CRÓNICA | POR VÍCTOR HUGO DURÁN

“Ojalá tanta pinche espera por votar valga la pena”

A tres minutos de iniciar la votación, personas esperan por la instalación de casillas lo cual se retrasa, debido a que apenas funcionarios se encontraban revisando el material, mamparas y urnas.

Largas filas para votar.
Largas filas para votar. (Yazmín Sánchez)

Tampico

Faltan 3 minutos para que empiece la votación en la casilla 1409, ubicada al interior de la escuela Ignacio Allende, en la colonia Vergel. Ansiosa, Dora acude con su padre, y frente a ella hay cerca de 50 personas más que esperan la instalación de las casillas. Lo hace temprano, pues debe atender el negocio de su hermano en Altamira.

Llegan las 8 de la mañana y varios funcionarios apenas arriban, lo cual causa admiración. Es ahí donde empieza la molestia de ella. Es la hora en que arranca o debería comenzar a recibir a los votantes, pero apenas se revisa el material, mamparas, urnas.

"No quiero que vayas a votar por los de siempre", el advierte su papá. Ella sonríe y contesta "ya sé por quién votaré". El comentario sirve un poco para calmar la espera, misma que se eleva y va poco a poco causando tensión, no solo en Dora sino en los demás.

La instalación va lenta, y es cuando se dan las primeras quejas. "Para eso les pagan bien", grita un señor, y otro más no se queda callado "no chinguen, tengo que ir a trabajar y por venir a votar me van a correr". No falta quien ríe, pero no calma la ansiedad.

"¿Sabes qué? Me voy a la casa, allá te espero", reclama el padre de Dora. Ahí es donde duda, si espera y cumple con su deber ciudadano de elegir a los nuevos gobernantes, o tener que irse y apoyar a su familia. Tras mucho pensarle decide esperar unos minutos.

"Ahí vamos", explica uno de los funcionarios a un grupo que ya llega a las 100 personas. No los tranquiliza, sino provoca más su enojo, algunos casos su furia. "Ya están tirando madres", le escribe Dora a su esposo (quien se encuentra trabajando).

Una de las vecinas del sector empieza a grabar video con su teléfono celular. "Ahorita lo subo para que vean cómo son de lentos", exclama. A otro se les ocurre otra idea, hablar al INE y quejarse de que no avanzan con la instalación. "Yo me largo", dice un joven, a quien otros más se le unen. Pese a esto, la fila no se acorta.

Pasa más de una hora y por fin logran poner las mamparas y urnas, pero la casilla no abre, no han revisado la lista nominal y menos se contaron las boletas. Como pueden lo hacen. "No avanzan, ya me desesperé", comenta´ Dora a su hermano. "ya vete, es tarde", le sugiere. "Voy a esperar, quiero votar", le responde.

Entonces recibe otra llamada, es de una vecina. "Están ofreciendo 300 pesos por tu voto y ya te apunté", menciona. "Gracias, pero no espero a que abran para venderlo, menos regalarlo", se lo aclara tajantemente.

Son las 9:20, casi hora y media después de lo programado y por fin avanza la fila, la casilla está lista. "Se pasan, tardaron mucho y tengo cosas que hacer", recrimina Dora a los miembros de la casilla. Así, se retira y manda un mensaje a su esposo: "ya me voy, ojalá tanta pinche espera por votar valga la pena".