hogar.

Y buen número de esos cambios que pueden hacerse de inmediato, y casa por casa, son acciones que residen en el ámbito de lo simbólico.

Irma odia los trastes de plástico a raíz de que, de niña, cuando su madre trabajaba en una casa en Lindavista, le quitaron de las manos un vaso de vidrio que había tomado, para sustituirlo por el de plástico amarillo que “le correspondía”.

 —Trastes peores que los del perro, precisa.

También describe lo que siente cuando sus empleadores pasan de frente sin saludarla, sin verla siquiera, cuando al abrir la puerta del departamento que se dispone a limpiar encuentra un camino de ropa tirada de la puerta hasta el baño o la cama, donde también hay que recoger los condones usados.

Tristeza, humillación, “pregúntele a cualquiera de las que están aquí sentadas, una se siente la más horrible”.

Las mujeres a las que señala son de las que ya franquearon los muros de los cuartos de servicio, “donde sus suntuosas arquitecturas nos aislaban e invisibilizaban”, las que caminan “en sentido contrario de esta histórica opresión”, como expuso Marcelina. Para ellas, ideas como la discriminación o los derechos humanos laborales (vacaciones pagadas, pensión, horas extras después de una jornada laboral) son conceptos conocidos. Todas ellas son capaces de cantar a coro el Convenio 189. Todas están conscientes de la diferencia entre sus derechos, y meros gesto de cariño; de que un regalo o una invitación no pueden suplir un aguinaldo.

La propia Irma tiene cuatro años de asistir a los talleres que se imparten cada quince días en caceh. Con todo, no se ha atrevido a demandar que le firmen un contrato. Al igual que las compañeras que gritan —orgullosas y a mucha honra—, la consigna de que son trabajadoras del hogar, tiene miedo de perder su trabajo si siquiera se lo muestra a sus  patrones. Y el término nos recuerda que incluso estas trabajadoras organizadas siguen en el  umbral de esa relación feudal de servidumbre que, en palabras de la doctora Teresa del Carmen Incháustegui, directora de Inmujeres, da por hecho la sujeción personal de quien labora a quien le paga. Alexandra Haas, presidenta del conapred, ubica esta relación feudal, colonial, como el fundamento de una discriminación estructural e histórica.

Pero las estructuras y la historia también se mueven. Pueden moverse.

México está estrenando sindicato. Irma no tolera el traste de plástico que a su mamá nunca le molestó. Y el niño que le preguntaba a su abuela si ella era trabajadora, es tan sólo el primero cuyo paseo en la Alameda quedó impactado el primer domingo de la campaña. Faltan muchísimos. 

Para saber más, afiliarse, o bajar un contrato modelo: caceh.org.mx