Partidocracia opaca la reforma electoral: Arquidiócesis

La Arquidiócesis de México, a través del semanario Desde la fe, publicó un editorial en la que acusa que el INE es "un placebo mitigador del dolor provocado por la incertidumbre" del sufragio.

Ciudad de México

La seguridad de la reforma electoral está ensombrecida por una "partidocracia encubridora de una clase hambrienta de poder que haría del Instituto Nacional Electoral un placebo mitigador del dolor provocado por la incertidumbre en la efectividad del sufragio", consideró el semanario 'Desde la Fe' de la Arquidiócesis de México.

Después de muchas reformas y los costos millonarios que representan, "la ciudadanía exige el fin de las cooptaciones de partidos y demanda instituciones imparciales que estén a la altura y vayan más allá de respuestas elaboradas al seno de consejerías jurídicas".

En su editorial "Reforma electoral, luces y sombras" la Arquidiócesis señala que cualquier ciudadano tiene el derecho de acceder al poder público en aras del bien común siempre y cuando aspire a realizarlo de forma honesta y capaz, gracias al cuidado de cada voto.

En 2015, destaca, se elegirán cerca de dos mil cargos entre los que están nueve gobernadores y la totalidad de la Cámara de Diputados. Y cuestiona ¿qué garantizará la reforma política?

Para el semanario hay tres transformaciones que han hecho historia en las instituciones democráticas del México contemporáneo. En 1996 cuando el control del secretario de Gobernación sobre las decisiones electorales terminó con la autonomía del Instituto Federal Electoral, en 2007, la reforma electoral fortaleció la participación ciudadana, transparentó las condiciones de equidad y fiscalizó a los partidos, y en 2014, con la modificación de las Leyes Generales de Instituciones y Procedimientos Electorales, de Partidos Políticos y de Delitos Electorales.

El semanario publicó que si bien la instrumentación de la reforma 2014 depende de la integración del INE, el ideal de transparencia se atropelló en un proceso de selección herido por la opacidad de un grupo de notables al sugerir, sin mayores cuentas a la ciudadanía, los nombres de quienes conforman el actual Consejo General.

Dijo que las discusiones se comprometieron al denunciar la intervención de la Presidencia de la República en la redacción de la legislación secundaria, erosionando la imparcialidad y los intereses partidistas hicieron de la Cámara de Diputados una simple oficialía de partes para dar trámite sin debate cancelando, por ejemplo, el empoderamiento ciudadano y modificar las candidaturas independientes para hacerlas más accesibles frente al gran poder económico de los partidos políticos.