Guerrero tendrá una Ciudad Víctima para los desaparecidos

En este lugar se asentarán todas las instituciones del Estado que darán atención a las familias a las que les han arrebatado hijos, padres, hermanos, nietos...

Iguala

El estado de Guerrero, una de las entidades más violentas, tendrá una Ciudad Víctima en Iguala, donde estarán representadas instituciones del Estado que darán atención a los afectados tras los hechos ocurridos los días 26 y 27 de septiembre de 2014, durante la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, así como a familiares de Los otros desaparecidos, que suman cerca de 400 en este municipio, según cifra oficial, aunque el número se dispara aquí y en regiones vecinas.

En su oficina de Ciudad de México, el titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), Julio Hernández Barros, dice que el terreno donde se levantará dicha construcción, donado por el municipio, mide una hectárea y en menos de un año estará lista su edificación.  Integrantes del colectivo Los otros desaparecidos de Iguala, Guerrero, AC, para quienes la contabilidad de ausentes asciende a 500, ya escardan el predio, localizado a orillas de la cabecera municipal, en lo que fueron las bodegas de mantenimiento de Fertilizantes de Guerrero. 

La CEAV sirve de puente con otro tipo de autoridades, estatales y federales, para que brinden lo necesario;  con la SEP, por ejemplo, conseguirán becas escolares; con la Sedesol facilitarán proyectos productivos; con Sedatu, viviendas, y con los gobiernos estatal y municipal, señala Hernández, se pondrán en marcha diversas ayudas.

“Yo calculo que a finales de septiembre tendremos el terreno listo para ser ocupado”, comenta el funcionario, mientras se refiere a Guerrero como “uno de los estados más azotados por la delincuencia, en donde más desaparecidos tenemos”, igual que Tamaulipas, Michoacán, Veracruz, también considerados focos rojos.

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En cuanto a los hechos ocurridos en septiembre de 2014 hubo varias personas atacadas además de los 43 desaparecidos, así como dos fallecidos de la Normal de Ayotzinapa. Para ellos ha sido mínima la ayuda, dice el funcionario, y ninguna para la reparación integral del daño, pues los familiares no la han solicitado.

Los sobrevivientes del ataque a normalistas, en cambio, han recibido asistencia, incluso de especialistas de Cuba y de Costa Rica, mientras que en México son atendidos en “los mejores hospitales”, como el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía y el Instituto Nacional de Rehabilitación. 

Otros grupos afectados, dice Hernández, iniciaron los trámites para la reparación integral del daño y han recibido ayuda con proyectos productivos, becas escolares para niños de kínder, incluso en universidades, a decir del funcionario.

—¿Y las otras víctimas?

—Tenemos otro tipo de víctimas que no pertenecen a estos grupos; podríamos decir, colaterales, dos de ellos fallecidos; unos ya recibieron reparación integral y otros están en proceso de recibirla.

—Ahora, en concreto, en el caso de los familiares de los 43 desaparecidos, ustedes ofrecen asesoría…

—Muy poca, muy poca. Ellos tienen derecho a solicitar también la reparación integral del daño; pero hasta este momento ninguno de los familiares de los 43 desaparecidos nos ha solicitado la reparación integral del daño.

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Y están “los otros desaparecidos”, cuyos familiares ya salieron a la calle y se organizaron en un colectivo con ese nombre, Los otros desaparecidos de Iguala, AC, y su principal dirigente, Adriana Bahena, dice que hay 956 personas registradas cuyo paradero se desconoce, así como otras 250 sin precisar del estado.

Entonces surgió el proyecto Ciudad Víctima y ahora mismo este grupo, que se reunía afuera de una parroquia, ahora se concentrará en un terreno que ya comenzaron a limpiar y en menos de un año se alzará la construcción.

Han encontrado 150 cuerpos y entregado 18. “Tengo tres buscadores”, dice Bahena, cuyo esposo, Saulo Rodríguez Cruz, un pastor cristiano y asesor jurídico de la policía ministerial, desapareció hace seis años. “Yo no busco culpables; yo busco huesos y cuerpos para ponerles nombres”, dice esta mujer de 40 años, con dos hijos.

“Yo digo que mi esposo anda de vacaciones y que a ver cuándo me lo regresan”, dice a un grupo grande, casi todas mujeres, madres y abuelas, que perdieron hijos y nietos de entre 20 y 35 años de edad.    

—Y ha surgido Ciudad Víctima.

—Este proyecto es, sobre todo, para cambiarle la vida a la gente: proporcionarle a cada una de las personas una herramienta de trabajo que le permita sacar adelante a sus hijos y a los nietos que les quitaron a esas familias.

—Y se va a llamar Ciudad Víctima…

—Sí, pero no vamos a permitir que así como nos dañaron, nosotros dañemos a otras personas; lo que queremos es cambiarles la vida. Pedimos que aquí se instale un laboratorio forense, porque una de las cosas que más trabajo nos da y que nos duele, es ver que se llevan esos cuerpos que ubicamos y que nos dan información hasta dentro de un año, y sabemos que los tiempos son tres meses para la identificación. 

Y aquí, entre parientes que buscan  a desaparecidos con sus retratos en el pecho, está Maura Valera, quien desde hace tres años busca a su hijo Víctor Albarrán, que ahora tendría 18. “Yo solo quiero recordarle al presidente Enrique Peña Nieto”, dice mientras mira con ojos acuosos, “que no solo son los 43, son muchos más, muchos más, y entre ellos está mi hijo, y así como los normalistas piden y exigen que quieren a sus hijos con vida, también nosotros”.



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