[El Santo Oficio] Un maestro

Autor del clásico 'Breve historia de la revolución mexicana', Jesús Silva Herzog no se andaba por las ramas al advertir el fracaso del movimiento social iniciado en 1910
Jesús Silva Herzog
Jesús Silva Herzog (Memoria Política)

Ciudad de México

El cartujo pasa las horas en la biblioteca del monasterio, hundido en un mundo de libros, periódicos, revistas y papeles amarillentos. Encuentra un ejemplar de Proceso del 18 de marzo de 1985, lo revisa y se deprime. Lo mismo de ahora: especulación financiera, ineficaz combate a las drogas, miseria, inseguridad, ineptitud, corrupción y cinismo de los políticos —si no de todos, cuando menos de la mayoría.

En la página 22 lee el obituario de Jesús Silva Herzog, fallecido cinco días antes; el 19 moriría Jesús Reyes Heroles, quien según Carlos Monsiváis fue un solitario, un maestro sin discípulos. Como si el autor de El liberalismo mexicano aún estuviera vivo, las palabras de Monsiváis adquieren inevitable vigencia: "En privado —dice—, Reyes Heroles no estima demasiado a la nueva generación en el poder, le parecen flácidos, atentos solo a la silueta, de avidez solo comparable a su ineficacia".

José Emilio Pacheco dedica su Inventario a Silva Herzog: "A Don Jesús, ahora y siempre", escribe el poeta, y Carlos Acosta desmenuza el pensamiento político del maestro, un hombre de izquierda (la derecha le parecía el camino de los ambiciosos y el centro el de los indecisos, de los cobardes), un crítico indispensable de la manera como se pervirtieron los postulados revolucionarios.

Autor del clásico Breve historia de la revolución mexicana, Silva Herzog no se andaba por las ramas al advertir el fracaso del movimiento social iniciado en 1910. No había logrado sus propósitos —explicaba— "por falta de probidad, de patriotismo, y por la sobra de codicia de no pocos de los encargados de la cosa pública, desde muy arriba hasta muy abajo... El problema de México es ante todo un problema de honestidad".

Asomarse a las ideas —claras y profundas— de Silva Herzog, es vislumbrar las causas del deterioro de la vida en México, donde la crítica seria es cada vez menos frecuente y prevalecen la complacencia o el denuesto siempre interesados. En el recuento de Acosta, el historiador cuestiona severamente las ambiciones sin límite de los políticos: "El político no es en muchos casos ponderado y honesto, no le importa sino el lucro personal, es un logrero de la Revolución (...). Es la profesión más fácil y lucrativa de México. No se necesita cultura, le estorba; lo que necesita es audacia y carencia de escrúpulos y ser un representativo auténtico del machismo mexicano".

En octubre de 1983, al recibir la Medalla Belisario Domínguez, ante el presidente Miguel de la Madrid dijo: "Estoy inconforme con la opulencia y la miseria; estoy inconforme con los millones de mexicanos desnutridos frente a los centenares de mexicanos inmensamente ricos; estoy inconforme con el jacal, con los harapos con que a veces se viste nuestro pueblo... y me produce desbordante indignación".

¿Cuál sería la opinión Silva Herzog y Reyes Heroles en el México de nuestros días?

Queridos cinco lectores, en una tarde nublada, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.