Impensable, la foto de los 38 senadores con su dirigente

Los panistas abren su reunión plenaria todavía con evidentes divisiones al interior de su bancada en el Senado.
Mariana Gómez del Campo compartió mesa con Javier Lozano.
Mariana Gómez del Campo compartió mesa con Javier Lozano. (Mónica González)

México

Habituados a los desplantes, los senadores panistas abrieron su reunión plenaria con Gustavo Madero ante 12 sillas vacías, incluida la de Ernesto Cordero.

Es el tercer año de la legislatura y Madero no ha logrado a simple vista sanar las heridas que dejó su intervención en el liderazgo de la bancada y tampoco pudo ayer fotografiarse con los 38 senadores que integran su bancada.

Aunque con gestos de camaradería de senadores como Jorge Luis Lavalle y Javier Lozano, de quienes Madero se despidió con abrazos y bromas respecto a que todos los panistas ya están "apuntados" para una candidatura, Roberto Gil y Francisco Domínguez fueron otros de los legisladores que llegaron tarde a su cita con el presidente nacional para igualar criterios entre compañeros de partido.

Eso sí, las inconformidades por haber dejado al PAN marginado de la Mesa Directiva, sobre todo en un año electoral y las críticas a la consulta popular sobre el salario mínimo se mantuvieron de bajo perfil y casi en el anonimato, respetando su acuerdo de no ventilar más las diferencias internas.

Pero Cordero fue menos discreto y además de haber llegado unos 30 minutos después de iniciada la encerrona de senadores con Madero, volvió a lanzar sus obuses contra la consulta respecto del alza al salario mínimo —que impulsa la propia dirigencia de su partido— ante los medios de comunicación.

La cita entre los senadores del PAN y su jefe nacional, a las 9 de la mañana fue atendida por unos cuantos. Poco antes de las 10 de la mañana llegó Madero, quien ocupó el espacio central en una mesa con forma de herradura, flanqueado por el coordinador de la bancada, Jorge Luis Preciado, Francisco Cabeza de Vaca, Fernando Torres Graciano, José Rosas Aispuro y Javier Lozano.

En un grupo panista donde ya es difícil distinguir los bandos, Madero salió del cónclave con los senadores para ofrecer una conferencia de prensa para lanzarse ahí contra el que se supone es enemigo común: el PRI y el gobierno federal. Sin más, detuvo sus pasos y dio reversa para abrazar efusivamente a uno de sus más críticos, Jorge Luis Lavalle, quien le dijo algo al oído que dio pauta para que el otrora aguerrido opositor, Javier Lozano, lanzara: "ya se apuntó", para que Madero le revirara también con un sonoro abrazo al poblano y un "todos", entre carcajadas.

Lozano llegaría después a la conferencia de prensa a ocupar un sitio entre los reporteros, a pesar de que Preciado le lanzaba invitaciones mediante gestos para ocupar una silla que quedó vacía a su lado entre los conferencistas. Lozano se excusaba y, también con gestos, aludía a la dificultad que representaba cruzar el salón ante las lentes de las cámaras de televisión.

En una plenaria en la que los asuntos que más se prolongaron en discutir los panistas fueron los administrativos y las posiciones que debería obtener el partido en la Mesa Directiva, a juicio de los más aguerridos, dos, toda vez que el PRD ocupará la presidencia, Madero interrumpió abruptamente la conferencia de prensa. "Me tengo que ir" —a pesar de que el jefe de prensa le indicaba que había preguntas pendientes—, para salir del salón y dirigirse directamente al baño.