Plantón de la CNTE: fatiga y desesperanza

A cinco semanas de protestas, en torno al Monumento a la Revolución se deterioran ambiente, sanidad y convivencia; negocios, maestros y autoridades pierden.

Ciudad de México

El olor, por momentos pestilente, recorre las calles aledañas hasta Insurgentes, Reforma y Puente de Alvarado, según sople el viento. Van cinco semanas del plantón de la CNTE en torno al Monumento a la Revolución. Y las pérdidas económicas para negocios de la zona se acumulan; el ambiente, la sanidad y la convivencia, se deterioran.

Empleados de sinnúmero de oficinas públicas y privadas, de establecimientos comerciales del área, tienen que transitar los pasillos entre carpas y lonas, sortear los tensos cordeles que las sostienen y que amenazan las cabezas.

El “orden” al plantón que prometió el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, aún no se percibe. Y los apoyos económicos, aunque lleguen, son meros préstamos que algunos pequeños comercios ya ni siquiera tuvieron tiempo de solicitar.

“Estamos fatigados y desesperanzados”, resume Viviana Grajeda, propietaria del GoTan, negocio de comida en la colonia Tabacalera.

“Se está yendo todo. Sacamos de los ahorros, pero hasta cuándo vamos a poder. Por supuesto tienen derecho a expresarse, pero la libertad de uno termina cuando empieza la de otro”, plantea.

Es viernes. Son las 18:30 horas y el local lo han visitado cuatro personas desde las 9:00 que abrió. Atrás quedan los viernes con asistencia de 70 a 100 clientes, y con espera de algunos en la banca de madera que tiene afuera.

“Me duele en el alma, porque es gente que tenía con nosotros mucho tiempo”, lamenta, al referirse a los cuatro trabajadores –con familiares dependientes– que tuvo que desemplear por las presiones económicas.

La situación que enfrenta ahora su negocio, empeora con gastos extra que tiene que realizar contra la suciedad, ya que utiliza un bidón con 10 litros de cloro por día para limpiar a las afueras del local.

Otros establecimientos, por supervivencia, han tenido que optar entre el “de algo a nada…”, y han colocado cartulinas con leyendas de un giro obligado: “Regaderas. WC”.

[b]Nada para nadie[/b]

Los maestros disidentes han gritado sus razones contra la reforma educativa, principalmente, pero también la laboral, en la Secretaría de Gobernación, en las cámaras de Diputados y de Senadores, en otras dependencias y en las principales vías de la Ciudad de México.

Y en el entorno del Monumento a la Revolución resuenan a diario sus consignas desde el pasado 13 de septiembre, como antes ocurrió en el Zócalo, de donde ese día fueron desalojados por la fuerza pública.

La permanencia del plantón de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ha hecho proliferar puestos informales de comidas y fritangas en calles aledañas, como en La Fragua, y más competencia comercial, desleal a los establecidos.

Baños portátiles instalados a unos metros del descascarado Frontón México, son insuficientes o lejanos para algunos en el gran asentamiento. Comerciantes y vecinos se quejan de que han abierto registros, coladeras, donde los visitantes satisfacen sus necesidades fisiológicas.

La jardinera del hotel Pensylvania, en Ponciano Arriaga e Ignacio Mariscal, como otras, es utilizada con frecuencia para orinar por integrantes del plantón. La suciedad y los malos olores son manifiestos, se queja Ernesto Cervantes, encargado del inmueble.

Refiere que por la misma causa, con frecuencia tienen que cerrar por momentos el Oxxo y el 7 Eleven, en Ponciano Arriaga.

Y cuando se dan las marchas y los policías tienen que cerrar las calles, se dificulta el ingreso de los empleados a la zona, dice Cervantes, aunque reconoce que la ocupación del hotel, más o menos se mantiene.

En los comercios de avenida de la República, la situación empeora.

En el restaurante La Soldadera, el gerente Arnulfo Mendoza desea que así como han llegado representantes de los medios de comunicación para conocer la situación económica del lugar que suelen frecuentar empresarios y políticos, así llegara la gente del gobierno capitalino o del federal para enterarse de la verdadera magnitud del problema que enfrentan los negocios.

Apenas un pasillo sobre la misma avenida y otro creado por las carpas de los maestros, dejan un difícil acceso al local. A la salida, un pequeño cartón con el letrero “Delegación sindical preescolar. San Pedro Jicayán”, despide a los escasos clientes.

El “negocio” ha disminuido en 85 por ciento sus ingresos y de los 70 empleados con que contaba, ha tenido que prescindir de 40 por ciento, mientras los mentores tienen "financiamiento o alguna forma de sustento".

Del ordenamiento del plantón, nada se percibe, todo sigue igual; el ofrecimiento del gobierno capitalino de prestar 15 mil pesos de apoyo a cada negocio, recibe apenas un reproche del gerente Mendoza: “No alcanza ni para el 10 por ciento de la renta, además son préstamos”.

De lo que tiene certeza es de las “verbenas” nocturnas en el plantón, de la música, el baile y los gritos, de las bebidas alcohólicas que cada vez con más frecuencia son consumidas, del foco de infección de la suciedad, del olor pestilente y de que la clientela se ahuyenta, pese a las lonas que anuncian la existencia del restaurante, una de ellas colocada varios pisos arriba del edificio ocupado por el negocio que no se nota en la planta baja.

El gerente sabe también que algunos pequeños negocios no soportaron y tuvieron que cerrar y si bien se respetan los derechos de los profesores, se afectan los de otros.

Y si el problema que originó todo este conflicto compete a los gobiernos federal o estatales, “el responsable de mantener la seguridad, el orden y el funcionamiento en la ciudad, es el Gobierno del Distrito Federal; que se pongan a trabajar, que ellos dialoguen y encuentren una solución”, pide.

Una asociación civil de vecinos y comerciantes establecidos de la zona está en ciernes, porque ni la autoridad federal ni la local han podido resolver el conflicto; las cámaras, ya sean Concanaco, Canaco o Canirac, tampoco han podido influir para ello a favor de sus representados.